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Apuntes de dirección de Máquinas

Extraídas del press kit de la película

Por Rahul Jain

12 may 2017

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Traducido por Aída Flores

Desde la década de los sesenta, el área de Sachin al oeste de India ha pasado por una industrialización no regulada y sin precedentes, que se evidencia a través de sus abundantes fábricas textiles. Máquinas retrata una de estas fábricas, y sus imágenes provocan reflexiones acerca de las condiciones de trabajo preindustriales y de la enorme brecha que separa al primer mundo de los países en desarrollo.

La industria textil y de confección india tienen un valor de 40 mil millones de dólares. La mayoría de las fábricas operan en sectores informales, están muy mal reguladas y emplean alrededor de 45 millones de trabajadores. 12.6 millones de niños trabajan en la India. Más del 95% de las fábricas no pertenece a ningún sindicato. Las horas extras de trabajo llegan a 70 u 80 por semana y son muy mal pagadas o simplemente no se pagan. Con un promedio de 2 a 5 dólares de sueldo por día, los trabajadores tienen entre 90 y 150 dólares al mes para llevar a sus casas.

Las estimaciones con respecto al número de personas sometidas al trabajo forzado varían. Según la Organización Internacional del Trabajo, hay 21 millones de personas víctimas de trabajo forzado en el mundo, mientras que el Índice Global de Esclavitud dice que hay 36 millones de esclavos en el mundo, de los cuales la mitad está en la India.

Si los trabajadores se unieran, no estarían pasando por esto. Pero cuando se unen, lo normal es que el líder sea asesinado…

Comentario del director Rahul Jain

Cuando tenía cinco años, solía vagar por la fábrica de textiles de mi abuelo en Surat, en el estado de Gujarat. Era fácil perderse en ese laberinto de pasillos. Como niño de menos de un metro, me sentía abrumado por la altura de las máquinas. Fue esa sensación de ser diminuto frente a máquinas procesadoras gigantes la que me llevó de vuelta a esas fábricas 20 años después, ahora con una cámara.

Recuerdo por fragmentos lo que sentía al perderme en los largos pasillos de las máquinas de impresión. Disfrutaba el olor del carbón en las calderas, tal vez porque tenía prohibido estar ahí. Cuando niño, la altura motivaba mi perspectiva, pero como adulto la profundidad se apodera de la percepción. Ver el mundo directamente, al mismo nivel, me ha ayudado a clasificar mis tendencias. Nos olvidamos de esto en nuestra existencia diaria porque esas cosas están ocultas de nuestro campo de visión inmediato. Yo quiero mostrar a través de la cámara esta perspectiva simple y directa que a veces elegimos no ver. Es fácil mirar hacia otro lado cuando algo nos hace sentir incómodos, así que decidí usar al cine como un instrumento curatorial para confrontar estas cosas con paciencia.

En esta travesía por las fábricas, he adquirido un sentido de mi clase, de mi identidad entre los 1.3 mil millones de indios con los que comparto nacionalidad. Varios trabajadores no me contaron sus historias, probablemente porque me asociaron con los dueños, pero la mayoría pudo dejar a un lado nuestras diferencias sociales inmediatas y me revelaron las circunstancias que los trajeron a las fábricas. Algunos jóvenes que entraron a la fábrica cuando yo era un niño ahora son adultos. Otros me recuerdan por mi primer nombre. Yo he viajado por el mundo mientras estos trabajadores han dedicado su existencia completa a trabajar alienados y excluidos en estas fábricas.

Por trabajar en el torno ganas 210 rupias (3 dólares) por jornada. De eso tengo que comer, ahorrar y mantener a mi familia…

La comida, la vivienda y el vestido son las necesidades materiales de la existencia. Una fábrica funciona por estos intereses que se construyen de una variedad de elementos humanos. Hay un solo jefe para miles de trabajadores.

La falta de trabajadores sindicalizados en una población tan densa y en una economía con una aceleración tan rápida hace que muchas cosas se queden ocultas y que se ignore a una multitud de seres humanos por los intereses de unos pocos. Y no es sólo una fábrica, es la estructura de una civilización. Los sistemas que permiten que esto ocurra son los que necesitan el reconocimiento colectivo.
 

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