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Justicia

Entrevista a Enrique García Meza, director de Ayotzinapa, el paso de la tortuga

Por Ma. Cristina Alemán

24 mar 2018

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Ayotzinapa, el paso de la tortuga, dirigido por Enrique García Meza, y producido por Bertha Navarro y Guillermo del Toro, forma parte de la programación de la Gira Ambulante 2018, donde ha sido la película inaugural en varios estados. En entrevista, el director habló sobre el dolor y el enojo que dieron origen a este documental, sobre su proceso de investigación y rodaje, y sobre su sorpresa ante la reacción del público, que ha superado por mucho sus expectativas.

¿Cómo surgió este proyecto?

A mí me dolió mucho cuando vi la noticia, creo que fue el 28 o 29 [de septiembre, 2014] cuando la publicaron, era una nota pequeña y hablaba de 46. Me dolió mucho y obviamente también me causó molestia y enojo. En el caso de Bertha [Navarro] y Guillermo [del Toro] los percibí enojados y con ganas de hacer algo. Antes de haber platicado entre los tres, yo ya había decidido irme a Ayotzinapa. Se lo comenté a Bertha y ella me dijo que sí en seguida; en un par de días habló con Guillermo, lo platicamos y Bertha me pidió un tiempo para organizar todo lo de producción. Sólo que yo no respeté ese tiempo, me fui a Ayotzi a ver, a calibrar. Ayotzinapa, el paso de la tortuga nace básicamente por el dolor y el enojo de los tres, y fue posible gracias a Bertha, Guillermo y a todo el gran equipo que participó en su realización.

¿Cómo fue el proceso de investigación y rodaje? 

La investigación fue de la mano del rodaje, estando ahí. Yo tengo varios amigos y conocidos que son maestros rurales, entonces les preguntaba sobre Ayotzi y la explicación se fue dando ahí adentro; la información que yo recibí en un inicio y con la que comencé a saber por dónde investigar vino desde la escuela. Esto me llevó a visitar Iguala varias veces, donde las personas estaban comenzando a hablar, y así fui armando una estructura para comprender qué había pasado. Yo llegué a Guerrero el 2 o 3 de octubre, regresé el 8, y luego volví ya en forma el 16 de octubre con la producción armada entre Bertha, Guillermo y yo, la de primer arranque. Yo veía notas periodísticas raras en el sentido de que tampoco entendían muy bien lo que estaba sucediendo, había mucha información y a veces no sabíamos de dónde venía o cómo venía, eso se fue dando con el tiempo y con la investigación.

<em>Ayotzinapa, el paso de la tortuga</em> nace básicamente del dolor y del enojo.

Ayotzinapa, el paso de la tortuga nace básicamente del dolor y del enojo.

Ayudó mucho la gente de Iguala, que obviamente no quería hablar ni cerca de mi celular. Y poco a poco, conforme fue pasando el tiempo, fuimos sabiendo más. Por ejemplo, recuerdo que en enero ya teníamos bien ubicados a los autobuses y sabíamos que eran cinco; incluso en la escuela nos enseñaron una lista detallada de quién iba en cada autobús. Los que estábamos ahí fuimos dándonos cuenta, la prensa no se daba cuenta; hasta que el GIEI [Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes] lo hizo formal y ese proceso tardó como cuatro o cinco meses, pero adentro ya sabíamos que eran cinco autobuses.

En la investigación y en el documental vas pian pianito, no llevas prisa y entonces, como la historia está viva, se va acomodando todo.

Te van contando y la lógica se va dando, porque sí van cuadrando las historias. Esa era una de las mejores sensaciones, pensar “ya lo cuadré, ya pude”, como en un mapa o como cuando juegas submarinos y rellenas los hoyitos con los números y las letras. Eso sentí por momentos, y me da gusto porque también a la par el GIEI, Tryno Maldonado, Anabel Hernández, todos, cada quien por su lado íbamos llegando a un punto muy similar. Sí diferimos en pequeñeces, pero en el fondo creo que todos apuntamos a lo mismo.

¿Cómo fue el proceso de encontrar y conseguir el material de archivo que usas en el documental?

Lo de los propios alumnos de Ayotzinapa me lo pasó un chavo, que ya no está en la escuela, al que apodan “el Harry” porque se parece a Harry Potter. Con las televisoras, la producción tramitó y pagó los derechos. Con los demás, por ejemplo con Proceso o con La Jornada, fue cuestión de ir negociando con cada uno y en general todos estuvieron dispuestos a colaborar. El apoyo de La Jornada, lo digo de corazón, fue enorme y lo sentí muy bonito. En cuanto al material oficial, CEPROPIE [Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales] nos dio el material, lo pedimos y pensamos que no nos lo iban a dar, pero sí.

¿Por qué te pareció importante incluir la versión oficial de los hechos?

Es importante conocer la versión de ellos porque la siguen sosteniendo. Claro, muchos diferimos con esa versión porque no se parece a la que tenemos los demás; en el documental y también a través de muchas personas, vemos que les falló su investigación. La misma PGR [Procuraduría General de la República] tiene una dirección que es como de asuntos internos y su propia investigación apunta a que ahí no sucedió, que en el basurero y en el río Cocula no hubo huesos, que fueron sembrados. Ese informe de asuntos internos de la PGR está en internet, si lo buscas aparece. Pero es importante incluir la versión oficial porque les damos la voz que ellos sostienen todavía.

Creo que es el público el que acaba diciendo “sí me late, no me late, no me cuadra algo aquí”.

Lo que muestras en el documental difiere con la versión oficial, ¿te encontraste con alguna dificultad al momento de su realización?

Hubo momentos tensos. En el hotel donde me hospedaba dejaban algunas invitaciones diciendo que dejara de jugar con la cámara. No sé si eran mandados o era porque le caía gordo a los jefes de policía, no sé si era a título personal, pero la verdad es que sí dejaban los recados con el uniforme puesto. Hubo un momento también en el que a mí y a los chavos nos encapsularon, nos tuvieron como encapsulados grabándonos de pies a cabeza como 30 minutos; yo estaba quieto, no sabía que hacer, pero los chavos decidieron romper el cerco y ya me fui con ellos. Hubo varios momentos tensos y sí te sabes vigilado, pero directamente que alguien me hablara a decirme “soy fulano de tal y te estoy diciendo que dejes de grabar”, no, así de tajante no.

Los estudiantes de Ayotzinapa iban rumbo a la marcha conmemorativa de la matanza del 68, y al inicio del documental muestras imágenes de archivo del movimiento estudiantil de ese entonces. ¿Podrías hablar un poco sobre la relación entre ambas situaciones?

Es curioso que las normales rurales se iban a reunir todas en Ayotzinapa para salir juntas a la marcha conmemorativa del 2 de octubre. Para los estudiantes de las normales rurales es muy importante ir a esa marcha cada año, porque son jóvenes conscientes de la situación del país y asistir es parte de su aprendizaje, como de su curriculum. Este año le tocaba a la escuela de Ayotzi recibir a todos los estudiantes y es muy significativo que les pasara esto. Puede ser que haya sido casual, sólo una coincidencia, pero me queda claro que a las escuelas normales rurales del país las han ido desapareciendo poco a poco. Es importante para el gobierno desaparecerlas porque se quitan pesos de encima, pesos económicos y pesos morales o sociales, para ya no tener que lidiar con una escuela que les está causando conflicto.

A las escuelas normales rurales del país las han ido desapareciendo poco a poco.

A las escuelas normales rurales del país las han ido desapareciendo poco a poco.

¿Cuál ha sido la reacción del público que ha visto Ayotzinapa, el paso de la tortuga?

En la rueda de prensa de Ambulante en Morelia me gustó la reacción porque los tocó, estaban sorprendidos. Incluso a los más rudos o a los más “anti-ayotzi”, por decirlo de alguna manera, los sentí conmovidos. Y en Guadalajara [en el FICG]… todavía no he logrado asimilar la reacción de la gente. La gente quedó en shock, y cuando los vi, yo también entré en una especie de shock.

Y antes de presentarlo, ¿cómo te imaginabas que sería su reacción?

La verdad imaginaba dos versiones de lo que podía pasar. Una reacción como “ah está bien, pero X”. Y la otra… siempre quise provocar el “darse cuenta”, es como una filosofía personal de vida: date cuenta y a partir de ahí todas las cosas cambian.

Pensaba, “ojalá la gente se dé cuenta. No quiero tener la razón, no me la crean, pero ojalá se den cuenta”.

Mi ilusión era ese “darse cuenta”, pero la reacción de la gente por mucho rebasó lo que yo me llegué a imaginar. Estoy gratamente sorprendido, qué bueno que está pasando esto. Influyó que estuvieron conmigo en Guadalajara los papás, una estudiante sobreviviente y Marisa, la esposa de Julio Cesar Mondragón con su hija. Las reacciones de ellos eran muy fuertes, era la primera vez que veían el documental, tal vez por eso me sentía muy nervioso; a lo mejor me rebasó y por eso todavía no entiendo lo que está pasando. Parece ser que en las inauguraciones de Ambulante en Oaxaca y en Veracruz pasó algo similar a lo que sucedió en Guadalajara.

En tu opinión, ¿cuál es el poder del cine documental para transformar el aquí y el ahora?

El documental es un reflejo de ti mismo, te ayuda a verte, a conocer una parte que no conoces. Es un reflejo y es real, no es ficción, te conecta rápidamente con las personas, aquí y ahora.

¿De qué manera Ayotzinapa, el paso de la tortuga incide en el momento presente? Es decir, ¿por qué es importante verlo aquí y ahora?

Siempre es importante verte a ti mismo, porque cuando logras esa conexión contigo mismo vas a ver al de al lado, al que está junto a ti. Ya no es un rollo individualista, sino un rollo de comunidad, de sociedad, y eso es lo que creo que logra un documental. Ayotzinapa, el paso de la tortuga es un cachito de toda esta historia que estamos viviendo en México, es decir, Ayotzinapa es muy grande por lo que ha pasado, pero sucede todos los días, continuamente, en nuestro país. Creo que eso es lo poderoso de este documental.

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