En temporada de lluvias

Por Samuel Maddox

24 ene 2018

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Traducido por Nidia de la Vega

El cortometraje Novembre (Noviembre) se siente particularmente relevante en este momento dada la condición tumultuosa del mundo actual, en especial si pensamos en la proporción, cantidad e intensidad cada vez mayores de los desastres naturales en un mundo que lidia con el cambio climático. En esta historia, un pequeño hábitat a las orillas de un riachuelo se ve inundado con la llegada de una tormenta. Las aguas se elevan, mientras un pequeño elenco de criaturas enfrenta la catástrofe en la medida de sus posibilidades, revelando una diversidad de personalidades y formas de abordar el desastre.

La película comienza con las preparaciones para el invierno: el pelaje de una comadreja cambia de marrón a blanco; un erizo construye su madriguera para hibernar; los insectos buscan un refugio cálido; una cigüeñuela intenta despegar con un pescado demasiado grande a cuestas, para cenar. No obstante, a pesar de todos sus esfuerzos, no pueden anticipar lo que viene. Unas cuantas gotas, al parecer inocentes, se vuelven un diluvio. Varios intentan esperar a que pase. La cigüeñuela, aferrada a no dejar ir a su presa, es arrastrada bajo el agua cuando el pescado retoma el control. La comadreja, observando cómo el agua se aproxima a su madriguera, levanta un muro en su entrada y tapa los agujeros para evitar que se cole el agua. Otros, como los insectos y los caracoles, buscan los terrenos elevados. Apenas una de las criaturas emerge heroicamente de la situación: el pequeño erizo, que tras perder su hogar cruza el río encima de una hoja, sacando a otros del agua en su camino, recibiéndolos en su salvavidas improvisado.

A pesar de que la situación es obviamente apremiante, la tranquilidad permea a la comunidad. Todos los animales entienden que aunque la tormenta sea difícil, es temporal y va a pasar. No es fácil recordar este raciocinio en medio del desastre, de la lucha, incluso de la pérdida. Y claro, algunos siempre intentarán evitar por completo estas situaciones, como los insectos que escalaban cada vez más alto; y algunos intentarán, inflexiblemente, sufrirlo mientras dure como la comadreja que optó por encerrarse inútilmente en su escondrijo. Otros quizá ni se inmuten ante la adversidad, como el sapo que siguió dormido durante todo el infortunio. Sin embargo, la respuesta más productiva y noble es la del pequeño y sereno erizo quien brindó su ayuda a los demás, incluso cuando él mismo sufría. Esta comunidad pequeña, diversa y tenaz, de la imaginación de Marjolaine Perreten, es un recordatorio hermoso y optimista de que el mal tiempo llega, pero también pasa, y mientras trabajemos juntos, nosotros también podemos vencer las adversidades.

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