Política

¿Borrón y cuenta nueva?

Reseña de Los ofendidos

Por Ma. Cristina Alemán

22 feb 2017

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En su versión más inocua, la microhistoria, esa que involucra a nuestros padres y a nuestros abuelos, es un punto de acceso a la Historia con mayúscula; a la que nos enseñan en los salones de clase, a la Historia Oficial. Pero la microhistoria rara vez es inofensiva. Lo que nos cuentan en la sala de nuestra casa suele estar ausente de los libros de texto y, en muchas ocasiones, los contradice directamente. En el caso de la documentalista Marcela Zamora, hija de un político de izquierda que tomó parte activa en la Guerra Civil de El Salvador (aprox. entre 1980 y 1992), la disparidad entre la historia de su padre y la Historia de su país es tan evidente que duele.

Rubén Zamora, padre de la documentalista.

Rubén Zamora, padre de la documentalista.

Los ofendidos surge de una inquietud personal, por eso la documentalista no tiene reparo en salir a cuadro, en llorar y reaccionar a los testimonios que escucha. Aquí no hay una búsqueda de lo objetivo, ella es parte de la historia. A raíz de la muerte de su madre, la cineasta se atreve a preguntarle a su padre sobre un episodio terrible de su pasado: cuando fue detenido y torturado durante 33 días por la Policía Nacional. Después de enterarse que esto le había sucedido a su padre, pasaron dos años antes de que la documentalista se decidiera a hablar del tema. Es comprensible, ¿cómo iniciar esa conversación? – Papá, ¿se acuerda cuando lo torturaron?, ¡Cuénteme! – Así, más o menos. Pero da la impresión que la cámara ayuda, que una de las funciones de este documental es servir de excusa para abrir esa caja de Pandora.

Una víctima señala el lugar donde fue torturada.

Una víctima señala el lugar donde fue torturada.

El padre de la cineasta responde a la pregunta, pero primero le pide que hable con otras víctimas de la tortura, con hombres y mujeres a las que les fue peor que a él. Un doctor levantado por atender a heridos de la guerra, una catequista arrestada por alfabetizar a la comunidad y un defensor de los derechos humanos encarcelado precisamente por hacer su trabajo, recuerdan bien los horrores a los que fueron sometidos.

Sus palabras son brutales, pero es en las pausas que toman para recobrar fuerza en las que su dolor es más patente. Y ellos son los suertudos, los que no acabaron en la fosa común.

Sólo un torturador se atreve a salir a cámara, con la cara cubierta asegura que él sólo estaba siguiendo órdenes. Los testimonios de estas personas se mezclan con material de archivo de la guerra y con recorridos de los espacios en donde sucedieron las atrocidades. Esto sí pasó, afirma el documental, aunque no sea parte de la Historia Oficial.

Sólo un torturador se atreve a salir a cámara.

Sólo un torturador se atreve a salir a cámara.

En 1992 se firmó el tratado de paz en El Salvador y el presidente Alfredo Cristiani declaró que era momento de hacer “borrón y cuenta nueva”, de aceptar el “perdón y olvido absoluto”. Pero, ¿cómo puedes otorgar el perdón cuando nadie te lo ha pedido? Los ofendidos inicia con un tema familiar y se convierte en una denuncia a mayor escala, en un reclamo por el reconocimiento de una herida social que sigue abierta.

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