Familia

Alguna cosa: sobre la aceptación desde el interior

Por Samuel Maddox

12 ene 2018

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Algunas veces nos sentimos solos y queremos formar parte de una comunidad, rodearnos de gente como nosotros. Sin embargo, a veces estos grupos no nos perciben como similares a ellos. Creen que son mejores que nosotros y nos hacen sentir inseguros, como haciéndonos notar que nunca seríamos amigos; pero, en casos así, lo que ellos no saben es que hay poder, belleza y valor indescriptible dentro de todos.

En Alguna cosa (Some Thing), el cortometraje de Elena Walf que forma parte de la sección de Ambulantito de la Gira de Documentales, se presenta sin necesidad de ninguna palabra la historia de una montaña que sólo quiere sentirse querida y bienvenida en una cordillera de montañas mucho más grandes que ella. Al principio, la montaña se maravilla ante los otros montes que la rodean, mientras estos exhiben sus aptitudes asombrosas: una está llena de petróleo con el que puede hacer gárgaras y presumir, la segunda contiene bellísimo oro para hacer lo que quiera, y la tercera es un volcán muy fuerte y orgulloso. En un intento por demostrar lo que vale y unirse al grupo, la montaña más pequeña les presenta su propio talento: un objeto diminuto que parece un guijarro dentro de su boca. Todas se ríen, revelando la crueldad de estas montañas. Cuando ellas ven que el montecito está descorazonado, lo atacan una última vez creando una pequeña tormenta sobre él.

Durante toda la noche, la pequeña montaña se sienta bajo la tormenta e imagina lo que sería llevarse el petróleo, el oro y el fuego de las montañas crueles. Quisiera demostrarles que puede ser tan grande como ellas. A pesar de su enojo y frustración, recuerda su propio talento cuando escucha el sonido musical de su guijarro chocando contra el charco en el que se sienta, consecuencia de la tormenta. Esas notas consiguen despertarla de su fantasía y entonces recoge la piedra que salió de su cuerpo, pero cuando la pasa por la lluvia, suena la música. Esto fascina al montecito, quien aprecia cada nota mientras toca una melodía con el guijarro y la lluvia. Perdido en esta nueva alegría, el montecito se queda dormido.

Por la mañana, las montañas despiertan y ven que algo extraño ha sucedido con el monte. Antes de tener tiempo para burlarse, descubren que están enterradas en lo que parece ser un montón de guijarros. Una ardilla enojada escapa de esta acumulación de piedras y corre por el montecito. Pero no acaba ahí. La ardilla sigue corriendo por el montecito y por un gran árbol que ha brotado en su cima. En este momento, el pequeño monte y las montañas más grandes se dan cuenta de que algo fantástico existió siempre dentro de él. El guijarro musical de la noche anterior no era sólo eso: una semilla de la cual podría crecer un árbol enorme, más grande que las montañas burlonas y hasta más poderosa que sus otros talentos; incluso más importante que lo que el montecito creía que era capaz de hacer. En ese momento, la montaña más pequeña reconoce que la autorrealización no se encuentra en la aceptación de los demás, sino dentro de nosotros mismos.

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