Desigualdad

Un camino sin descanso

Reseña de Siempre andamos caminando

Por Paola Corrales

13 feb 2018

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La directora originaria de Oaxaca, Dinazar Urbina Mata, en su documental Siempre andamos caminando narra la travesía de tres mujeres provenientes de Santa Cruz Zenzontepec, un municipio en la Sierra Sur de Oaxaca, el cual, según datos de la Unidad de Microrregiones de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), es un municipio de 17,897 habitantes (2010) y cuenta con un grado de marginación y de rezago “muy alto”.

Las protagonistas, Julia, Catalina y Alberta, comienzan su viaje hacia Santa Rosa de Lima, una localidad situada en el municipio de Villa de Tututepec de Melchor Ocampo en el estado de Oaxaca, comunidad rural con un grado de marginación “alto” y con una población de 2,200 habitantes (2010), según datos de la misma fuente.

En el trayecto aparecen las primeras dificultades que las protagonistas afrontarán aún después de haber llegado a su destino. La marginación, la falta de oportunidades e inclusive el machismo son algunos de los problemas que afectan a las mujeres en su cotidianidad.

Julia, Catalina y Alberta –aunque diversas en su personalidad, gustos y contextos– presentan una funesta característica que las une: la marginación.

Para retratar esta cruda realidad, la directora hace uso de tomas largas, casi en silencio, que generan una atmósfera de quietud pero también de incertidumbre. Este estilo narrativo invita al espectador a la reflexión y al adentramiento a la vida de las protagonistas.

<em>Siempre andamos caminando</em>, dir. Dinazar Urbina Mata

Siempre andamos caminando, dir. Dinazar Urbina Mata

Un aspecto interesante que se observa a lo largo del documental es la enunciación de adjetivos como “cuchus”, “chocuitos” o “chocues”, que sirven para denominar a las personas originarias de Zenzontepec y que denotan una intención despectiva. Además de eso, se observa el menosprecio y abuso en particular hacia las mujeres de Zenzontepec. Por ejemplo, la película retrata su día de trabajo, por el cual algunas reciben un menor pago que los hombres,  aunque ellas realicen la misma labor.

Como el título lo indica, estas mujeres siempre andan caminando, y seguirán andando sin descanso gracias a la desigualdad. Julia, Catalina y Alberta son una pequeña muestra de lo que sucede en Oaxaca y en el resto del país. Urbina acompaña este acercamiento con imágenes crudas y bellas para poner el reflector sobre un fenómeno que podría parecer lejano para algunos espectadores, pero no por distante tendría que resultarles ajeno.

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