Género

Correr de prohibiciones

Reseña de Banderas de playa

Por Isabel Alexander

9 mar 2017

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Traducido por Nidia de la Vega

Con sus formas delicadas y fluidez en su banda sonora, Banderas de playa (2014), de la directora iraní Sarah Saidan, es poderosa en su tema y visualmente amena. La película retrata a una nadadora llamada Vida, cuyo potencial competitivo se ve minado por el estricto código de vestimenta impuesto a las mujeres en Irán. Para poder representar a su equipo en una competencia internacional, Vida únicamente puede competir en los eventos en tierra. Cuando Sareh, una novata sin experiencia, capta toda la atención, Vida, la corredora más veloz del equipo, se hunde en celos, pero al analizar de cerca la vida familiar de Sareh descubrimos semejanzas inesperadas entre las dos chicas. Básicamente ambas luchan por su libertad en un mar de monotonía y prohibiciones.

Para Vida, esta sensación de reclusión se manifiesta en pesadillas (en tonos monocromáticos y música inquietante) en las que se ve incapaz de perseguir, rescatar o encontrar. En la secuencia inicial, por ejemplo, Vida es sumergida en una piscina sin fondo por el maniquí al que practica rescatar; posteriormente, la atleta persigue en vano un autobús en el que van todas sus compañeras, escena que transiciona delicadamente a su derrota frustrante en una carrera en la playa; poco después, la vemos fallar al intentar rescatar a una Sareh vestida de blanco de un océano que se aleja cada vez más. Aunque los cambios en las tonalidades y las pistas sonoras suelen señalar el comienzo de una pesadilla, las transiciones son tan fluidas (ya sea en forma o en composición) que complican nuestro entendimiento de la realidad, dejándonos con la pregunta ¿qué es real y qué es imaginario?

Banderas de playa es poderosa en su tema y visualmente amena.

Banderas de playa es poderosa en su tema y visualmente amena.

Con certeza, la animación en su totalidad tiene un aura como de sueño. Secuencias largas y tomas aéreas despiertan una cierta experiencia extracorporal en los espectadores. A su vez, el diálogo fuera de cuadro (amortiguado e indistinto) le otorga cierto anonimato a los personajes. En realidad, a excepción de las ropas características de Vida y Sareh, las demás atletas tienen una apariencia bastante uniforme, en la primera secuencia son prácticamente idénticas. Vida, a punto de ahogarse luego de no conseguir superar a sus indistintas compañeras nadadoras, siente que su vida es tan desafortunada como su imaginaria experiencia cercana a la muerte.

No obstante, esa sensación de reclusión trasciende las pesadillas de Vida. En la vida real, el sitio donde entrenan las atletas (una sección amurallada de una playa) parece una cárcel. Aunque podríamos argumentar que esta estructura (y por extensión, los deportes sólo para mujeres) ofrecen un respiro de la mirada de los hombres, estas barreras sirven de recordatorio de las prohibiciones impuestas a las atletas, es decir, su exclusión de ciertas actividades debido al código de vestimenta iraní. En una escena sutilmente irónica, Vida imita la pose de una chica en un póster: una salvavidas de piel blanca, con poca ropa, que anuncia el próximo campeonato en Australia.

En esencia, ambas mujeres son iguales, sin embargo, las diferencias en sus vestimentas las separan en el ámbito deportivo.

A pesar de que Sareh, la novata del equipo, proyecta seguridad e impasibilidad, experimenta a la vez una sensación de prohibición muy similar. Su matrimonio arreglado con su jefe viejo y dominante la deja impotente y, literalmente, muda a lo largo de toda la película. En el momento que Vida observa las desafortunadas circunstancias de su compañera, su celos son reemplazados por empatía, cambio que explica la decisión final de Vida: dejar que Sareh tome su lugar en la competencia. Lo que en un inicio es una oportunidad para que ambas demuestren sus habilidades, la carrera en la playa, adopta funciones distintas en el desarrollo de la película: para Vida, es un escape de su realidad; para Sareh, es un refugio de su vida cotidiana.

Al final, ambas alcanzan una especie de libertad. Sareh al poder participar en lo que parecía ser una competencia logísticamente impráctica; Vida al desafiar al futuro esposo de Sareh, así como al entender que ayudar a una amiga, incluso a costa de su propia participación deportiva, es victoria suficiente.

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