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Conflictos sociales

La verdad en el cine documental según Everardo González

“No creo en el principio de verdad de los cineastas”, Everardo González, cineasta.

Por Magaly Olivera

15 nov 2017

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Al cine documental se le otorgan valores de verdad que lo convierten en una herramienta de propaganda muy poderosa. Esta idea resulta conflictiva para Everardo González, director de La libertad del diablo, quien considera que es más bien el espectador el que cree que lo que aparece en un documental es verdadero, incluso si el cineasta no opina lo mismo.

Para generar controversia en torno a este principio del cine que está tan arraigado en el público, el director mexicano decidió hacer un ejercicio que mostrara las posibilidades de construcción dramática dentro del cine de lo real. En sus palabras “mi trabajo nunca ha estado muy cercano al cine directo porque siempre ha habido construcción o interpretación, incluso manipulación de las cosas y provocaciones de eventos para que sucedan ciertas reacciones. No creo mucho en el principio de verdad desde los cineastas”, y fue así como nació La libertad del diablo. Este texto señala dos elementos clave en la película que confrontan el valor de verdad que otorgamos al cine documental.

Primer acercamiento: la máscara y el anonimato
Para exponer las mínimas posibilidades de verdad que ofrece el cine documental, de acuerdo con Everardo González, existe un elemento que ha sido clave en el anonimato y los experimentos de personalidad desde los antiguos griegos hasta nuestros días: la máscara. Es así que en La libertad del diablo la máscara adquiere un carácter dramático como dispositivo para encontrar una pequeña dosis de verdad en el testimonio; una verdad que genere empatía en el espectador que, en vez de vincular un rostro determinado a un discurso, enfrenta una cara diluida cuya mirada franca es el único contacto entre el público y la pantalla. Para Everardo González, la finalidad de este recurso fue aumentar la empatía del espectador ante la mirada del otro. “El uso de la máscara me permitía potenciar el discurso que yo tenía en donde si todos somos vistos con una mirada empática, nos convertimos en víctimas de alguna manera. Incluso aquellos que violentan la vida”, afirma.

Everardo González diseñó una máscara que hermana frente al dolor de todos; una máscara inspirada en los rostros lastimados y hecha con un material transformable que adquiere la forma de la personalidad de quien la porta. Además, con el tiempo, el correr de los testimonios y la evolución emocional del discurso, las máscaras empleadas en el documental van cambiando junto con el sudor, las lágrimas y las propias ideas de los protagonistas, aumentando vertiginosamente el valor dramático de este recurso, y creando una empatía auténtica en el espectador.

Segundo acercamiento: la cámara como reflejo
Debido a las condiciones intrínsecas a las vidas de las personas retratadas en La libertad del diablo, el equipo que realizó este documental tuvo poca oportunidad para tener relaciones previas con los protagonistas, que deben permanecer ocultos en el día a día. No obstante, Everardo González considera que el reflejo de la cámara que los filmaba fungió como una herramienta de expresión legítima, dice “hay gente que nunca había reflexionado sobre lo que reflexiona en esta película, entonces, no sólo el uso de la máscara sino el uso de espejos en la lente que hacía que ellos miraran un reflejo hacía que esto se convirtiera en una confesión voluntaria que les brindó la posibilidad de hablar desde la entraña sin una necesidad de interpretarse”. Tal como sucede en cualquier persona cuando enfrenta el reflejo de su propia mirada, el ambiente de honestidad termina por abarcar la mente de los protagonistas de este documental, quienes se exponen ante un espectador que, en el mejor de los casos, será otro reflejo silencioso ante sus confesiones.

Provocar expresiones auténticas mediante el anonimato de la máscara y el reflejo de la cámara hizo de La libertad del diablo un documental honesto y cercano a la verdad que el mismo Everardo González cuestiona. Si de antemano sabemos que el espectador accede desde un inicio a conceder como ciertas las situaciones presentadas por el cineasta en una película de no-ficción, entonces el ejercicio de González para este documental adquiere un doble valor. El público se encuentra ante una confesión que, aunque diseñada con fines específicos, potencia su franqueza. Los elementos aquí señalados reflejan que la fidelidad con el entorno que expone el cine documental sí es posible, y los resultados aportan un testimonio que trasciende los juicios morales y resignifica a las víctimas, creando una narrativa que es un acto político en sí misma.

Everardo González, cineasta

Everardo González, cineasta

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