¿Por qué dedicar una sección a Teo Hernández?

Ambulante tras bambalinas

Por Ma. Cristina Alemán

21 mar 2018

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En la Gira 2018, Injerto, la sección de cine experimental de Ambulante, está dedicada a un solo cineasta: Teo Hernández (Ciudad Hidalgo, 1939 – París, 1992), cuyo trabajo ha sido poco exhibido en nuestro país. El programa de Ambulante, que se enmarca dentro de la primera exposición retrospectiva integral del artista en México, Estallar las apariencias: Teo Hernández, curada por Andrea Ancira para el Centro de la Imagen, es una oportunidad ideal para conocer su obra. A continuación, Andrea Ancira (investigadora, editora y curadora) explica por qué Teo Hernández es una figura clave en el cine experimental mexicano y francés, y nos aconseja cómo acercarnos a sus películas por primera vez.

¿Podrías hacer una breve introducción al trabajo de Teo Hernández? ¿Qué lo distingue como artista y por qué es importante conocer su obra?

Teo produjo la mayor parte de su obra en París entre las décadas de los setenta y ochenta. En ese entonces, la tendencia del cine experimental era el cine estructural, un cine minimalista que rechazaba la narrativa y figuración clásica, en favor de la exploración de los parámetros técnicos y materiales del medio fílmico. Se podría decir que lo que distingue el trabajo de Teo de dicha tendencia internacional es su cine táctil, una especie de cine expandido interdisciplinario y autodidáctico, caracterizado por un flujo orgánico y permanente entre la puesta en escena de la psique y la intimidad del cineasta a través de lenguajes estéticos como el cine, la foto, la poesía y la expresión corporal. El cine táctil pone en crisis o en ruptura los principios del cine experimental mainstream de la época, aún dependiente de la alta cultura y de cierto academicismo, ambos profundamente eurocéntricos.

Si comúnmente el cine experimental se sitúa en los márgenes de la producción cinematográfica, se podría decir que la obra de Teo ocupa un margen dentro de dicha marginalidad en más de un sentido.

¿A ti, personalmente, qué es lo que más te atrae del trabajo de Teo Hernández?

Pues han habido varios aspectos del trabajo de Teo que me han atraído y supongo que con el tiempo, y en la medida en la que sigo conociendo más su trabajo, eso va cambiando. En un inicio lo que más me llamó la atención fue su técnica, los movimientos vertiginosos de su lente, los cortes veloces y, por otro lado, el arte y el diseño de producción de sus películas que yo asocié a cierto neobarroco latinoamericano, una corriente cultural de finales del siglo pasado que he venido estudiando de un tiempo a la fecha.

El primer film que vi fue Grial, una de las cuatro películas de El cuerpo de la pasión (1977-80), un proyecto en el que Teo se apropia del mito cristiano para hacer una interpretación “pagana” o si se quiere, mestiza, pues pareciera que tanto el tema como la escenografía, e incluso el diseño sonoro, derivan de la violenta negociación, intercambio y choque de códigos y símbolos culturales entre el viejo y el nuevo continente. Lo que me interesó de este enfoque fue la convivencia aparentemente contradictoria entre lo radical de su exploración formal más vinculada al cine estructural y, al mismo tiempo, el abigarramiento visual, el exceso y la desmesura de sus filmes que lo alejarían de aquella tradición, aquella historia del cine. Después me interesaron mucho la autodocumentación escrita y visual de sus procesos e investigaciones que, en mi opinión, prefiguran prácticas muy comunes en las neovanguardias y el arte que se hace hoy en día. Además de estos aspectos, me gusta la manera en que su cine presenta una forma de sensibilidad gay, no necesariamente explícita o sexualizada, vivida y expresada como relato de la vida cotidiana.

"Me gusta la manera en que su cine presenta una forma de sensibilidad gay..."

“Me gusta la manera en que su cine presenta una forma de sensibilidad gay…”

¿Cómo surgió la idea de dedicarle la sección de Injerto a este artista?

El trabajo de Teo es poco conocido en México, así que pensar en su difusión amplia ha sido, desde el inicio del proyecto, una consideración siempre presente en la propuesta curatorial. Si bien la exhibición de las películas y documentos por sí sola ofrece una perspectiva panorámica del trabajo de este artista, dicha experiencia difiere mucho de la que el espectador puede tener en una proyección de cine. De ahí que, como parte de la propuesta curatorial y con miras a ampliar no sólo el alcance territorial y diversidad de públicos a esta obra, sino también el tipo de experiencia sensible en general, me pareció buena idea proponerle a Ambulante conjuntar esfuerzos e incluir una pequeña selección de películas de Teo en el programa de Injerto. Afortunadamente esta propuesta fue muy bien recibida por Paulina Suárez [directora general], Allegra Cordero [programadora] y Meghan Monsour [directora de programación], quienes ya tenían cierto conocimiento e interés en esta obra. Así que, aprovechando que este año la Gira coincidiría con la exposición Estallar las apariencias: Teo Hernández que se llevará a cabo en el Centro de la Imagen del 19 de abril al 15 de julio, así como con la publicación de la traducción en español y edición crítica de los diarios de este artista, me propusieron dedicar toda la sección de Injerto de este año a Teo Hernández. Y yo, encantada.

¿Qué recomendaciones le harías a alguien que se acerca al trabajo de Teo Hernández por primera vez? (En las notas de programación escribes que hay que verlas como “actos de magia”, ¿por qué?)

A quien vea por primera vez estas películas yo sugeriría que se abandone al trance y al delirio que éstas provocan, sin prejuicios ni demasiadas pretensiones.

Que considere que, en el caso de Teo, la experimentación no es un vehículo de exploración técnica que hay que descifrar —o no únicamente— sino que tiene una naturaleza social, de cualquier grupo de amistad o colectivo, que apunta a la construcción de vías alternas, titubeantes y/o anónimas para sentir, habitar, reconocer el mundo, o incluso fugarse hacia otros mundos y universos simbólicos, como sucede en fenómenos de éxtasis.

Si bien las películas tienen múltiples capas de significados, muchas de ellas súper clavadas y de especialistas, éstas no están ahí para ser interpretadas de manera “correcta”; eso es absurdo. Teo procuraba que sus películas desataran lecturas y visiones abiertas, múltiples y libres, más allá del cine; incluso las concebía como diferentes en cada proyección, según el contexto singular, con lo cual resignifica el acto de ver cine como praxis social, celebración y, en última instancia, rito. Así, ver estas películas como “actos de magia” (como sugiero en las notas de programación) supondría pensar al cineasta como mago, es decir, un ser que conoce técnicas especiales, a veces crípticas, para (destruir y) reconstruir mundos. En este caso, técnicas que comienzan siendo ópticas y que acaban involucrando el cuerpo entero, como en la danza o la curación en sentido amplio.

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