Género

La importancia de un pasamontañas neón

Por Danya Irene Villegas

12 mar 2018

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El 30 de junio de 2011, el jefe de Gobierno de Rusia anunció su reelección en la campaña electoral de 2012 para asumir la presidencia del país como representante del partido Rusia Unida. Vladimir Putin, quien ya había gobernado en los dos periodos anteriores (1999-2008), se dispuso a retomar el trono del Kremlin y reformó una ley donde cambió la duración de la presidencia de cuatro a seis años. Este abuso de poder despertó el descontento de la oposición y de la juventud rusa, cuestión que desembocó en múltiples protestas y la creación de grupos políticos y activistas en resistencia.

Un par de meses después, una docena de moscovitas feministas se unieron para combatir la posibilidad de retorno del líder que promovía un excesivo nacionalismo y un régimen autoritario que trabajaba de la mano con la Iglesia Ortodoxa Rusa.

El mes de agosto de 2011 es recordado como el punto de arranque de un movimiento que, hasta la fecha, no ha flaqueado en la contundencia de sus acciones y la fuerza de su ideología. Pussy Riot, título con el que se autodenominaron las jóvenes mujeres cuyas edades oscilaban entre los veinte y treinta años, es un grupo de protesta que utiliza el punk rock (su principal influencia es el movimiento riot grrrl de los 90) como trinchera en la lucha.

La ideología de sus miembros se basa, en primera instancia, en un feminismo enfocado en la represión de los regímenes autoritarios que crean ideales de sexismo y vida familiar, prohibiendo el aborto legal y la vida pública de la comunidad LGBT+. También, comparten perspectivas que fluctúan en la anarquía, la izquierda liberal, el antiautoritarismo y la oposición a Vladimir Putin quien, según su visión, reproduce las agresivas políticas imperialistas de la Unión Soviética.

Como ellas mismas declararon en las primeras entrevistas anónimas (vía correo electrónico) que dieron, su intención no era agredir o matar a nadie; sus métodos pacíficos se basaban en la metáfora y el arte. Incluso, invitaban a las mujeres rusas a retomar su imagen y actitud usando pasamontañas, vestidos de colores brillantes, a tocar instrumentos musicales, escribir letras de protesta política y, lo más importante, buscar un buen lugar para presentar su performance. Para Pussy Riot, este último punto tiene gran relevancia porque la ilegalidad de ocupar un espacio público es lo que atrae la atención de los medios y la sociedad.

La filmación de una injusticia

Los tres performance-conciertos que Pussy Riot había tenido hasta ese momento tuvieron una duración aproximada de dos minutos. El grupo contaba con un equipo de quince personas que se dedicaban a grabar y editar las canciones y videos de las presentaciones para, posteriormente, publicarlos en la red y difundir el movimiento.

El performance número cuatro tuvo lugar en la Plaza Roja de Moscú; las activistas, ataviadas con sus característicos pasamontañas y vestidos de colores neón, gritaron al ritmo de sus guitarras estridentes lo que se podría traducir como “Toma la Plaza Roja, muéstrales tu libertad, la ira de la ciudadanía que crece en Rusia, revuelta, toma las calles”.

Pussy Riot, en el corto periodo de tiempo que llevaba militando, ya comenzaba a atraer la atención internacional de los medios de comunicación. La BBC, uno de los medios más importantes del Reino Unido, se dispuso a grabar un documental sobre la lucha de unas rusas que comenzaban a adquirir cualidades de heroínas nacionales. Mike Lerner, nominado al Óscar por su filme Hell and back again, y Maxim Pozdorovkin, dirigieron, produjeron y filmaron un proceso de seis meses en el que tres integrantes de Pussy Riot perdieron el anonimato y la libertad.

Los realizadores, atraídos por una curiosidad imperante después de ver el video del performance en la Plaza Roja, Putin Zassal, en español Putin se orinó encima, viajaron a Moscú para descifrar quiénes eran aquellas que, bajo la filosofía Do It Yourself (DIY), cortaron gorros para convertirlos en máscaras disidentes que poseen los colores fosforescentes de su personalidad.

La película comienza con un epígrafe escrito por Bertolt Brecht que sirve como premisa para comprender la búsqueda primaria del grupo: Art is not a mirror to reflect the world, but a hammer with which to shape it. Pussy Riot golpea al mundo con el martillo de la verdad, impacta al conservadurismo con su arte trasgresor y lo rompe para deconstruir algunas conciencias retrógradas y opresoras.

La cinta se comenzó a grabar sin certeza alguna sobre las condiciones del desenlace. En escena, podemos presenciar el ensayo previo del que fue el acto artístico y simbólico más relevante de la historia de la Rusia contemporánea.

El 21 de febrero de 2012, cinco integrantes de Pussy Riot subieron al altar (acto que estaba estrictamente prohibido para cualquier mujer) del templo más importante de la Iglesia Ortodoxa Rusa: la Catedral de Cristo Salvador en Moscú. Así comenzó la “plegaria punk”. Con el fondo musical del Ave María de Sergei Rachmaninoff y sus guitarras eléctricas, las mujeres rogaron a la Virgen María su conversión al feminismo, apoyar su protesta y deshacerse de Putin lo más pronto posible. Después de cuarenta segundos, fueron sacadas por fuerza física del templo. Esta acción política titulada Madre de Dios, aleja a Putin de aquí tenía como objetivo hacer una crítica a la alianza que existía entre Vladimir Putin y el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kirill, a quien acusaban de creer más en el político que en Dios.

El tres de marzo Nadya Tolokonnikova y María Alyokhina fueron arrestadas bajo el cargo de vandalismo. La tercera integrante, Katya Samutsevich, fue capturada dos semanas después. Las tres estuvieron bajo custodia hasta el inicio del juicio a finales de julio de 2012. La película titulada Pussy Riot: una plegaria punk muestra de manera detallada y objetiva el desorbitado proceso jurídico al que fueron sometidas cuyo final desembocó en una sentencia de dos años de cárcel en una comunidad penitenciaria en Siberia por “vandalismo motivado por odio religioso”.

El filme documental producido por BBC Four’s Storyville muestra una serie de entrevistas con familiares y miembros del grupo, videos de los ensayos y los performances que realizaron y un seguimiento minucioso del juicio. La visión universal que los realizadores presentan nos permite visualizar el odio, el temor y la misoginia que contienen los testimonios por parte de los detractores de Pussy Riot. Entre amenazas de muerte, humillaciones y hombres queriendo retroceder a la época de la inquisición (ortodoxos), Nadya, María y Katya sonríen a la cámara, confiadas de la pureza de su causa.

El resultado final de esta investigación cinematográfica se convirtió en una plataforma para probar la postura de las protestantes: la opresión del régimen bajo el que vivían convergió en un absurdo y excesivo castigo por su comportamiento, el cual fue decidido por los dos patriarcas que dirigen la Iglesia y el Estado, y secundado por toda la comunidad ortodoxa y putinista.

Las escenas del juicio nos presentan a tres mujeres seguras de su intelecto y sus ideas, valientes ante cada afirmación que pronuncian con una voz que no flaquea ante la denostación de sus actos. Nadya, María y Katya no le temen al aislamiento físico porque tienen la capacidad de pensar, de escapar con ideas inagotables y no se les puede despojar de la libertad de su ser interno; nadie puede apagar la rebeldía que arde en sus cuerpos. Las escenas nos muestran como cada una de ellas se levanta para señalar el simbolismo de su castigo comparado con la causa de su protesta, destacando las comparaciones que deben hacerse entre ese presente y la era soviética.

La película nos muestra el proceso penal hasta el último día del juicio en el que, sorprendentemente, Katya es absuelta de la sentencia por una revisión del video del performance en la Catedral, mientras que Nadya y María se ven obligadas a cumplir una pena de dos años de encarcelamiento y trabajo forzado en una prisión de alta seguridad, además de ser privadas de visitas por parte de sus hijos y familias.

El documental Pussy Riot: una plegaria punk fue el detonador para encender la respuesta mundial ante estos nuevos íconos del feminismo y el punk. Una película-reportaje cuya respuesta del público generó un sinfín de representaciones artísticas y movilizaciones políticas que exigían la libertad de tres mujeres que no tuvieron miedo de ejercer su libertad de expresión.

La historia que cuenta esta película habla sobre muchos temas; política, religión, identidad nacional, igualdad de género, la naturaleza de la libertad y la fuerza del punk rock. Lo que las pertenecientes a Pussy Riot han logrado es sorprendente, además de resignificar el poder de la palabra “pussy” y el feminismo no occidental.

 

El activismo político de Pussy Riot en la actualidad

Entre el 2012 y el presente hay una brecha de seis años en los que Pussy Riot no se desintegró ni detuvo la lucha política, tal como pretendían aquellos que intentaron sabotear cada una de sus apariciones en público. En un recuento de sus acciones más relevantes está la protesta en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 en los que fueron vejadas y golpeadas con látigos por parte de cosacos del Gobierno de Putin.

En 2017, María Alyokhina publicó un libro titulado Riot days donde denuncia los abusos y violaciones a sus derechos humanos que vivió en la comunidad penitenciaria. El libro, un acto puramente feminista y anarquista, no solo es una autobiografía sino un ensayo serio y profundo sobre las condiciones infrahumanas en las que se vive en las cárceles para mujeres de Rusia. Recientemente el libro fue convertido en una obra de teatro donde María, Nadya y otras Pyssy Riot reproducen la historia de su lucha hasta el presente. Sin embargo, la cárcel ha sido una constante para sus miembros aunque ninguna detención se ha prolongado más tiempo que la estancia de María y Nadya en los Montes Urales.

 

Las Pussy Riot se presentan en la Ciudad de México

La producción musical de Pussy Riot no ha cesado desde su formación hasta nuestros días. La evolución de su música es enorme ya que, desde hace pocos años, las integrantes del grupo dejaron atrás la disonancia del punk rock y el riot grrrl para incursionar en melodías que combinan pop, rock, hip-hop y electrónica. Esta nueva faceta de Pussy Riot ha generado mucha controversia sobre la supuesta infidelidad a los preceptos originales del grupo, sin embargo, al ver sus videos y escuchar las letras de sus canciones, es evidente que la actitud de autonomía, rebeldía y protesta sigue siendo la premisa de su producción artística.

El próximo domingo 18 de marzo, en el 19o Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, se presentarán Nadya y otras integrantes de Pussy Riot para hacernos bailar al ritmo de “I can´t breathe”, “Chaika” y “Make America Great Again”, una pieza en respuesta a la presidencia de Donald Trump que seguro hará explotar a la audiencia en una danza motivada por la rebeldía y el poder femenino.

El documental Pussy Riot: a punk prayer se proyectará en la Carpa Ambulante del Vive Latino el domingo 18 de marzo a las 19:40 hrs. como parte de las actividades Ambulante.

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