🤖 Ya estrenamos Hasta los dientes, consulta la cartelera aquí 

Desaparecidos

El cuarto de los huesos

Por Paulina Suárez

28 may 2018

Compartir

El acto de desenterrar restos humanos, cotejando cadáveres anónimos a nombres de desaparecidos, se ha convertido en una escena demasiado común en México y Centroamérica. Aun cuando el asesinato masivo de civiles continúa cometiéndose impunemente, la identidad de los perpetradores no queda clara. ¿Se trata del Estado, en complicidad con las organizaciones criminales? ¿O riñas entre pandillas locales? ¿Qué papel juega la migración a Estados Unidos en la desaparición sistemática de ciudadanos? La falta de responsabilidad política y un sistema legal disfuncional, así como la indiferencia generalizada hacia la vida humana, han profundizado la crisis social de la región.

El cuarto de los huesos registra valientemente el arduo trabajo de antropólogos forenses en El Salvador, donde decenas de miles de personas han sido asesinadas en la última década, sus restos enterrados en tumbas clandestinas. La mayoría son hombres jóvenes, víctimas de una variedad de agravios: riñas entre pandillas, migración, o en las tumbas más profundas, las consecuencias de la atroz guerra civil que se vivió en el país de 1980 a 1992. “La tierra sobre la que caminamos”, dice un médico forense, “está llena de cuerpos”. Los investigadores pasan incontables horas exhumando cadáveres, clasificando restos de esqueletos y rearmando la evidencia testimonial. Al hacerlo, no sólo intentan resolver el horripilante rompecabezas que tienen delante, sino que restauran las identidades de cadáveres anónimos, ofreciendo consuelo a familias desesperadas. Las conmovedoras entrevistas con madres y abuelas, que buscan incansablemente a sus familiares desaparecidos, obligan al espectador a volverse testigo de su sufrimiento y a escuchar sus exigencias de justicia y verdad.

El cuarto de los huesos es un trabajo necesario que funciona como testimonio del legado catastrófico de la violencia que continua asolando a El Salvador. La estructura abierta del documental es un acierto: el sufrimiento que retrata excede las capacidades narrativas o los límites de nuestro entendimiento. Este trabajo declara audazmente que, no importa qué tan desgarradoras sean, las imágenes y voces que registra deben formar parte de nuestra conciencia pública.

Relacionados

Más documentales sobre Desaparecidos

Patrocinadores