Conflictos sociales

La selva negra: por un documental más transparente

Reseña de La selva negra

Por Adaline Torres

22 mar 2017

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El documental más reciente de Charles Fairbanks y Saul Kak, La selva negra, a veces se siente como un mockumentary, o como una campaña Kickstarter o Go Fund Me para financiar los tratamientos médicos de la hernia del protagonista, Juan Juárez Rodríguez, o como un estudio muy cercano del comportamiento laborioso y taciturno de la segunda protagonista, Carmen Echevarría Gómez. Si algo se mantiene constante a través del documental es un cuestionamiento personal y profundo sobre la relación entre el documentalista y “sus” sujetos: ¿cómo y cuándo se convierte dicha relación en una de explotación? y, ¿a quién, realmente, le pertenece la historia que observamos a través del documental? Charles Fairbanks y Saul Kak no ofrecen respuestas firmes a estas preguntas, pero siembran sus opiniones implícitas a lo largo del documental.

¿A quién le pertenece la historia que observamos a través del documental?

¿A quién le pertenece la historia que observamos a través del documental?

A través de La selva negra seguimos las historias de Juan, trabajador del campo y curandero, y Carmen Echevarría Gómez, agricultora y ama de casa solitaria. Por un lado vemos a Juan, que le pide dinero a los directores del documental para financiar sus tratamientos médicos. Ellos parecen tener un acuerdo, pero nunca nos queda claro si el acuerdo incluye una paga justa o si este acuerdo se cumple debidamente. Por otro lado vemos a una Carmen consagrada a su diario vivir: ella recoge y carga la leña, el maíz y las flores; saca a los caracoles de su caparazón y a las habas de sus vainas; y le dedica ofrendas y plegarias a su Señor. A diferencia de Juan, Carmen casi nunca habla directamente con los directores, sólo les habla al final del documental, cuando los directores le preguntan, “¿Y del Charles qué dice [la gente de la colonia]?”, a lo que ella responde, “Dicen pues que ¿qué chingados viene a buscar aquí en nuestro pueblo? ¿Qué viene a grabar aquí? Él es de otro lado, de otra ciudad. ¿Qué es lo que viene a hacer por acá? Sí, dicen. Ellos lo venden lo hacen dinero, vienen a robar aquí de la colonia dicen”. A Carmen no le gusta ni que la molesten por participar en la grabación ni que la gente hable así a sus espaldas, entonces inferimos que no se siente del todo explotada por los documentalistas.

La selva negra te obliga a repensar los cientos de documentales que has visto que retratan ciertos hábitos, comportamientos o luchas de algún sujeto o de alguna comunidad, y como espectador nunca conoces la relación entre el documentalista y los sujetos.

Ya no te enteras si los sujetos se beneficiaron con la producción del documental o si se sintieron explotados por los documentalistas. Es esta la genialidad de La selva negra, su transparencia deliberadamente provocadora e inquietante, que nos revela las realidades turbias o problemáticas que muchos cortes finales no confiesan.

Juan pide dinero a los directores para sus tratamientos médicos.

Juan pide dinero a los directores para sus tratamientos médicos.

Por dicha apertura y generosidad con su audiencia, a los directores les tocaba ser aún más responsables de lo que nos demostraron ser, pues nos quedamos sin saber, por ejemplo, cómo recompensan a Carmen: si tienen un trato con ella, si lo cumplen debidamente y si es tan “justo” como que el que tienen con Juan. El documental, a fin de cuentas, nos enseña a exigir más transparencia de los documentalistas—y esta enseñanza funciona tanto a favor como en contra de Charles Fairbanks y Saul Kak. La selva negra también observa otras formas de explotación—no menos importantes pero sí menos desarrolladas—como la venta desinformada de los productos OmniLife y el robo de tierras a los miembros de la comunidad Zoque. Ciertamente la idea de explotación que se nos queda de principio a fin es la que observan Juan y Carmen sentados en el cine: su representación mediada por Fairbanks y Kak, la que resulta en Carmen expresando, “Está bonita la película, compadre. Se mira todo clarito”.

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