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Medio ambiente

Restaurando la vida en un pueblo extinto

Reseña de Resurrección

Por Isabel Alexander

21 mar 2017

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Traducido por Aida Flores

La contaminación y la industrialización han tenido un crecimiento constante en todo el mundo, lo cual ha generado una verdad incómoda: las personas menos responsables por el daño al medio ambiente son las más propensas a sufrir las consecuencias. Es precisamente este fenómeno el que el director mexicano Eugenio Polgovsky evidencia en su película Resurrección, un largometraje documental que retrata la realidad en la que viven los habitantes más pobres de El Salto. Para contrarrestar el peligro que corre su salud causado por la rápida contaminación del río que alguna vez fue el más famoso de la ciudad, los habitantes que se sirven de la memoria colectiva para revivir, aunque sea en la imaginación, el paraíso que alguna vez conocieron.

Las consecuencias del daño al medio ambiente.

Las consecuencias del daño al medio ambiente.

Desde la primera escena se establece el tema central de la película: la tensión cada vez más patente entre el reino natural y el artificial. Con un paneo en cámara lenta, Polgovsky presenta desde la raíz hasta la punta, un árbol dividido por una pared cubierta de grafiti: claro símbolo del intento de la naturaleza por prevalecer ante las imposiciones humanas. En efecto, escenas posteriores sugieren que estos dos son inseparables. Los árboles muertos se mezclan con la fachada de una fábrica; las grietas de un puente en ruinas sirven de gruta para el agua sucia del río, un pescador saca de una pipa oxidada peces que siguen vivos. Para evidenciar esta terrible fusión en El Salto, Polgovsky alterna tomas de un tren en movimiento con las de la corriente de un río, y ambas tomas llevan (al menos cinematográficamente) a un conjunto de chozas roídas que los habitantes llaman “las casas de Auschwitz”.

Queda claro que la industrialización se ha infiltrado en la pureza de El Salto con repercusiones mortales.

El “cementerio virtual” de uno de los personajes (un catálogo informal en el que se registran los habitantes muertos) exhibe una lista de víctimas de cáncer en El Salto, pero también hay otros peligros menos evidentes. Una madre enlista los químicos que despide una fábrica cercana (cianuro, arsénico, mercurio, gasolina, hidrocarburos) con un bebé en brazos; otra mujer señala calles enteras de personas que sufren insuficiencias renales, y una niña con piel que parece de alquitrán, nos cuenta de sus ocho biopsias. Pero para la gente de El Salto, la contaminación no sólo les ha robado la salud, también les ha quitado “su energía, sus sueños, su tiempo, su creatividad y curiosidad… todo lo que nos hace seres humanos”, dice uno de los habitantes.

La contaminación no sólo les ha robado la salud.

La contaminación no sólo les ha robado la salud.

Irónicamente, mientras retrata esta deshumanización colectiva, Polgovsky también captura la gran humanidad de estas personas. En un pasillo desordenado, una niña le sirve agua a su pajarito cuidadosamente, a pesar de que la manguera rota y la escasez de agua podrían desmotivar estos actos de amor. La misma niña pide tímidamente una copia de la película La cenicienta y el saltamontes rojo en una tienda de DVD a la que no se puede llegar más que pasando por uno de los barrios más deteriorados de El Salto. La escena final nos muestra a una familia que disfruta un helado en la entrada de su casa y a una mujer que bromea diciendo que es Miss Universo. A fin de cuentas, a pesar de las duras consecuencias y la disminuida moral, los habitantes de El Salto son humanos, con los mismos deseos y pasatiempos que cualquier otra persona.

Sobre todo, estas personas representan a una comunidad particularmente arraigada a su tierra. Una mujer nos habla de cómo antes lavaba la ropa en un lugar que ahora es una carretera; otro hombre nos cuenta del “ganado” que pastaba en la orilla ya seca de un río. Así los habitantes atestiguan los cambios tan rápidos que ha sufrido el paisaje de El Salto, pero también revelan la dedicación que se necesita para vivir en el mismo lugar. “Podríamos irnos por practicidad, pero la gente de este pueblo no fue la que mató al río”.

"...la gente de este pueblo no fue la que mató al río”.

“…la gente de este pueblo no fue la que mató al río”.

Por eso la decisión de Polgovsky de incluir clips de video de otras fuentes resulta impactante. Desde las películas granuladas antiguas de las aguas paradisiacas de El Salto, hasta los recientes anuncios gubernamentales prometiendo un “rescate ambiental”, todo está dirigido a los turistas blancos. Mientras que los habitantes de El Salto nunca mencionan por nombre a los culpables de la industrialización de su pueblo, podemos inferir que los que se aprovecharon de los beneficios de El Salto (ya sea en el pasado o en animaciones futuristas poco realistas) no se parecen en nada a los habitantes actuales de este lugar.

Resurrección es el retrato hermoso de una comunidad que intenta sacar lo mejor de una realidad desfavorable. Tal vez las riberas repletas de plantas y el agua limpia del río se hayan perdido para siempre, pero otras cosas, como la esperanza, pueden recobrarse a través de la memoria colectiva.

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