Feminicidio

No quiero decir adiós: un relato desde el dolor

Por Paola Corrales

4 ene 2018

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Si se busca en redes sociales el hashtag #NiUnaMenos se puede encontrar el devastador panorama de los feminicidios en México. Esta es una realidad con la que se convive a diario y que no distingue de condiciones geográficas, socioeconómicas ni de edad.

Sumándose a la urgencia por denunciar esta problemática que involucra a tantas personas y que ahora tiene resonancia en el arte y en internet, No quiero decir adiós es un documental dirigido por Ana Isabel Ramírez que relata la historia de su prima Ana Laura. Por medio de videos familiares, imágenes de lugares clave y testimonios de su tía y propios, la directora cuenta la historia detrás de la desaparición y el feminicidio de su prima.

Para algunos, relatar desde la experiencia propia resultaría un mal ejercicio artístico por el riesgo de involucrar demasiado los sentimientos y perspectivas personales, al grado de reducir el valor objetivo de una obra. En esta ocasión resulta que esta característica es la que sostiene y enriquece la película. La directora nos habla desde su propio dolor a través de la cámara y así consigue generar empatía acerca de los profundos efectos de un feminicidio. Como doña Olga, su tía, declara: Somos muy inconscientes […] decía yo antes ‘ay, eso no pasa aquí, eso pasa en otros lugares’; nos hacemos ajenos a los problemas, lo que falta es mucha consciencia”.

¿Por qué será que un problema tan grave como el de los feminicidios a veces nos parece ajeno? El incremento de los feminicidios en México se debe a su gran cómplice: la impunidad. La falta de una alerta de género ha dificultado la impartición de justicia y ha dañado los derechos humanos de todas las mujeres del país. El caso de Ana Laura no fue distinto: omisiones en el juicio sobre el estado del cuerpo y una declaración de culpabilidad del “amigo” con quien tuvo el último contacto no fueron suficientes pruebas para dictaminar un caso de violencia de género.

No quiero decir adiós nos conduce a los lugares en los que Ana Laura vivió muchos ratos alegres y también a lo que sería el último lugar que ella vería con vida. Con el dolor de una pérdida, el documental desarrolla su narrativa y centra su denuncia en aquellos que fueron cómplices del feminicidio para dar prueba de que las víctimas se quedan y no olvidan a quienes las asesinaron.

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