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Migración

Los caminos hacia Artemio

Entrevista con Sandra Luz López Barroso, directora de Artemio

Por Por Mario Bacilio

12 jun 2017

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Sandra Luz López Barroso (México, 1984) no sabía que terminaría haciendo un documental sobre un pequeño niño de diez años. La egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y del Centro de Capacitación Cinematográfica tenía la intención de construir una historia alrededor de la figura de Doña Cata, una de las últimas bailadoras de son artesa de la Costa Chica guerrense, pero en el camino se encontró con su bisnieto.

En Artemio, su trabajo de tesis en el CCC, se desarrolla la narración de un viaje de vuelta al lugar de origen de la madre del protagonista, Cocco Zárate. Es en la Costa Chica de Guerrero donde Artemio y su madre conviven con un espacio y modo de vida llenos de experiencias nuevas para el niño —desde un funeral hasta la distancia que lo separa de su hermana mayor—, y es también ahí donde se discuten, a través de la historia, las nociones de familia, nacionalidad, lengua y pertenencia. La mirada crítica pero sin juicios con la que la directora y su equipo se acercan a la historia permite evitar sentimentalismos en torno a la situación que se cuenta.

El trabajo cinematográfico de Sandra Luz se ha desarrollado durante más de diez años en proyectos artísticos realizados, sobre todo, en la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca. En sus obras, particularmente en Artemio, podemos hallar una exploración y búsqueda en torno a las raíces de sus personajes, a sus relaciones con el territorio y la sociedad en donde nacieron, a su sentido de pertenencia y a su labor dentro de las comunidades en las que se desenvuelven.

En entrevista, la directora nos platica acerca de cómo se acercó a la historia, las decisiones narrativas que tomó sobre la marcha y los retos a los que se enfrentó para producir su documental.

¿De dónde nace la inquietud para realizar el documental Artemio?¿Qué acontecimiento desencadenó tu interés por este viaje de vuelta y cómo fue tu acercamiento a los personajes del documental?

La idea de este proyecto documental surgió hace diez años, cuando conocí a la bisabuela de Artemio, Catalina Noyola Bruno. Ella es reconocida en la región por ser de las últimas bailadoras de son artesa, música tradicional de la Costa Chica. Mi intención al estudiar cine era hacer una película que contara la historia de Doña Cata a través de diferentes voces de mujeres afrodescendientes que la conocimos; es decir: hacer retratos de mujeres afrodescendientes para cuyas vidas Doña Cata fue trascendental. Al final de esos retratos yo me uniría y contaría mi historia con ella.

Durante uno de los scoutings, Cocco Zárate nos encontró y nos invitó a platicar con ella en su casa. Fuimos a grabarla y nos platicó acerca de su abuela Mamá Cata, y conocimos a Artemio ese día. Quedamos encantados con aquella familia, en especial con Cocco Zárate, quién me habló de sus viajes por el mundo, su deseo de pintar y escribir poesía. Me pareció que había encontrado a una Doña Cata joven, y no dudé en quedarme con un solo personaje. Sería ella la que contenía todo aquello de lo que quería hablar: las mujeres afros, costeñas, fuertes, sensuales, independientes.

Artemio vino después. Cocco me platicó que Artemio tenía un boleto de regreso para volver a Estados Unidos, así que decidí hacer una película de una relación de mamá e hijo que terminaría con una despedida, ya que Artemio regresaría a Estados Unidos.

Al llegar al rodaje con el equipo completo, Cocco me dijo que Artemio no se regresaba, así que un poco asustada decidí que entonces nos dedicáramos a grabar el día a día, la cotidianidad de la familia. Les pedimos que por favor llamaran a Estados Unidos para grabar esas llamadas y poder tener grabado por qué Artemio no se regresaba. Fue una película que se construyó en el día a día, revisando todas las noches el material, escuchándolo para saber cómo podíamos estructurarlo.

En Artemio existe una tensión de caracteres donde fluyen, de un lado a otro, la personalidad de Artemio frente a la de su madre, Cocco Zárate. Como directora, ¿cuál fue tu criterio para dar prioridad a un personaje sobre otro dentro de la narrativa final?

Cocco era mi personaje principal hasta el momento de la llamada, que sucedió a mitad de rodaje. Ahí todo cambió, fue cuando entendí que Artemio era quien me importaba para la historia. El resto del rodaje se centró en Artemio, aunque yo creo que los dos son coprotagonistas”.

En un momento del documental, Artemio y su madre se cruzan con un funeral que se lleva a cabo dentro de una casa sobre la calle por la que transitan. Enseguida, tienen una conversación breve acerca de la muerte. Como documentalista, ¿cuáles son los retos que implica enfrentarse a este tipo de situaciones no previstas dentro de la planeación de tu trabajo?

Para mí, el cine documental se basa en la intuición y en la confianza en las personas con las que estás trabajando, por eso yo pude pedirles a Artemio y Cocco que caminaran en la calle donde estaban tocando los músicos.

La siguiente película que quiero hacer va sobre los procesos y rituales fúnebres en la Costa Chica. Me gusta mucho la música que se toca en los funerales, y pensé que podría ser una linda secuencia para la película. Lo que sucedió cuando Artemio le plantea la pregunta a Cocco es fascinante, y eso es algo que amo del cine documental: la realidad siempre supera cualquier expectativa o plan de rodaje. Lo mismo sucedió durante la llamada con Sharlyn. Nosotros la provocamos pero jamás imaginamos que sucedería todo lo que pasó.

La conversación acerca de la muerte que tienen Artemio y Cocco tiene un carácter simbólico importante. En ese sentido, ¿cuál es la relación entre la narrativa propia de los acontecimientos y la narrativa construida desde tu visión como directora? Este encuentro de narrativas en el cine documental, ¿es más propicio para el diálogo o para el conflicto?

Artemio es un caso muy particular, ya que bien pudimos haber hecho una película más de cine directo y de contemplación en un entorno y con unos personajes específicos, pero logramos capturar un momento tan emotivo como el del funeral.

Yo sabía que ese era el clímax de la película después de grabarlo y entonces pude pensar en lo que nos hacía falta para construir el planteamiento para poder llegar a ese punto y cómo ir de ese punto al desenlace. El diálogo vino después con la editora para construir esos puntos para que se sostuviera la película. No creo que deba existir conflicto cuando construyes con las personas la historia.

El punto culminante del documental ocurre cuando Artemio habla por teléfono con su hermana en Estados Unidos y le dice que no volverá, sino que seguirá el camino de su madre. A partir de ese momento, ¿cómo sabes cuándo terminar un documental como Artemio? ¿Es una decisión que se toma en el momento de la filmación o en la edición?

Para mí, la película termina en la sala de edición. Claro que pensé y grabé varios finales, yo sabía que la fuerza de la película estaba en la llamada telefónica y habría que decidir con qué sensación dejar al público. La canción que ellos cantan hacia el final de la película es un final que siempre defendí con mi editora porque para mí, en la misma secuencia, se refleja el irse o el volver, depende del punto de vista: van en carretera, cantan una canción que habla de regresar a casa, es el ocaso… Me parece que la sensación de un continuo ir y volver —que es como viven ellos— se logró. Quería respetar la congruencia de mis personajes y no traicionarles, eso es una forma de entender mi trabajo.

Tu formación fue primero como etnohistoriadora y luego como cineasta. ¿Cambia el tipo de acercamiento que tienes frente a una situación sobre la cual quieras trabajar? ¿Cómo se articulan, y se hacen presentes, las dos disciplinas en las cuáles te formaste para llegar a un resultado como Artemio?

Las dos disciplinas se enriquecen, se suman. Gracias a las herramientas de la etnografía pude acercarme a la gente y al pueblo de San Nicolás, lo que ahora me permite volver con gente que se ha convertido en mi familia. Es un lugar donde me siento querida y protegida.

El cine documental que me interesa hacer en este momento está vinculado directamente con mi experiencia como etnohistoriadora. La forma que tengo de acercarme a las personas o lugares con los que quiero trabajar es muy honesta y respetuosa, pero me parece que eso va más allá de las disciplinas.

En un plano más general, según tu experiencia personal, ¿cuáles son las posibilidades que observas en torno al cine documental y su futuro? ¿Cuáles son tus búsquedas personales a través de este formato de creación?

Para mí, el cine es un arte muy joven y tiene todas las posibilidades de seguir construyéndose y proponiendo. Personalmente me llama mucho la atención lo que sucede con el cine del Sensory Lab en Harvard: apuesta por un cine sensorial, está buscando y proponiendo nuevas formas de narrativa y lenguaje. También los documentales performáticos o interactivos me llaman mucho la atención.

Personalmente, mi apuesta sigue siendo el cine que te toque profundo, que te dé pautas para reflexionar y repensarte a ti mismo como ser humano”.

Me gusta el cine documental que borra las fronteras de documental y ficción, el que te deja con aquello que importa: las emociones. Eso quiero hacer con mi trabajo: emocionar, conmover al público, que se lleven algo de aquello que vieron, que les afecte como seres humanos.


 

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