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Música

El rock y el flamenco: ¿Una conversación imposible?

Reseña de Omega

Por Adaline Torres

24 mar 2017

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Me costó abandonarme al documental Omega, quizás porque me costó abandonarme a su tema principal: un experimento revolucionario y de mucho mérito (eso no lo niego), a través del cual un grupo de músicos españoles se aventuró a mezclar las palmas del flamenco con la electricidad del rock. Este experimento tuvo una acogida muy polarizada. Algunos amaron sus resultados musicales y otros rechazaron esta mezcla tan ambiciosa. Yo me arriesgo a opinar que las intuiciones experimentales del cantaor granadino, Enrique Morente, fueron las intuiciones de un genio, y que las intenciones de los músicos que se unieron al experimento también fueron buenas y muy trabajadas. Pero cuando de los resultados se trata, algunas canciones como “La aurora de Nueva York” y “Esta no es manera de decir adiós” salieron muy hermosas, mientras que otras como “Ciudad sin sueño” salieron muy ruidosas.

Mezclaron las palmas del flamenco con la electricidad del rock.

Mezclaron las palmas del flamenco con la electricidad del rock.

El principio y el final del documental—las partes que más se enfocan en demostrar cómo surgió la idea del proyecto musical y cómo se desarrolla la conexión entre el flamenco de Enrique Morente, las canciones de Leonard Cohen y los poemas de Federico García Lorca—fueron mis partes favoritas, pues son las que mejor conservan el enfoque y el momentum del filme. En estas partes pude percibir y admirar el talento incuestionable de Morente, como cuando intuyó y escudriñó el flamenco lorquiano latente en las canciones de Cohen. En cambio, algunas partes intermedias del documental, como cuando se explica la reunión de los músicos, sus relaciones interpersonales y otros detalles que no explican ni abundan mucho en el triángulo Morente-Lorca-Cohen, a veces me parecían desenfocadas o redundantes.

La historia de este documental se desdobla intentando balancear los temas del experimentalismo genial de Morente con la realización general del álbum Omega.

Y no es que se deban separar estos temas, pues se alimentan mutuamente, pero sí pudieron estar mejor armonizados a lo largo del documental. En vez de rescatar el tema cautivador del triángulo Morente-Lorca-Cohen al final del documental, después de que sale el disco y visitan Nueva York, por ejemplo, el documental hubiese quedado más coherente si dicho triángulo hubiese estado más presente, como tema fijo a través de todo el documental.

Se puede percibir y admirar el talento incuestionable de Morente.

Se puede percibir y admirar el talento incuestionable de Morente.

Al final me quedé con las ganas de escuchar más a Morente, pues siempre que hablaba tenía comentarios sensibles y profundos que aportar: “Federico es, yo creo que el poeta de la premonición. Dibujó a Estados Unidos y dibujó lo que pasaba allí, las injusticias de la vida y del capitalismo. Esas formas de vida tan traicioneras que hay en las grandes ciudades urbanas hoy, ¿no? Que existían allí, pero verlo es una cosa y escribirlo es otra y hacerlo arte otra también”. No nos queda duda de que Morente era un genio de la música, es quizás ésta la principal convicción del documental y de los entrevistados. Morente tuvo, vivió y completó un sueño complejísimo: tratar de que las guitarras flamencas conversaran con las guitarras rockeras. Una conversación que todavía me cuesta concebir porque ambos tipos de guitarras son muy prepotentes e independientes y no veo posibilidad de acuerdos o concesiones entre las dos. Quizás no hacen falta acuerdos o concesiones para que conversen, y sea esta la magia que Morente y Cohen entendieron tan bien y que Gervasio Iglesias y José Sánchez-Montes nos intentan comunicar con su documental.

Morente tuvo, vivió y completó un sueño complejísimo.

Morente tuvo, vivió y completó un sueño complejísimo.

Una de las voces superpuestas casi al final del documental describe al mundo del flamenco como “una habitación que tiene puertas que sólo se abren desde dentro”. En el documental Omega, Morente queda como el dueño de las llaves de esas puertas y el único que se atreve a invitar a pasar a influencias exteriores. Gervasio Iglesias y José Sánchez-Montes entienden y demuestran muy bien que esta habitación es muy íntima y que en ella no entra cualquiera, sólo los que se atreven a tener conversaciones imposibles.

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