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La fascinante vida de Jane

Por Alice Oziol

16 may 2018

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El especismo consiste en considerar a los animales como especies inferiores a los humanos y por ello, al crear una jerarquía entre seres vivos, se podría comparar con cualquier otro tipo de discriminación. Sin embargo, la lucha por los derechos de los animales ha obtenido un lugar cada vez más importante en el debate público. Incluso existen movimientos que defienden una interseccionalidad entre la lucha feminista y la lucha por la defensa de los derechos de los animales. En cierto modo se podría decir que Jane Goodall sería, sin pretenderlo, una de las primeras mujeres en encarnar esta lucha interseccional.

Jane Goodall, científica originaria de Londres, se rebeló contra todo lo que se podía esperar de una joven inglesa a finales de los años cincuenta, lo cual básicamente consistía en ser madre y una esposa ejemplar. Se rebeló también contra un universo científico dominado por hombres y que consideraba que los animales, desprovistos de características humanas tales como la capacidad de sentir emociones, no constituían un campo de interés antropológico.

A pesar de todo este contexto, Jane Goodall se fue a Tanzania convencida de que estudiar a los chimpancés nos permitiría entender algunos aspectos de la evolución y el comportamiento humano. Sus esfuerzos no fueron en vano, ya que no tardó en ser aceptada por los primates y descubrir que, al igual que los humanos, estos utilizaban utensilios para alimentarse. En los años sesenta, este descubrimiento revolucionó la concepción científica en torno a los animales.

Jane es una película que muestra una mirada tierna a la fascinante vida de Jane Goodall, y un retrato sensible de esta última. Y es que sus imágenes de archivo fueron grabadas por Hugo van Lawick, reconocido documentalista de vida salvaje, que National Geographic mandó al parque nacional de Gombe para filmar a la científica, y que rápidamente se convirtió en su esposo. De esta unión nació un niño que la pareja quiso educar en la misma selva donde se habían conocido. Fiel a sus principios, Jane decidió darle a su hijo una educación inspirada en la relación de una hembra chimpancé, Flo, con su cría, Flint. Una relación que en muchos aspectos le recordaba a la que tenía con su propia madre, la cual la acompañó en sus primeros años en África.

La maternidad es un tema central en este documental dirigido por Brett Morgen. De este asunto podríamos destacar dos aspectos: la maternidad como una elección —y no una obligación— y la maternidad como una experiencia común a todas las hembras mamíferos. Una prueba más del parecido entre humanos y primates develada por este documental es la relación entre Flo y Flint. Ver la dependencia emocional que puede sentir un chimpancé hacia su madre evidencia el carácter primitivo de nuestros sentimientos más básicos, tales como el amor. El odio también, pues en las últimas escenas de la película asistimos a momentos de lo que Jane Goodall describe como “la guerra de los cuatro años” entre chimpancés del parque nacional de Gombe. Todos estos comportamientos nos hacen plantearnos dónde está la línea entre lo natural y lo cultural, es decir nuestros instintos animales y lo que hemos construido como humanos.

Con sus 84 años recién cumplidos, la protagonista de esta película musicalizada de forma magistral por Philip Glass, sigue siendo una figura activa e influyente en la lucha de defensa de los animales y del medio ambiente.

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