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Memoria social

Me acuerdo y me dan ganas de llorar

Rese√Īa de A morir a los desiertos

Por Ma. Cristina Alem√°n

28 feb 2018

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Todo inicia con un dinosaurio en el desierto. Luego, un acercamiento a las bocas de unos hombres viejos, arrugados por el sol y por el tiempo. El silbido del viento es interrumpido por un canto a capela a tres voces aguardentosas; la primera conduce el camino para las otras dos, la contralta y la de arrastre. De este modo, A morir a los desiertos (dir. Marta Ferrer) nos presenta el canto cardenche. Yo ya hab√≠a escuchado este tipo de m√ļsica alguna vez ‚Äďen una fiesta en la que el Coro Acardenchado le dedic√≥ una canci√≥n a la cumplea√Īera‚Äď pero no fue hasta ver este documental que comenc√© a entender la profunda melancol√≠a detr√°s de esas voces s√©ntidas (as√≠, con acento) y rasposas.

El cardenche es una especie de cact√°cea cuya espina es muy dolorosa de sacar.

El cardenche es una especie de cact√°cea cuya espina es muy dolorosa de sacar.

Escribe David Byrne que la m√ļsica toma la forma de los espacios en los que se crea e interpreta. A morir a los desiertos hace honor a esta idea y muestra c√≥mo el canto cardenche no podr√≠a haber nacido en otro lugar m√°s que en el desierto de Durango y Coahuila. La fotograf√≠a se agasaja sobre la belleza del paisaje: las piedras blancas contra el cielo azul, las cact√°ceas verdes e hinchadas, la majestad de la naturaleza comparada con la escala humana y, en medio de todo, las v√≠as de tren. Los sonidos del viento, de las cigarras y del mismo tren trabajan en conjunto con la imagen para retratar este territorio hermoso, pero √°rido y espinoso.

Así como el canto cardenche es propio del desierto, también es inseparable de la historia de sus intérpretes.

Los protagonistas de A morir a los desiertos, en su mayor√≠a hombres y mujeres de la tercera edad, cuentan que sus abuelos trabajaban como peones en las haciendas algodoneras en condiciones muy parecidas a la esclavitud; recibiendo s√≥lo escasos v√≠veres a cambio de largas jornadas de trabajo. El sotol y el canto serv√≠an de consuelo para estas penurias. Dice uno de los cardencheros, ‚Äúla cantada me hace olvidarme de otras cosas‚ÄĚ.

La mayoría de los cardencheros son de la tercera edad.

La mayoría de los cardencheros son de la tercera edad.

El canto cardenche es un lamento y, en cierto sentido, A morir a los desiertos tambi√©n lo es. La situaci√≥n laboral de los habitantes de la Comarca Lagunera no ha mejorado mucho ‚Äďlas haciendas algodoneras han sido reemplazadas por maquiladoras‚Äď pero despu√©s de trabajar todo el d√≠a, los j√≥venes prefieren desahogarse con m√ļsica de banda o con rap. Por momentos, el documental de Marta Ferrer parece una eleg√≠a al canto cardenche, destinado a desaparecer.

Sin embargo, A morir a los desiertos tambi√©n revela que no todo est√° perdido: muestra a los talleristas de Sapior√≠z trabajando por preservar la tradici√≥n y a los viejos cardencheros esforz√°ndose por no olvidar las canciones. Quiz√°s la se√Īal m√°s esperanzadora para los enamorados de este g√©nero musical es la realizaci√≥n del documental mismo. Mientras existan creadores y p√ļblicos interesados en nuestro patrimonio cultural, √©ste dif√≠cilmente desaparecer√°. Aquellos que quieran conmoverse hasta las l√°grimas con el canto cardenche (o que sencillamente quieran saber de qu√© se trata), no tienen m√°s que asistir al cine y dejarse llevar al desierto.

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