Conflictos sociales

Justicia desde el más allá

Reseña de Crulic, Drumul Spre Dincolo

Por Hayde Corona

5 Sep 2017

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“Confía en el sistema de justicia”, le dijeron a este rumano de 33 años que fue encarcelado injustamente en Polonia. ¿Cómo confiar en él si el propio sistema desechó líneas de investigación “irrelevantes” que pudieron, de hecho, confirmar que Claudiu ni siquiera se encontraba en el país en el momento del robo por el que se le condenó?

Crulic comenzó una huelga de hambre al ver la indiferencia de la fiscalía de Cracovia y el Consulado de Rumania. Gracias a las cartas que escribió y a los testimonios de la gente que lo conoció, la directora der la película, Anca Damian, pudo darle vida a este hombre a través de la animación para que fuera él mismo quien nos contara su historia.

La técnica destaca todo el tiempo debido a su original mezcla de cutout, stop motion, dibujos a mano y documentos escaneados. Esta ha sido una de las razones por las que el filme triunfó en diversos festivales de cine internacionales, no sólo con el jurado, sino también con el público. El cuidado artesanal de cada cuadro magnifica una historia contada con coraje y corazón, que incluso se da el lujo de incluir momentos de humor negro. 

Durante la primera mitad, Crulic nos cuenta las tragedias que lo agobiaron desde antes de ser encarcelado, habla de su familia, de la vida en Rumania y de las razones por las que tenía que pasar tanto tiempo en Polonia. Después llega el abuso y su detención.

Él busca justicia desde el primer momento y con mucha integridad hace todo lo posible para demostrar su inocencia. Al decidir protestar con una huelga de hambre vemos su voluntad inquebrantable. Escribe todo lo que pasa para mantenerse cuerdo a pesar de las consecuencias de la inanición; para seguir luchando, aunque sienta el rechazo de todos los que lo rodean. 

Resulta indignante ver a los responsables escudarse en que su estado de salud era bueno cuando el hombre murió por un deterioro avanzado, observar cómo todos procedieron de acuerdo a las reglas, sin ningún tipo de cooperación; cómo al morir, simplemente desecharon su caso y se lavaron las manos diciendo que él quería ese destino. 

Como en la mayoría de estas historias, es hasta que alguien comienza a indagar y hace públicas todas las irregularidades del caso cuando comienzan las consecuencias: renuncias y disculpas. Pero cuando la vida en juego se ha perdido, ¿qué tanta justicia puede existir? ¿Es esto alguna clase de consuelo? ¿Puede este consuelo llegar al más allá?

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