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Culturas y pueblos ancestrales

El próximo guardián

Por Gabriela D. Ruvalcaba

23 may 2018

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Un monje danza con máscaras en el patio de un monasterio tibetano, una chica “con alma de chico” y su hermano juegan con balones de futbol y cantan, sin más propósito que “vivir la aventura de la vida”. Esta secuencia de imágenes muestra el microcosmos de diversos lugares del planeta, que cuestionan cómo convivir en sintonía con las nuevas generaciones que se interesan por ídolos que se diluyen con cada moda, y también cómo enfrentar la alienación que sustituye la colectividad.

Esta grieta se hace mayor entre generaciones, y más evidente en pueblos donde el territorio es sagrado y la espiritualidad ha permeado la historia de sus habitantes. Tal es el caso de Bután, un pequeño país al sur de Asia, lleno de monasterios resguardados por monjes desde hace cientos de años. En este lugar, para asegurar que el budismo se conserve entre las nuevas generaciones, cada familia envía a uno de sus hijos a escuelas que enseñan la iluminación necesaria para convertirse en guardianes de los templos, pero ¿qué pasa cuando uno de ellos decide rechazar esta tradición?

El próximo guardián (The Next Guardian) retrata a dos jóvenes que buscan cambiar el hábito budista por chaquetas deportivas y tenis de futbol, y que prefieren conocer chicas por internet que sentarse a meditar; una decisión difícil para una generación que observa, a través de la rendija virtual, un mundo de posibilidades demasiado estimulantes.

Los directores logran atravesar la mencionada grieta mediante su mirada a los sueños y deseos de los jóvenes; un panorama íntimo que se construye sin su intervención directa, desde el seguimiento cotidiano de los personajes. Además, la fotografía —una explosión de colores— y el diseño sonoro contribuyen a la construcción cinematográfica del contraste entre generaciones.

Este documental muestra la capacidad del cine para devolver la mirada a nuestra propia realidad, construyendo empatía entre sociedades distintas que se enfrentan a los mismos dilemas producto de la estandarización cultural, como son la religión, la identidad, los anhelos y las relaciones familiares. Por eso es relevante retratar los procesos que enfrentamos en cada época, para reflexionar sobre nuestras propias grietas y vivir sin dejar de mirar ambos lados de la historia.

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