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Los frutos de la guerra

Reseña de De padres e hijos

Por Ma. Cristina Alemán

29 mar 2018

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La idea del islam extremista ha permeado las noticias desde hace décadas; lo relacionamos con actos terroristas, violación a los derechos humanos (en especial de las mujeres), y guerras religiosas encabezadas por grupos como Al Qaeda, ISIS y el Frente Al-Nusra, que son, en suma, “el coco” de la política internacional. Pero, ¿cómo funcionan estos grupos desde dentro? Y, en un círculo aún más íntimo, ¿cómo es la vida cotidiana de las personas adscritas a esta ideología? En De padres e hijos, Talal Derki deja su vida en Berlín para regresar a Siria, su tierra natal, y conocer el salafismo yihadista desde las entrañas, desde una perspectiva familiar.

Vemos a un padre cariñoso con sus hijos.

Vemos a un padre cariñoso con sus hijos.

Posando como fotógrafo de guerra y fingiendo ser simpatizante del islam radical, el documentalista se adentra en la provincia de Idlib. Esta zona ha sido uno de los focos principales de violencia en la Guerra Civil Siria –un campo de batalla para Bashar al-Asad contra los rebeldes que se oponen a su gobierno– y desde 2015 está ocupada por el Frente Al-Nusra (vinculado con Al Qaeda). Ahí, en la boca del lobo, Talal Derki es recibido con los brazos abiertos por un padre de familia que le permite registrar su cotidianidad, y la de sus ocho hijos, durante varios años.

Para el cineasta, este es un ejercicio parecido al de escribir sus pesadillas para que no vuelvan a aparecer, sin embargo, el panorama no es inmediatamente el de una película de terror. Vemos a un grupo de niños jugando futbol en un espacio abierto, a un padre cariñoso con sus hijos, una comida alegre entre amigos, y a unos pequeños a los que les brillan los ojos de curiosidad frente a la cámara.

Es poco a poco que De padres e hijos revela las monstruosas consecuencias de la guerra, primero a través de los detalles y después, de golpe, muestra la violencia en todo su horror.

Los niños capturan un pajarito y el padre les pide que lo maten para que no sufra demasiado en sus manos. Ellos obedecen alegremente y luego presumen la participación de cada quien en el sacrificio. Osama, el hijo mayor y uno de los protagonistas del documental, declara orgullosamente: “Sujetamos su cabeza y se la cortamos, como tu hiciste con ese hombre, padre”. En muchos sentidos son como cualquier niño, juegan con lo que tienen a la mano y, a veces, son crueles. La diferencia es que ellos nacieron en guerra, dentro de un grupo que lucha por establecer un califato islámico sin importar el costo humano que esto implique. Ellos son buenos niños y hacen lo que se espera de ellos. Ellos son parte del costo humano.

“Sujetamos su cabeza y se la cortamos, como tu hiciste con ese hombre, padre”

“Sujetamos su cabeza y se la cortamos, como tu hiciste con ese hombre, padre”

De padres e hijos nace de, y provoca, una profunda indignación ante las creencias y acciones de estas personas, pero ­–casi como un efecto secundario inevitable de acercarse a una familia tan íntimamente– también causa empatía. ¿Cómo juzgar a alguien que está dispuesto a todo con tal de defender su ideología?, ¿cómo señalar a un vecindario cuyas tierras han sido plantadas de minas?, ¿cómo ignorar las ruinas, humaredas y el sonido de las bombas que son parte de su paisaje cotidiano? Dice Talal Derki: “La guerra plantó semillas de odio entre vecinos y hermanos, y ahora el salafismo yihadista está cosechando los frutos”. Este documental es el retrato de esos frutos.

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