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Conflictos sociales

En busca del equilibrio

Reseña de Rush Hour

Por Samuel Maddox

19 mar 2018

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Traducción: Sara Sandoval.

Para mucha gente de todo el mundo, las grandes ciudades representan una oportunidad. Pueden significar un trabajo bien pagado, mayores oportunidades de educación o incluso ese encuentro casual que puede llevar a una vida duradera y feliz en pareja. Claro que, para la mayoría, el acceso (o al menos la esperanza de tener acceso) a tales facilidades tiene un precio. Para muchos de los que habitan en las megalópolis de hoy en día con la esperanza de tener una mejor vida para ellos y para sus familias, el precio viene en forma del tiempo y energía invertidos en atravesar la ciudad al menos dos veces al día en sus viajes desde y hacia el trabajo. La película Rush Hour, de Luciana Kaplan, sigue la vida de tres personas que residen en tres de las megalópolis más congestionadas del mundo, la Ciudad de México, Los Ángeles y Estambul, a medida que lentamente se adentran, atraviesan y salen de sus respectivas ciudades todos los días. Ya sea que hayan llegado a la ciudad para escapar de terribles circunstancias o para buscar mejores opciones, estas tres personas ahora se encuentran atrapadas en un patrón agotador y debilitante que les hace preguntarse si aún vale la pena.

Ante todo, Rush Hour se revela como una película sobre la familia.

El aparentemente imposible equilibrio entre proveer para su familia y estar presente física y emocionalmente ocupa un lugar preponderante en las tres narrativas. Esta paradoja se ve exacerbada por la escala de las ciudades que cada uno llama su hogar. Aunque todos comparten esta lucha por encontrar el equilibrio, cada personaje, en su respectiva ciudad y contexto, encarna un problema más grande que ellos mismos, como la inequidad social y económica, los desafíos de la paternidad o maternidad con el trabajo, y el descontento que provocan los sueños no realizados.

Primero, nos presentan a Estela, una mujer de la clase obrera que apoya a su madre y vive con su hermana y su hijo adulto, quienes se mudaron a la Ciudad de México para escapar del peligro y la violencia que afectan a su ciudad natal. Tras despertarse a las 5:00 a.m. todas las mañanas, se abre paso a través de la oscura ciudad hacia una estética de lujo en la que atiende a mujeres mucho más privilegiadas que ella. El contraste entre su vida y la de sus clientes es sorprendente cuando escucha una conversación sobre lo abrumadoramente difícil que les resulta la meditación. Mientras tanto, la propia salud de Estela está tan devastada por el estrés de su vida cotidiana que visita a una curandera para aliviar su dolor psicógeno. Por otra parte, incluso la acción específica de su trabajo, lavar el cabello de la gente, contrasta con su vida en el hogar, donde debe bañarse utilizando solo un balde de agua caliente.

Mientras tanto, en Estambul, el viaje de una madre desde su hogar en Asia hacia una tienda para mujeres en el lado europeo se traduce en pasar pocas horas con sus hijos pequeños cada noche. La ansiedad de separación que sienten tanto la madre como su hija Ela llega a un punto crítico cuando Ela se queda en casa sin ir a la escuela, asegurándole a su madre que todo estará bien, pero después siente miedo. La madre de Ela tiene que examinar sus opciones, ¿cuál es la decisión correcta para su hija, su trabajo y su familia? En una escena de camino al trabajo, la madre de Ela reflexiona: tal vez su hijo Harun podría ser un piloto, y tal vez Ela arquitecta o ingeniera. Todo lo que ella quiere, todo para lo que sirve su agotadora vida, es que sus hijos estudien, tengan éxito y se hagan de una vida mejor.

¿Cuál es la decisión correcta para su hija, su trabajo y su familia?

¿Cuál es la decisión correcta para su hija, su trabajo y su familia?

Mike, un ingeniero que vive en Los Ángeles, en lugar de tomar el transporte público como sus contrapartes, maneja hasta cinco horas al día hacia y desde un sitio de construcción. Su situación se diferencia a la de las mujeres en las otras narraciones, ya que su hogar es más reluciente y su trabajo es tal vez más prestigioso, pero aún así está atormentado. Su vida sufre de falta de plenitud. Desde intentos de embarazo, hasta sueños de ser músico, el precio del trabajo de Mike en tiempo y energía, y su transportación hacia el mismo, parecen obstaculizar todo lo que quiere en la vida, a pesar de brindarle estabilidad económica. La historia de Mike sirve como contraste con las demás. Es una alusión al hecho de que el pasto no siempre es más verde del otro lado. Incluso con su inmensa cantidad de privilegios, el tiempo sigue siendo un premio, y el costo de la vida en la ciudad de Los Ángeles seguramente se paga con eso.

Además de los desafíos obvios que enfrentan los tres, hay un tono sombrío en esta película. Cada viaje es contemplativo y solemne, ya que tienen tiempo para reflexionar sobre sus circunstancias, sus elecciones y sus realidades. Se mueven en una oscuridad parcial, se levantan temprano y regresan tarde. Las radios y televisiones informan las preocupantes noticias (carreteras congestionadas, accidentes de tráfico, el aumento de los crímenes violentos) como para imponer su melancolía como normativa. La oscuridad solo se ve interrumpida por momentos alegres compartidos con la familia durante las noches o con amigos durante la comida. La proporción aquí, un reflejo de su propio tiempo, es dolorosa. Sin embargo, la calidad de este momento, quizás aún más preciado por su brevedad, nos hace comprender cómo, al final del día, tal vez todo parezca valer la pena, o al menos vale la pena repetirlo.

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