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¿Por qué hacer una retrospectiva de Frederick Wiseman?

Ambulante tras bambalinas

Por Ma. Cristina Alemán

9 mar 2018

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La Gira de Documentales Ambulante 2018 incluye una retrospectiva del cineasta estadounidense Frederick Wiseman, compuesta por cuatro títulos que viajarán por los estados y una muestra más amplia de doce películas que se exhibirá en la Ciudad de México. En entrevista, Antonio Zirión, programador de Ambulante (además de doctor en Ciencias Antropológicas e investigador de la UAM), explica por qué Wiseman es una de las figuras clave para entender el cine documental contemporáneo. También comparte su entusiasmo por los títulos de la retrospectiva que, en sus palabras, ofrecen al espectador una experiencia más parecida a la de visitar un lugar desconocido, que a la de ver una película.

¿Qué distingue a Frederick Wiseman como documentalista y por qué es importante conocer su obra?

Frederick Wiseman es importante por muchas razones. En primer lugar, porque tiene una trayectoria muy extensa, han pasado cincuenta años desde que hizo su primer documental y tiene cuarenta títulos en su haber. Es uno de los documentalistas estadounidenses más consistentes y prolíficos; tiene un cuerpo de trabajo muy abundante y con una clara continuidad temática y estilística. Así, ha forjado una escuela –una forma de hacer documental– que es importantísima y que en su momento (en los años 60) se le conoció como cine directo, cine observacional o cinema verité, dependiendo de sus versiones y vertientes.

El cine directo es fundamental para entender el documental contemporáneo; representa un parteaguas, marca un antes y un después en la forma en la que nos aproximamos a la realidad a través del cine.

Surge gracias a los avances tecnológicos de aquella época: la posibilidad de grabar con cámaras pequeñas, ligeras, sin tripié, en movimiento y, sobre todo, de grabar el sonido de manera sincrónica (es decir, junto con la imagen). Todo esto aportó a la creación de una forma distinta de acercarse al mundo y de documentarlo. Wiseman pertenece a la primera oleada de cineastas norteamericanos pioneros en este movimiento; ha continuado ejerciéndolo y perfeccionándolo por más de medio siglo, fiel a algunos de sus principios, pero a su vez, no ha dejado de renovarlo y reinventarlo, incorporando diferentes recursos tecnológicos y nuevas formas de ver. Por todas estas razones, Wiseman es una figura primordial en la historia del cine documental.

Por otro lado, quizás el sello más distintivo de Wiseman es su enfoque crítico sobre las instituciones en general. Es como si fuera un sociólogo con cámara que va analizando parte por parte toda la maquinaria social a partir de las instituciones. Ha hecho documentales sobre manicomios, cárceles, hospitales, escuelas, universidades, museos, bibliotecas, rastros, clubes nocturnos, gimnasios de box… en fin, le dedica una consideración muy profunda a todo el abanico posible de instituciones. Se mete hasta las entrañas de estos organismos para dar cuenta de su funcionamiento y de todos los actores involucrados en su operación y su reproducción.

En <em>Titicut Follies</em> Wiseman explora una cárcel psiquiátrica.

En Titicut Follies Wiseman explora una cárcel psiquiátrica.

En este momento, cuando en nuestro país atravesamos por una crisis de legitimidad de todas las instituciones –de las públicas sobre todo, pero también de las del sector privado– resulta crucial encontrar nuevas formas de analizarlas, de dialogar con ellas, de cuestionarlas, o de reconocer sus logros y apreciar sus aspectos positivos. Justo ahora, en este intenso ahora, en el arco temporal que se abre entre el temblor y las elecciones, hay mucho en juego para el destino de nuestro país, por lo tanto es importante ser muy reflexivos y autocríticos con nuestras instituciones. Por ello nos pareció que dar a conocer la obra de Wiseman nos puede ayudar a mirarnos y a entendernos mejor como sociedad.

¿A ti, personalmente, qué es lo que más te atrae del trabajo de Wiseman?

Lo estudié justo como una figura muy importante en la evolución del lenguaje cinematográfico y del género documental; me llamó mucho la atención el caso de su primera película, Titicut Follies (1967), que estuvo censurada mucho tiempo porque revelaba maltratos en una cárcel psiquiátrica en Estados Unidos. Me interesó su aproximación tan íntima, tan cercana, tan vívida a una realidad tan dura, y su poder para dar cuenta de ella a través de la cámara.

El cine de Wiseman me reveló un fecundo método de investigación.

Más que realizar una obra de arte cinematográfico, se trata de darle al cine un uso práctico, de aplicarlo como un instrumento para el análisis de la realidad; para la observación y el estudio de la sociedad. Eso es lo que me resultó sumamente atractivo del trabajo de Wiseman.

Para alguien que se acerca al trabajo de Wiseman por primera vez, ¿cuál de las películas que están en la Gira 2018 sugerirías para comenzar?

A mí me encanta su más reciente película Ex libris: la Biblioteca Pública de Nueva York (2017), que hizo a sus 87 años, porque demuestra que Wiseman sigue mejorando y reinventándose. Es una película sobre la biblioteca pública de Nueva York, que muestra a las bibliotecas no sólo como repositorios de libros, sino como lugares de encuentro con el conocimiento, de encuentro con gente diferente, de inclusión, de celebración de la diversidad. Es una película preciosa que contiene los mejores elementos del cine de Wiseman. Pero hay otras muy entretenidas como Gimnasio de box (2010), que de manera muy ágil te mete en un gimnasio de box en donde confluye gente de diversos grupos étnicos. También entre mis favoritas está La danse: el Ballet de la Ópera de París (2009), sobre la compañía de Ballet de la Ópera de París.

Casi todas sus películas comparten una característica, son muy extensas, pero quisiera recomendarle al público que no les rehúya por eso.

Es como tener la oportunidad de meterte dos o tres horas de tu vida a las entrañas de otros mundos. Wiseman te transporta y te hace sentir que estás ahí, acabas conociendo una misma institución desde muchos ángulos diferentes. Lo más recomendable es ir al cine con la mente abierta, como si se fueran de viaje o de visita a un lugar desconocido, y no tanto con la idea de que van a una sala a entretenerse con una película. Mi sugerencia es que se dejen ir, que se dejen llevar a conocer otras realidades sociales a través del cine.

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