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Autorreferencial

La vida surrealista de Julia

Reseña de Muchos hijos, un mono y un castillo

Por Paola Corrales

19 mar 2018

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El actor y director español, Gustavo Salmerón, con el documental Muchos hijos, un mono y un castillo abre la puerta hacia su intimidad mostrando la vida de su madre: Julia Salmerón, quien advierte: “esto no es lo que la gente quiere ver en una película”. Sin embargo, muy a pesar de lo que  la protagonista piensa, las imágenes de su cotidianidad resultan hipnóticas.

La personalidad extraordinaria de Julia abarca toda la pantalla.

Su carisma le roba el protagonismo a los miembros de la familia Salmerón y nos adentra en la vida de una mujer española de 82 años de clase media, cuya vida sale de toda convencionalidad.

Como el título del documental señala, hay tres cosas que Julia deseaba en su juventud y el destino se las concedió: con seis hijos, una vida sin lujos (pero sin carencias) y un mono de mascota, los Salmerón reciben una herencia y deciden irse a vivir a un verdadero castillo. Logrando así tener muchos hijos, un mono y un castillo.

Entre cientos de cajas y todos los objetos que Julia no puede permitirse tirar (gracias al Síndrome de Diógenes, característico por su afán para acumular objetos), Gustavo busca las vértebras de su abuela; la pesquisa es el pretexto o el macguffin del documental que revelará el verdadero argumento, y que al igual que la fotografía, demuestran que la cinta no es un simple video familiar.

Las imágenes de la vida cotidiana de Julia resultan hipnóticas.

Las imágenes de la vida cotidiana de Julia resultan hipnóticas.

La acumulación de objetos materiales para muchos resulta una banalidad. El caso de Julia, en apariencia, podría ser ejemplo de ello. Sin embargo, al final del documental se entiende que la vida de Julia se encuentra en cajas que llenan armarios y que cada una es un relato fantástico.

Cabe destacar que la situación se desarrolla en España en 2014, en el marco de la crisis económica española, por la cual los Salmerón pierden su castillo y son obligados a salir de este. Julia, ante la situación, destapa desde su posición política hasta las instrucciones para el día de su muerte: con un hábito de monja, el villancico “Noche de paz” y la obligación de picarla con una aguja de tejer –con la finalidad de cerciorarse de que no se encuentre aún con vida– Julia planea el día que ha de dejar el mundo.

Su miedo al paso del tiempo, pero de igual forma sus ganas de burlarse de la muerte, son el reflejo de las contradicciones y el surrealismo con el que Julia vive y hacen de su vida una historia fascinante.

Este documental no es un filme infortuito, por un lado, da razón de la visión e influencia de Gustavo como actor y director (alguna repercusión debe tener ser hijo de Julia), y por otro lado cuestiona algo tan complicado como lo que puede llegar a ser la vida diaria.

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