Violencia

La mirada del silencio y la memoria de un crimen

Reseña de La mirada del silencio

Por Jorge Luis Tercero

27 feb 2017

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Una de las piezas más reveladoras y escalofriantes que nos trae la Gira de Documentales Ambulante en su décima edición, dentro de la sección de Reflector, es La mirada del silencio (The Look of Silence), de Joshua Oppenheimer, autor de la aclamada El acto de matar(The Act of Killing).

Oppenheimer nos ofrece penetrar hacia una oscuridad posible, un espejo terrorífico, una pesadilla del mundo real.

El realizador, apadrinado por el productor y también glorificado cineasta Werner Herzog, regresa a las andadas en compañía del mismo crew con el que se lanzara a filmar su controversial documental anterior, para retomar la saga de asesinatos y represiones gubernamentales dentro de la sociedad indonesia.

Estamos ante un nuevo portal para mirar de frente el infierno humano, después de que el primer film girara en torno a los perpetradores del genocidio que entre 1965 y 1966 aniquiló a gran parte de la población de Indonesia, esta nueva cinta da voz a las víctimas de la masacre y a sus familiares. Oppenheimer nos ofrece penetrar hacia una oscuridad posible, un espejo terrorífico, una pesadilla del mundo real; una sociedad donde el asesino de tu hija o hijo es alguien de tu poblado, un vecino o un conocido, hecho que tristemente podrá sonarnos muy familiar a los latinoamericanos.

La cámara sigue a un joven optometrista, Adi Rukum, hermano menor de una víctima del holocausto anticomunista que azotó el país y que, inevitablemente, también llegó hasta la tranquilidad de su villa. En un juego casi surrealista, el hombre seguido por la cámara realiza las entrevistas a los asesinos de su hermano mientras les practica un examen de la vista, una acción similar a la de mirar dentro de un vacío que le devuelve la mirada al espectador, al héroe-humano real que no se detiene en esta búsqueda de la memoria sin importar las consecuencias ni las amenazas. “Deberías dejar de preguntar tanto, deberías mejor olvidar el pasado, Adi, no sea que vuelva a repetirse todo esto”, le señalan los homicidas de su hermano —policías retirados, excomandos o políticos corruptos—al entrevistador durante la película.

La cinta da voz a las víctimas de la masacre y a sus familiares.

La cinta da voz a las víctimas de la masacre y a sus familiares.

Sin recurrir a ningún recurso extra-documentalístico (ya sean animaciones o escenas de archivo sobre las matanzas), el director logra ir directo al grano e invitar al espectador a una reflexión profunda y necesaria. Como dato extra, a tal grado pudo calar esta nueva cinta de Oppenheimer en Indonesia y en el poblado que vemos en pantalla, que el director fue declarado persona no grata y el optometrista tuvo que mudarse de región por temor a una posible agresión.

Es interesante encontrarnos con películas como ésta en tiempos donde las masacres siguen ocurriendo y se multiplican, en tiempos donde las sociedades se tornan insensibles y las fosas no terminan de aparecer; como lo sucedido recientemente en México con los 43 normalistas de Ayotzinapa. La mirada del silencio nos recuerda que la memoria de los caídos y los rostros de los asesinos jamás serán borrados de la historia, porque aunque la mente humana olvide fácilmente, la cámara cinematográfica, de una u otra forma, logrará llevar a la luz los testimonios enterrados. Las cámaras también se multiplican, ¿habrá de servir de algo esta saturación de ojos-cámara o simplemente nos convertiremos en testigos impotentes de nuestras propias masacres?

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