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Desigualdad

Presunto culpable: ¿no deberíamos ser inocentes hasta que se demuestre lo contrario?

El documental que destapó las irregularidades del sistema penal y judicial mexicano

Por Hayde Corona

24 Jul 2017

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Cuando alguien termina en la cárcel pareciera que la sociedad siente un alivio: un delincuente menos, se lo merece. Pero en 2011, un documental mexicano llegó a demostrarnos que ser “culpable hasta que se demuestre lo contrario” puede ser una cuestión de mala suerte, que muchos inocentes no saben sus derechos y por eso no son libres, que nuestro sistema de (in)justicia podría acusar arbitrariamente a cualquiera sólo “porque es su chamba”.

Toño Zúñiga es el protagonista de Presunto culpable, un tianguista de Iztapalapa que es detenido una tarde y se le condena por un homicidio que no cometió. “Tú fuiste y ya”, le dijeron antes de meterlo a la cárcel, y resignado acepta “su destino”.

Sin embargo, su entonces novia no iba a dejar las cosas así, por eso contactó a los abogados Layda Negrete y Roberto Hernández, quien también dirige el documental junto a Geoffrey Smith. Ellos habían metido cámaras en juzgados penales anteriormente y estaban dispuestos a exponer las irregularidades del sistema penal y judicial mexicano.

Durante el desarrollo del caso vemos una serie de estadísticas escalofriantes como que el 93% de los acusados nunca habla con el juez. También observamos, en las particularidades del juicio de Antonio, cuando se desecha evidencia vital como un retrato hablado que no se parece a él, que la defensa no puede cuestionar su expediente lo que hace básicamente el juicio irrelevante, y que si se hacen hallazgos importantes, probablemente no se valoren porque es más fácil hacer una copia de la sentencia anterior.

El breakdance y el rap ayudan a Toño a sentirse libre, también el amor de su familia (se casa en una boda comunal dentro del reclusorio) y una defensa que lo prepara para que él mismo sea quien encare a todos y demuestre su inocencia. Todas las canciones que escuchamos —de su autoría— ayudan a contarnos parte de su historia. Esas mismas canciones le funcionaron como un escape para poder mantenerse cuerdo durante los dos años y medio que pasó encarcelado.

Si estás preso no eres nadie, eres culpable. Toño sentía que tener una cámara filmando ayudaba a equilibrar esto. Él era importante y su caso iba a darse a conocer, estos videos que tanto incomodaron a los judiciales, testigos y jueces funcionaron al final como la mayor evidencia. Es en los careos donde podemos ver en los gestos de los involucrados todo el cinismo y mala fe de un sistema que debería ver por la justicia.

A una década de este juicio, las reacciones siguen siendo indignantes y surreales, pero lo más increíble es que no hubo consecuencias para ellos. Todos conservaron su trabajos e incluso demandaron a los productores del documental por daño moral. Estas “víctimas” hasta lograron detener la distribución de la película en varias ocasiones.

Quizá no podamos hablar de justicia, pero sí de karma cuando gracias a esas quejas Presunto culpable se convirtió en un fenómeno del cine mexicano. Al enterarse de la censura, la gente abarrotó los cines para verla y el éxito no sólo fue a nivel taquilla, pues en 2012 una encuesta de Parametría dio a conocer que un 36% de la población vio este filme.

Lo que le sucedió a Toño hizo ver a los mexicanos que tal vez juzgamos mal a todos los que han sido encarcelados y que no podemos seguir confiando en un sistema que no da voz ni réplica. La exposición ayudó a que años después se implementara en todo el país un nuevo Sistema Penal Adversarial donde el juez no decide sobre un expediente, sino sobre lo que exponen las partes en una audiencia pública.

La presunción de inocencia, que era lo que buscaba esta película, se logró por lo menos en el mundo ideal, porque claro, aún hay muchas acciones clave que deben realizarse para que este sistema funcione de acuerdo a lo que se planeó. Pero este es el mejor ejemplo que tenemos de un documental cuya denuncia ayudó a transformar de forma significativa su entorno.

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