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Desapariciones

No quiero decir adiós: el dolor de los desaparecidos

Por Hayde Corona

14 Jul 2017

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La muerte es algo natural y por más difícil que parezca debemos dejar ir a quienes amamos. Sin embargo, cuando alguien le arrebata su vida a otra persona, el sentimiento cambia y la impotencia y la rabia se intensifican. No queremos decir adiós porque no es justo; no podemos superarlo si los culpables quedan impunes.

En Ambulante Más Allá, proyecto de capacitación en producción documental de Ambulante, se denuncian historias de diversas partes del país, y aunque los protagonistas suelen pertenecer a las comunidades que retratan, en No quiero decir adiós, la directora Ana Isabel Ramírez Guadarrama nos cuenta algo demasiado personal.

Gran parte de su infancia la pasó bailando con su prima Ana Laura, siempre sonriente, amable y cariñosa. Gracias a videos de fiestas familiares podemos conocerla. Con los años se distanciaron, pero los recuerdos y el cariño están intactos.

Nadie de la familia imaginó que no volverían a ver a Ana Laura bailando en las siguientes celebraciones. Un día de 2007 simplemente no llegó a su casa y eso fue todo. La encargada de detallarnos lo que sucedió esa noche es la madre de la víctima, doña Olga. Cuando su hija desapareció, inmediatamente presintió que algo malo había sucedido.

La cámara nos llevan por las calles donde Ana Laura fue vista por última vez, los lugares por los que pasó antes y, finalmente, el río donde fue encontrado su cuerpo a la mañana siguiente. También vemos los sitios por los que deambuló su madre durante la búsqueda. La voz de la directora complementa los testimonios de su tía.

El caso estuvo lleno de irregularidades, y aunque un “amigo” de Ana Laura se confesó culpable, su declaración no coincide con las pruebas. Hay más responsables y su madre sabe quiénes son. Ana Laura era acosada e incluso llegó a recibiramenazas de muerte. Sin embargo, ellos están libres y el gobierno no está interesado en buscarlos.

Injusticias como esta se han ido incrementando de forma alarmante en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, donde se rodó el documental en 2012, cicno años después de la desaparición. En 2017 las cosas sólo han empeorado: las desapariciones se dan por todo el país. Como dice doña Olga, pareciera que somos ajenos a los problemas hasta que algo nos pasa, por eso filmes como este son necesarios para reflejar la realidad e impulsar a más personas para que exijan justicia. ¡Ni una más!

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