Migración

De muros, fronteras y heridas abiertas

A través de cinco documentales sobre fronteras y migración, Alejandro Morales teje un breve recordatorio de identidad y humanidad.

Por Alejandro Morales

28 Abr 2017

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Pueden seguir construyendo una pared más y más alta, con el tiempo el agua hará su camino alrededor de las bardas y seguirá hasta el mar. Y el mar le dará la bienvenida en la inmensidad de su cuerpo sin prejuicio o ignorancia.

Marie-Eve Tremblay (El viaje silencioso)

El 13 de septiembre de 1847, las tropas estadounidenses al mando del general Winfield Scott tomaron por asalto el último bastión del ejército mexicano: el Castillo de Chapultepec. Y como siempre sucede, tras la derrota vino la humillación. Meses más tarde, los devotos habitantes de la pequeña villa de Guadalupe Hidalgo fueron testigos de cómo México perdió la mitad de su territorio de un plumazo. Se abrió la herida.

Más de 150 años después, la herida sigue abierta. No ha cicatrizado porque la pobreza no se combate con alambre de púas, el hambre no se sacia con cercas electrificadas y los muros alimentan la xenofobia, el racismo y la discriminación.

«Es por su olor… por su persistente olor», así es como reconoce William a los «sin papeles», y al hacerlo se reconoce a sí mismo, en Broken Land (Luc Peter, Stéphanie Barbey, 2014); como también lo hace, en Purgatorio (Rodrigo Reyes, 2013), un hombre que se dedica a recoger la basura que dejan las bestias, y quien en un acto de brutal sinceridad se confiesa: «Hay gente que caza venados, alces, pero si cazas a un individuo es mucho más emocionante».

Sin embargo, no todos cazan por deporte, hay otros que lo hacen por obligación. Por ejemplo, Izak, en Muros (Pablo Iraburu, Migueltxo Molina, 2015), acepta «sentir pena por ellos», por quienes tuvieron la desgracia de nacer en Zimbabue y no en Sudáfrica. «Aun así tengo que seguir haciendo mi trabajo», sentencia el guardia fronterizo. Menos pena demuestra Jaime, un guardia civil que vigila la frontera entre España y Marruecos porque «a nadie le gusta la inmigración».

Nuestra frontera es una de muchas donde el desdoblamiento moral y la contradicción prevalecen. Así, Félix, en Félix. Autoficciones de un traficante (Adriana Trujillo, 2011), se queja con amargura de los malos polleros que «perjudican la reputación de los verdaderos», los que jamás llamarían «pollos» a las personas que trafican. Y mientras México exige al gobierno de Estados Unidos tratar con dignidad a los migrantes mexicanos, de este lado del muro que amenazan con construir, los migrantes que vienen del sur son discriminados, explotados y asesinados; condenados, los que son deportados del norte, a purgatorios derruidos y descarapelados en los que deben permanecer hasta resolver su situación o hasta que «algún día todos podamos transitar por América sin necesidad de visa, sin necesidad de que haya un muro», como dice uno de los personajes de Hotel de paso (Paulina Sánchez, 2015).

Así, más de 150 años después la herida sigue abierta, no ha cicatrizado. Pero quizá sea mejor para tener siempre presente el recordatorio de que «construir muros no es lo que debemos hacer», sino «construir puentes»; para recordarnos también que, como dice Al, en Muros, «el enemigo somos nosotros mismos».

*Estos documentales no son parte de la programación de Ambulante 2017.

ALEJANDRO MORALES es maestro en Estudios Políticos y Sociales y candidato a doctor en Ciencia Política por la UNAM. Actualmente realiza una estancia de investigación en la Universidad de Barcelona. Desde el 2011 se desempeña como coordinador artístico y editorial y forma parte del comité de programación de DocsMX.

Este texto es parte de la primera edición de La revista ambulante, la cual puedes descargar de forma gratuita para más entrevistas, reseñas y datos sobre la Gira de Documentales 2017.

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