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Música

Apuntes de dirección de Chavela

Extraídas del press kit de la película

Por Catherine Gund y Daresha Kyi

12 may 2017

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Traducido por Aída Flores

Chavela Vargas fue una pionera temeraria, una bandida sexual que defendió su verdad en un tiempo en el que ser “diferente” no era sólo socialmente inaceptable, sino también peligroso. Se salió con la suya porque tomó la música ranchera mexicana, la desmenuzó y le dio seriedad. Por eso el público y sus amigos la amaban. Al igual que Edith Piaf y Billie Holliday, cantaba sus canciones con una pasión desgarradora y un gran sufrimiento, como se hace en el blues. Nadie —en especial ninguna otra mujer— ha hecho del género algo tan suyo como ella lo hizo.

¿En verdad Chavela se metía a los cuartos de las mujeres en las noches para robarlas de sus maridos? ¿O las montaba en caballos blancos para escapar con ellas? ¿En verdad llevaba una pistola y la disparaba a veces sólo por diversión? ¿O tenía fiestas épicas que empezaban el viernes y terminaban hasta el miércoles siguiente? Después de cantar en la boda de Elizabeth Taylor y Mike Todd en Acapulco, ¿sí se habrá ido de la fiesta con Ava Gardner? Conocidos como “la leyenda negra”, estos son algunos de los increíbles rumores que a la gente le encanta decir acerca de Chavela. Ella misma ayudó a difundir muchos de ellos. Algunos son verdad. Conocida por sus escandalosas y entretenidas historias, Chavela escogía las que más le gustaban, les daba vida y las hacía manifiestas. Al pasar de ser una costarricense fugitiva de 14 años a ícono mexicano ganador del Grammy, esta tejedora de sueños tomó pedazos de quien era y de quien quería ser y los volcó en la realidad.

¿Entonces era una farsante? Digamos que, acostumbrada a jugar con fechas, horas, lugares y sucesos, a Chavela no le interesaban los hechos. Por ejemplo, en una entrevista dijo que había vivido con Frida y Diego por un mes, mientras que en otras decía que había sido por un año, cinco días o un lustro. ¿Qué diferencia harían esos detalles? Para ella, el punto de las historias es que te hicieran pensar y, sobre todo, que te hicieran sentir. Lo que más importaba era el amor que compartió con Frida y cómo eso le cambió la vida para siempre. O eso decía ella. Otros dicen que en el momento en que Frida le dijo que también la amaba, Chavela se fue y nunca la volvió a ver.

A pesar de que no se declaró lesbiana oficialmente sino hasta los 81 años, Chavela construyó cuidadosamente a su personaje como una renegada poderosa y rebelde; como un alma libre, una sensual bandida que seguía su propio juicio. “Toda la vida he sido una mujer con un carácter fuerte, hasta cuando era niña. Yo me creé a partir de mí misma. Nadie me enseñó a ser como soy. Aprendí de mí misma, de mis lágrimas, mi sufrimiento, mi felicidad, mi verdad y mis mentiras”.

Como toda buena leyenda, Chavela dejó una larga hilera de corazones rotos (aunque tremendamente leales) en su camino, pero ahora no está aquí para decirnos por qué parece que nunca encontró la felicidad en el amor. Lo que sí sabemos es que después de muchas noches en Bohemia, se perdió en su amor por el tequila y terminó en las calles, sobreviviendo gracias a la caridad de los extraños. Sabemos que dejó de cantar tanto tiempo que la gente creyó que estaba muerta. Sabemos que sufrió profundamente. Lo sabemos por su voz.

Crear una obra de arte que capture y honre a un ser tan inasible e ingenioso requiere un nuevo acercamiento a la manera de contar historias, uno que busque menos el orden cronológico o los hechos, y más el impacto emocional y espiritual de sus experiencias, el efecto que tuvo sobre otros, la diferencia que marcó en sus vidas y la influencia definitiva que tuvo en la música. Siguiendo el mismo camino que Chavela, creamos una película provocativa que sondea las profundidades y las alturas de su viaje, que explora las muchas maneras en las que ella, como otros artistas, “se creó a partir de sí misma” una y otra vez. Por medio de música, poesía, verité, imágenes de archivo y contemporáneas, y palabras de la misma Chavela, contamos la historia de su lucha feroz por mantenerse auténtica. Ese viaje espiritual de alegría, dolor y música para llegar a aceptarse a sí misma es la esencia de Chavela.

Comentario de la directora Catherine Gund

Por unos cuantos meses mágicos, me encontré viviendo en el sur de la Ciudad de México, encantada con su tibio invierno de 1992. Mis amigas me ponían las canciones de Chavela en el estéreo y me contaban historias del irresistible encanto, de la profunda voz y de la audacia de esta mujeriega. Ella movió las fibras de todo el que la conoció. Tenía que conocerla.

Antes de que los celulares hicieran posible para cualquiera traer una cámara en el bolsillo, yo llevaba conmigo, en mi mochila, una cámara de video. Les rogué a mis amigas que me ayudaran a tener un encuentro cara a cara con Chavela. Quería preguntarle algunas cosas con mi intento de español, sacarle una de sus carcajadas imponentes, sentir su magnetismo, escuchar su tono de voz rasposo y rendirme ante el poder de sus palabras.

Le pregunté si podía grabar nuestra conversación. Accedió y no nos decepcionó. No por nada le llaman “la voz áspera de la ternura”.

Me obsesioné con su habilidad para atraer gente; me fasciné con su ligereza, su masculinidad y con sus canciones. Pero llegué a casa y guardé esas grabaciones.

Una década después, cuando se presentó en el Carnegie Hall, disfruté de su música sonriendo con los ojos cerrados, soñando como los demás fanáticos. Y después, junto con otros amigos que la adoraban, lloramos cuando murió en el 2012 a los 93 años. Finalmente, la primavera pasada decidí desenterrar mis grabaciones para ver qué se había grabado aquella vez, y ahí estaba: Chavela en toda su gloria, relajada, segura y poética en su cruda honestidad. Vaya que era una grabación que valía oro.

Para mí, la vida de Chavela no es un cuento con moralejas y enseñanzas, sino una dimensión subterránea de nuestra propia vida. No es un modelo a seguir, sino una musa, un marco de nuestros deseos contemporáneos.

Daresha y yo siempre quisimos hacer una película juntas. Le enseñé una parte de lo que había grabado. Quedó hipnotizada. Sin siquiera saber quién era Chavela y todo lo que había hecho, Daresha se enamoró también de ella y decidió ayudarme a producir y dirigir la película. Fue una transición fluida, fácil, muy natural. Queríamos compartir nuestra pasión y nuestro descubrimiento con más gente. La película se formó de nuestra revelación conjunta, de nuestra investigación y desesperación por asir la magia de Chavela, esa magia íntima e inigualable. La importancia de este trabajo se encuentra en su habilidad de lanzar un fuerte acorde a cualquiera que lo ve, en hacer que los espectadores recuerden sus pasiones más profundas y sus anhelos, que sientan que el amor es un lugar productivo en el cual vivir, aunque sea un lugar abstracto.

Comentario de la directora Daresha Kyi

En 1993, mientras trabajaba como asistente de producción en la serie de ITVS, Positive: Life with HIV, conocí a esta simpática, inteligente y sexy mujer conocida como Catherine Gund. Inmediatamente reconocí que teníamos intereses muy parecidos, la sentí como mi familia desde el principio. Con una fuerte opinión política, apasionada, y enamorada de la vida y de los seres humanos con todas sus maravillas y sus defectos, ella sabía del poder de los medios de comunicación para cambiar los sentimientos y las mentes, y estaba muy activamente ejerciendo este poder como un catalizador para lograr cambios. Admiré mucho su espíritu activista y su creencia en que hay otras posibilidades.

Pasados 20 años, después de muchos cambios —nacimientos, muertes, bodas, divorcios y más proyectos de los que podríamos contar— Cat y yo nos hemos distanciado, pero nunca nos hemos desconectado del todo. Siempre hemos estado dando vueltas para reencontrarnos justo como la última vez que nos reímos juntas. He visto cómo fundó su productora Aubin Pictures para construir todo un cuerpo de películas muy interesantes, provocadoras y reveladoras, mientras formaba una hermosa familia. Es como un derviche que va por todas partes en perfecta armonía. Es difícil no asombrarse y conmoverse al ver la danza que Cat hace de su vida.

Así es que imaginen la emoción que sentí cuando me invitó a unirme a su danza. Lo hizo con estas simples palabras: “deberíamos hacer una película juntas”. Ni siquiera sabía que quería hacerlo hasta que ella lo dijo, pero una vez que lo hizo, esas palabras se convirtieron en un mantra. “¡Definitivamente deberíamos hacer una película juntas!”. Y entonces comenzamos a buscar algo que nos quemara tano las entrañas que quisiéramos extender el fuego durante todo el tiempo que nos tomara hacer la película.

Cuando me habló por primera vez acerca de su grabación, sólo mencionó que la había guardado por más de 20 años y trató de explicarme quién era Chavela cantando como ella. Yo no estaba muy convencida. Nos reímos y decidimos sentarnos a ver lo que había grabado.

Ese momento cambió el curso de nuestra historia como compañeras. Tan pronto vi a Chavela, sentí una gran intriga. Ni siquiera estaba cantando, sólo estaba sentada platicando con algunos amigos, pero yo sentí esa reacción visceral que te hace saber que ahí hay algo. Lo supe aun sin conocer nada acerca del poder de Chavela.

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