Política

El Cristo de Delhi

Reseña de Un hombre insignificante

Por Isabel Alexander

22 feb 2017

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Traducción de Aida Flores

La complejidad del documental de Ranka y Shukla Un hombre insignificante (2016) comienza con el título. Después de todo, Arvind Kejriwal, el protagonista sensible y de mirada penetrante, es todo menos insignificante: con su partido, el Aam Aadmi Party, una coalición para el hombre común, revolucionó la democracia india al darle voz a los que antes no la tenían. Pero es precisamente lo común de este político (su “insignificancia” como él le llama) lo que permite que su influencia tenga un alcance tan amplio sobre las masas. Este hombre es a la vez un civil y un héroe, un hombre que denuncia el poder y que al mismo tiempo lo recibe humildemente, paradoja que los cineastas Khushboo Ranka y Vinay Shukla exploran con gran habilidad en su primer documental.

“Un hombre insignificante”, Ambulante Gira de Documentales 2017

Este hombre es a la vez un civil y un héroe.

Por lo tanto, se entiende que la presentación a este político de fama en ciernes se haga desde el asiento trasero de un auto viejo y destartalado. Kejriwal, de espaldas a la cámara, habla por su celular abogando por un funcionario que fue brutalmente atacado, y concluye diciendo: “los políticos aquí son como la mafia”. En menos de un minuto Ranka y Shukla establecen las ideas fundamentales de su protagonista: su creencia en la corrupción del sistema, un gran compromiso por proteger a la gente común, y –quizá la más interesante de todas– cierto anonimato personal. De hecho, no vemos su cara hasta la escena siguiente, y también ahí, se funde con los otros hombres del cuarto. Sólo la aparición de unas pequeñas letras blancas que indican su nombre nos revelan la importancia del político en la película.

“Un hombre insignificante”, Ambulante Gira de Documentales 2017

Kejriwal tiene una presencia humilde en el mundo de la política.

De muchas maneras, la presencia tan humilde de Kejriwal en la pantalla refleja su presencia tan humilde en el mundo de la política. El extrabajador de la administración tributaria entra en el servicio público con una inclinación por las relaciones personales y el trabajo de campo, y cambia la sofisticada repartición de tareas por un enfoque del tipo “hazlo tú mismo”. Y, ¿qué enfoque estaría más ad hoc para un hombre que aboga por los derechos del hombre común? Las tomas de cámara en mano tan frecuentes le añaden a todo esto la idea de que no hay nada que ocultar: en una escena, los cineastas siguen a Kejriwal mientras se abre paso en el vagón de un tren repleto de gente para repartir volantes; en otra, la cámara captura una junta informal de campaña en la que Kejriwal se deja llevar por una ola de risas. En ambas escenas, los azarosos paneos junto con una cinematografía improvisada permiten una perspectiva más íntima del político.

La combinación de lo común con lo heroico es lo que convierte a Kejriwal en una especie de Cristo.

Pero con todo lo “común” que puede ser –su modesta apariencia, su mínima delegación de tareas y su constante interacción con la comunidad-, Kejriwal no deja de tener el respeto y casi la divinización por parte de las masas. Mientras se acercan las elecciones de la Asamblea Legislativa de Delhi, con tomas aéreas y ángulos abiertos se enfatiza la creciente popularidad de Kejriwal, así como el peso de sus creencias. En otros momentos, con algunas tomas que nos permiten ver desde arriba, nos sentimos parte de la multitud que escucha con esperanza las muchas promesas que hace el político en sus alentadores discursos.

La combinación de lo común con lo heroico es lo que convierte a Kejriwal en una especie de Cristo. Esto se hace completamente explícito cuando el político decide ayunar por quince días, utilizando el martirio público para manifestar su compromiso personal con la campaña. El hombre, con su frágil apariencia, dice que “se someterá a las varas y cadenas” de sus oponentes, declaración que lo hace acreedor del apoyo incondicional de muchos seguidores: “moriremos por ti”. Su incesante lucha por la justicia –junto con las numerosas muestras de amabilidad y su milagrosa victoria sobre el partido político más influyente de Dehli– reafirma su particular y transcendental presencia en este documental que bien podría pasar por un thriller.

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