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Latinoamérica

Presunto culpable y el sistema de justicia penal acusatorio en México: una conversación

A nueve años de su liberación, Toño Zúñiga, protagonista de Presunto culpable, platica con el abogado Alan Aizpuru acerca de su proceso, a la luz del nuevo sistema de justicia penal en México.

Por Alan Aizpuru

9 may 2017

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Introducción: Berenice Andrade Medina

En marzo de 2011, fecha del estreno comercial de Presunto culpable, México quedó pasmado ante la evidencia que convertía una pesadilla social en realidad: las cárceles están llenas, abarrotadas, de gente inocente. A través de la historia de Toño Zúñiga, un tianguista de Iztapalapa acusado sin pruebas del asesinato de un hombre y condenado por ese crimen que no cometió, el documental del abogado Roberto Hernández y el realizador Geoffrey Smith expuso con precisión demoledora todas las fallas del sistema penal mexicano: el abuso de autoridad por parte de la policía, la indiferencia del Ministerio Público, la falta de compromiso de los jueces, el cinismo y la ignorancia de los servidores públicos.

La audiencia reaccionó y, como casi nunca sucede con los documentales, la película se mantuvo durante semanas en cartelera y se convirtió en promotora de cambios sociales e institucionales.

Poco más de un mes después de la salida de Toño Zúñiga de la cárcel —tras dos años y medio de encierro injustificado—, en junio de 2008 entró en vigor la Reforma Constitucional de Seguridad y Justicia que implicó cambios profundos en materia penal: dejar atrás un modelo inquisitivo por uno acusatorio, con base en los derechos humanos.

«El nuevo sistema de justicia penal tiene un mecanismo innovador, llamado justicia alternativa, mismo que ayuda a los ciudadanos a obtener una reparación del daño pronta. Además, ahora hay juicios públicos y transparentes, así como la presunción de inocencia que permite tratar a todos los presuntos responsables de un delito como inocentes hasta que un juez no dicte una sentencia definitiva», explica el sitio www.justiciaparati.mx.

A la luz de estos cambios que tenían como límite el año 2016 para ser implementados, y ante la urgencia por entenderlos, el abogado Alan Aizpuru conversó con Toño Zúñiga acerca del sistema de justicia penal acusatorio en contraste con su propio proceso penal.

Alan Aizpuru (AA):

En Presunto culpable le diste vida al miedo de los mexicanos: ser encerrado en la cárcel injustamente. Tú le pusiste rostro y le pusiste nombre. A partir de tu caso se mostraron los enormes errores de la justicia procesal penal mexicana. ¿Cómo cambió tu vida?

Toño Zúñiga (TZ):

Comencé a madurar bien rápido. Corría en las mañanas y veía las paredes altas y las rejas, me sentía en una fantasía, seguía pensando que todo era mentira y que iba a despertar. Y de pronto aparecieron Roberto Hernández y Layda Negrete con la oportunidad de hacer algo que podría ayudar a más gente. La vida, el destino te quita todo y de pronto aparece alguien y te dice «tienes la oportunidad de hacer algo con esta nada».

Cuando salí, después de toda la pelea, comenzó la lucha por adaptarme otra vez a la gente, por adaptarme a la calle, por adaptarme al trabajo. Yo reparaba computadoras y de pronto salí y ya no sabía nada. Avanzó la tecnología tan rápido que yo no tenía idea de qué era lo que tenía que hacer en ese momento.

AA:

Presunto culpable presenta cómo te fuiste haciendo un experto en el sistema penal. Quisiera que habláramos de algunos de los nuevos cambios del sistema y que los platicáramos a la luz de tu proceso. En el nuevo sistema de justicia penal acusatorio el principio de la publicidad establece que todas las actuaciones procesales que puedan ser públicas para terceros deben serlo. Solamente cuando hay una razón fundada para que una actuación procesal no sea pública, no lo será.

TZ:

Me parece bastante bueno que los juicios sean públicos. Todos los mexicanos tenemos derecho a saber qué sucede en un juicio. Es fundamental, para poder hacer justicia verdadera, que todas las personas que estén interesadas puedan ver el desempeño de los servidores públicos. Eso les permitirá analizar y decidir si está bien hecho o mal hecho y hasta proponer cómo mejorarlo.

AA:

Hay una cosa que me llamó mucho la atención en el documental y es la forma en cómo se desarrollaban los careos: realmente no le estabas hablando a la persona, estabas dictando…

TZ:

Sí, tenías que estar dictando.

AA:

Entonces, eso rompe, obviamente, la fluidez que puede ayudar mucho a convencer a alguien de que eres culpable o inocente. Ahora se apuesta por la importancia de la oralidad, para evitar dictarle a una computadora.

TZ:

Hace poco me invitaron a ver un juicio oral. Tuve la oportunidad de presenciar que puedes decir todo lo que quieras de manera espontánea. Cada quien tiene un modo de hablar, ciertas palabras se dicen con ciertas intenciones que en papel no se podrían leer.

AA:

El principio de concentración, establece que todo lo que vaya a suceder en un juicio y que pueda suceder en un mismo momento se deben juntar en el mismo lugar: peritos, testigos, juez, etc. Y también se deben juntar las distintas diligencias: el desarrollo de pruebas y el juicio deben suceder al mismo tiempo. Esto es importante porque antes se hacía una cosa y tres meses después la otra, pero luego el perito o alguna de las partes no llegaba, entonces se posponía otros tres meses…

TZ:

Me parece que es una muy buena herramienta. Recordemos que cada juicio duraba mínimo seis meses.

AA:

Yo creo que el más rápido, un año y varios meses.

TZ:

Exacto. Y otros podían durar cinco, ocho años. Sabemos que hay casos que desde hace siete años siguen sin sentencia. Pero no sólo era eso, era levantarme a las siete de la mañana porque tenía audiencia a las diez, bañarme con agua fría, llegar y esperar hasta las tres, cuatro, cinco de la tarde, y de pronto me decían «no llegaron, lo sentimos, discúlpanos, te firmo tu boleto y ya, vete». Era bastante absurdo pudiendo hacer todo lo necesario en un solo día, pero en cambio tenía que esperarme ahí meses.

AA:

Ahora hablemos del principio de continuidad: el desahogo de las pruebas y todos los actos que se desarrollen ante el juez deben de ser sucesivos y secuenciales.

TZ:

Creo que es un verdadero acierto porque le da rapidez y certeza a lo que están haciendo tanto el imputado como el juez.

AA:

Si te rompen la secuencia y te ponen mil cosas en medio, luego tienes que acordarte de dónde ibas…

TZ:

También la gente que está mintiendo tiene como una semana para pensar qué va a decir.

AA:

Este es uno de los más importantes sobre todo para ti que lo viviste: el principio de inmediación, que básicamente implica que el juez tiene que estar presente. ¿En tu primer proceso estuvo presente el juez?

TZ:

No, no estuvo.

AA:

Ahora con el nuevo sistema de justicia acusatorio no puede haber ninguna diligencia si no está el juez. ¿Qué diferencia hace que esté o no esté?

TZ:

Finalmente, es la autoridad que va a decidir si te quedas o te vas, ¿no? Entonces creo que el juez es la persona más importante, la que quieres que te escuche y te vea. Quieres que presencie qué dices y cómo lo dices”.

AA:

También es muy importante en el nuevo sistema el principio de la contradicción. Implica dos cosas: que las partes puedan debatir, y poner fin a lo que se conocía como el alegato a oreja, que es básicamente decirle al juez algo “en cortito” y convencerle sin que esté ahí la otra parte. ¿Cómo hubiera sido tu proceso si hubieras tenido esa oportunidad?

TZ:

Creo que muchas de las cosas que has nombrado agilizan el proceso. En mi caso fue bastante tedioso y muy absurdo, porque cómo puede ser que tú no puedas debatir con alguien en el momento más importante, cuando te están acusando de algo. Me parece el eslabón perdido que necesitábamos. Necesitas poder refutar la acusación con los alegatos que tengas.

AA:

Hablemos de un factor trascendental: la valoración de las pruebas, que está muy vinculado con la importancia de la aplicación de la ciencia para el ofrecimiento de las pruebas. Ahora el juez debe aplicar la lógica y la razón, más que postulados establecidos legalmente. Antes, lo que decía el Ministerio Público era fe pública porque el MP tenía esa doble variante: era por un lado el investigador y por otro lado el acusador. Ahora lo que importa es la prueba, cómo se recaba y qué intenta probar. ¿Cómo crees que esto influye en la aplicación de la ciencia para toda la parte probatoria?

TZ:

Espero que eso funcione. A mí me preocupa que pueda ser retorcido, como ha ocurrido tantas veces en juicios pasados. Decía Roberto Hernández que la inocencia no se puede probar. Tienes, por eso, la presunción de inocencia. En Presunto culpable hubo una discusión muy grande porque me acusaban de haber matado a una persona y yo no tenía pólvora en las manos. Recuerdo que me decían los oficiales «ahorita te vamos hacer la prueba y cuando salga positiva, vas a ver». Me la hicieron, salió negativa y me dijeron «ah bueno, pero de todos modos tú estabas». Me parece que es algo que equilibra la balanza para poder defenderte, porque tienen que probar que eres culpable, y no a la inversa.

AA:

Otro cambio importantísimo es el del principio de imparcialidad y lo que se conoce como «juez no contaminado». Ahora hay dos jueces: el que realiza la preparación de todo el juicio, quien evalúa las pruebas; y el que realiza el juicio oral. Imagínate que alguien presenta una prueba que es ilegal pero el juez no puede evitar verla, ya está contaminado, ya le generó alguna duda…

TZ:

O que el juez y el MP se conocen de siempre y lo que diga el MP será verdad porque es su cuate. Sí hay una contaminación ahí.

AA:

Uno de mis grandes miedos es ser encarcelado injustamente. Estudiando derecho me di cuenta de que mi miedo estaba completamente justificado.

Hacía falta, como lo sabes bien, que dos personas, dos policías dijeran «fue así», y párale de contar: a la cárcel. Pero con la aprobación de la reforma penal en todo el país, ese miedo disminuyó un poco. Aunque yo sé, como tú también, que del papel a la realidad hay un camino largo.

TZ:

Sí, de la hoja a la vida hay un trecho muy grande, pero podemos tener fe. Pensando en leyes suena bastante ridículo decir que tenemos que tener fe, pero debemos. Conozco a gente que es policía y te dice «yo salgo a hacer mi trabajo, yo salgo a dar mi vida por la gente» y les creo, porque los he visto y los conozco. Pero también hay gente que dice «mira, trae a ese que tiene cara de sospechoso». La cara nadie la elige. No hay un catálogo de caras donde «pues dámela de güero, ojos verdes». Entonces sí me emociona mucho pensar que hay oportunidad de cambiar eso.

AA:

El último principio que voy a mencionar es uno muy importante: la presunción de inocencia. Como dices, no es que antes no hubiera presunción de inocencia. En el papel existía, pero en la forma en la que se realizaba todo el proceso, realmente era el imputado el que estaba obligado a probar su inocencia. Había presunción de culpabilidad. Ahora, en el nuevo sistema la autoridad es la que está obligada a probar la culpabilidad y mientras eso no suceda, eres inocente. ¿Sientes que ya se terminó con la presunción de la culpabilidad a la luz de estos cambios que ha tenido el sistema penal?

TZ:

No. Hemos crecido con desconfianza, todos aprendemos a desconfiar de todos. Pensamos que la mejor herramienta es desconfiar de antemano. Eso, inevitablemente, también es parte de los juicios. Creo que es obligación de todos empezar a pensar que defender la inocencia de otro es defender la propia inocencia, en lugar de pensar «salió y tiene cara de ratero». Ya desde ahí tenemos este problema.

AA:

La presunción de inocencia va a ir de la mano del cambio cultural, de la no discriminación, y del ejercicio de otros derechos y cambios sociales para que tenga pleno ejercicio.

TZ:

Tendríamos que entender que si no está comprobado, no podemos decir que es culpable.

AA:

Recientemente el periódico El País sacó una serie de videos que fueron tomados de incógnito dentro de una prisión, y revelaron que las cárceles son un mercado de drogas. Los presos pueden pagar $1,500 pesos para que los dejen extorsionar en auténticos call centers. Se supone que las cárceles son centros de rehabilitación…

TZ:

Por supuesto que no y todos lo sabemos. Son pueblitos a los que mandamos a la gente que no queremos con nosotros. Mientras más años les den, mejor. Las cárceles no sirven. La verdad es que el que te ayuda allá adentro es porque tiene el corazón de pollito. No funciona porque esto es un búmeran: mientras más gente metemos más gente sale maleada. Y cada vez vamos subiendo de tono: yo no recuerdo que antes te amenazaran con cortarte una oreja y un dedo por $30,000 pesos.

AA:

El nuevo sistema penal establece también soluciones alternas. Una son los acuerdos reparatorios: si nos ponemos de acuerdo yo no voy a prisión y te reparo el daño de una u otra forma. A la otra se le conoce como suspensión condicional: si se dan ciertas condiciones no vas a tener que ir a prisión, pero tienes que hacer otra cosa como ir a tratamiento psicológico, por ejemplo.

TZ:

Me parece perfecto, porque tenemos un gran problema: la prisión preventiva. Hasta por $10 pesos te puedes ir a la cárcel. Las cifras no las tengo, pero sin miedo a equivocarme puedo decir que entre el 50% y 60% de la gente que está en la prisión no tiene una sentencia. Es decir, son inocentes porque no se ha probado su culpabilidad. Creo que la prisión preventiva se llevaba a cabo cuando eran delitos graves —extorsión por $3,000,000 de pesos—, pero porque tiraste unos tamales, es absurdo.

AA:

Yo, en una visita conocí a un plomero que llevaba dos años sin sentencia porque cuando acabó su trabajo se llevó los tubos de cobre que sobraron…

El otro es el procedimiento abreviado: que una persona admita su responsabilidad a cambio de una disminución a la pena.

TZ:

Son incentivos para que te comportes como un buen ciudadano. Se hablaba mucho de por qué en Estados Unidos te comportas como debes y aquí haces lo que quieres. Pues porque aquí no hay incentivos. Además así aprendes, ¿no?

AA:

¿Cuál crees que sea el mayor reto para la implementación del sistema: la infraestructura, las personas, las leyes o el cambio cultural?

TZ:

Las personas. Creo que las cosas se pueden resolver hablando. Los servidores públicos tienen que estudiar, tienen que cambiar su modo de hacer las cosas. Pero se pega a lo cultural, porque todos debemos aprender que las leyes no son para jugar.

**Si quieres saber más sobre el sistema de justicia penal acusatorio en México visita: www.mexicoalternativo.org, www.proyectojusticia.org, reformapenal.org, www.gob.mx/justiciapenal y www.justiciaparati.mx

ALAN AIZPURU es abogado por la UNAM, creador del sitio www.librodearte.mx, fan de la justicia, la democracia, el derecho y el arte.

Este texto es parte de la primera edición de La revista ambulante, la cual puedes descargar de forma gratuita para más entrevistas, reseñas y datos sobre la Gira de Documentales 2017.

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