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Latinoamérica

El Master: un edificio construido de palabras

Reflexiones sobre Edificio Master y el cine de Eduardo Coutinho

Por Mario Bacilio

4 jul 2017

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¿Qué tienen en común una profesora de inglés, una exbailarina, una prostituta, un compositor de sambas, una poeta, un contador freelance, un actor retirado, varias parejas y dos hermanas solteras? Un edificio: el Edificio Master.

Un edificio en Copacabana. A una cuadra de la playa. 276 apartamentos, unos 500 moradores. Doce pisos, veintitrés apartamentos por piso. Alquilamos un apartamento por un mes. Con tres equipos, filmamos la vida del lugar durante una semana.

Palabras pronunciadas por una voz en off que nos introducen, de inmediato, en la propuesta del documental. Entramos, junto al director y su equipo, a un enorme edificio de departamentos del que nunca conocemos la fachada ni la ubicación exacta; sólo sabemos que se encuentra en Copacabana, Río de Janeiro, cerca de la playa. Somos espectadores frente a una serie de rutinas e historias cotidianas pertenecientes a una galería de personajes procedentes de diferentes clases sociales, aunque la mayoría tiene un vínculo más o menos cercano con la clase media: pasados disímiles cuyo único denominador común es, casi siempre, el Master.

Desde la primera entrevistada una mujer que ha pasado toda su vida en el edificio; su tránsito a través de diferentes departamentos la orilla a autodenominarse “una gitana en su propio edificio” aparecen los elementos básicos que articulan todo el documental: el hilo narrativo cimentado en las conversaciones que el director establece con los inquilinos; la procedencia más o menos común de los entrevistados, casi todos son trabajadores o extrabajadores; sus consideraciones en torno al pasado y el presente del edificio, y junto al edificio, la ciudad, el país; la inmersión dentro de espacios particulares que dotan de color a los personajes frente a la cámara; el peso de las palabras como puente para construir un diálogo.

Una de las dificultades del periodismo de investigación radica en el riesgo de que las entrevistas resulten tediosas, repetitivas, frente a los espectadores que las observan como compilación y archivo. Sin embargo, Coutinho resuelve con eficacia esta dificultad mediante un proceso de edición es imprescindible y muy valioso el trabajo de la editora Jordana Berg donde intercala los testimonios en forma de un vaivén emotivo que nos ofrece, lo mismo, el relato de una chica que ejerce la prostitución al de una pareja y las complicaciones para permanecer juntos muchos años; o la historia de una anciana que cuenta un asalto que la orilló a pensar en el suicidio.

Estas, y otras historias, conforman el Edificio Master: un documental que no sólo se ciñe a los personajes sino que, sutilmente, apuesta por construir para cada uno la atmósfera adecuada. La cámara nos presenta rostros y voces enmarcados en habitaciones donde transcurren las conversaciones: paredes y sus texturas; paletas de color, utensilios cotidianos que remiten a tiempos presentes o pretéritos; austeridad o lujo; espacios desde los cuales también se construye la identidad de cada personaje. Y los pasillos como puentes: pasillos oscuros que conducen a todas partes en un edificio de proporciones que se nos antojan infinitas.

Contar desde las historias pequeñas

Para Martín Caparrós, escritor y periodista argentino, uno de los aciertos de la crónica ejercicio narrativo en donde el autor se desenvuelve con naturalidad radica en su capacidad para poner en primer plano historias y personajes que la prensa tradicional ha desdeñado a través de la historia. Según Caparrós, la prensa sobre todo la escrita ha construido un lenguaje en el cual el yo, la primera persona, es un sitio que se rehúye por su naturaleza subjetiva. La prensa busca la objetividad y una voz neutral que, según el cronista, son imposibles cuando lo importante es involucrarse en las historias, en las raíces y causas que les dan pie, para poder resolverlas o participar de ellas más allá de una nota inserta en una serie de tirajes infinitos de papel y letras.

El documental de Coutinho se acerca y hermana al ejercicio de la crónica porque, a través de una serie de rasgos comunes para ambas prácticas, le da voz a lo subjetivo, a lo simbólico y al poder de construir una gran historia conformada por un sinnúmero de pequeñas historias todas personales y valiosas.

Mediante el uso de técnicas propias del periodismo narrativo, Coutinho abre el espacio para que sus personajes tomen la dirección del documental mismo, en un ejercicio pragmático y enriquecedor. Algunas de estas técnicas son:  1) contar escena por escena; 2) registrar totalmente el diálogo; sustituir las citas; 3) recrear la figura de un interlocutor: construir un punto de vista en tercera persona; delegar la facultad de la narración sobre los personajes, mediados por la mirada de un tercero cuyas intervenciones deben ser precisas y pertinentes; 4) realizar un retrato global y detallado de los personajes.

Al conseguir un retrato global a partir de los fragmentos, Edificio Master se postula ya no sólo como un documental sino también como un acto de resistencia frente a las grandes narrativas en medio de sociedades globalizadas. Su apuesta consiste en poner el dedo en las grietas de dichas narrativas, de los valores de sociedades que apuestan por el progreso pero que dentro de sí mismas albergan ciudades, edificios como el Master donde viven sujetos que por su misma existencia cuestionan el progreso, sus valores y sus discursos.

En palabras de Caparrós, “La máquina necesita convencer a sus lectores de que lo que cuenta es la verdad y no una de las infinitas miradas posibles. Reponer una escritura entre lo relatado y el lector es (en ese contexto) casi una obligación moral: la forma de decir aquí hay, señoras y señores, sujetos que te cuentan, una mirada y una mente y una mano. […] la primera persona se hace cargo, dice: esto es lo que yo vi, yo supe, yo pensé; y hay muchas otras posibilidades, por supuesto. Digo: si hay una justificación teórica (y hasta moral) para el hecho de usar todos los recursos que la narrativa ofrece sería esa: que con esos recursos se pone en evidencia que no hay máquina, que siempre hay un sujeto que mira y que cuenta”.

El sujeto que cuenta politiza al contar: establece contacto con su realidad y, a través de la narración, intenta comprender el papel que juega en el mundo. Las mujeres y hombres que habitan el Master proyectan vidas más allá de un espacio en el documental: vidas que buscan tomar un primer plano, apropiarse del espacio público, contar su historia y, desde ahí, ser valorizadas como parte de una historia más amplia la del Master, la de Copacabana, la de Río de Janeiro.

Narrar el presente con paciencia

Una de las características de las sociedades contemporáneas es la urgencia por informar con velocidad y precisión lo que ocurre en el presente. En medio de esta lucha se encuentran los medios impresos, los digitales, la radio y la televisión. La velocidad de transmisión de datos a través de la red ha incrementado la sensación de que ocurren más hechos en la vida diaria, y que los mismos necesitan ser contados de inmediato para darle paso a la siguiente nota que merezca visibilidad. Sin embargo, la velocidad de los acontecimientos y sus dimensiones también nos exige detener nuestra mirada: ralentizar nuestra capacidad de enfoque sobre hechos en específico para, así, poder analizarlos e involucrarnos en ellos de forma más profunda.

Eduardo Coutinho

En este escenario se inscribe la necesidad de trabajos como el de Coutinho: obras que fijan su mirada sobre elementos de lo cotidiano para revelar lo que de sorprendente y constituyente del mundo habita en ellos. Documentales como archivo, sí, pero también como propuestas para construir desde el presente: para detenerse ante la historia, que siempre está ocurriendo, e iluminar los nuevos pasillos por donde transitará el futuro.

Coutinho se convierte en cronista de su tiempo: construye un documental como un edificio que, al igual que el Master, también se expande conforme lo habitan una historia tras otra. No sabemos nunca con exactitud cuál es el destino de los personajes que aparecen en el documental pero una certeza impregna Edificio Master de principio a fin: no es gratuito el desconocimiento del edificio en sí ni siquiera se nos muestra la fachada porque el edificio es el símbolo idóneo para el trabajo del documentalista. El Master se transforma en un espacio desde donde se expanden las microhistorias que configuran la gran historia del presente de Copacabana; sus puertas y ventanas son las palabras en cada conversación; el diálogo, los relatos entrañables de cada uno de los personajes funcionan como las columnas que sostienen este gran trabajo de Coutinho. Su valor y necesidad son palpables: mostrar esos rostros y voces que siempre están ahí habitando y transitando por pasillos a media luz dispuestos a emerger y revelarse en cuanto se les dé la oportunidad.

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