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Por Arantxa Luna

23 may 2018

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Jair Candor observa el horizonte con incertidumbre. Con paso decidido, Pakyî y Tamandua se alejan para introducirse bajo el espeso manto de la selva amazónica; para ellos esta despedida significa nada, su libertad está presente y es poderosa, no importa si su alrededor agoniza ante la crueldad humana.

Piripkura de Renata Terra, Bruno Jorge y Mariana Oliva, toma como protagonistas a estas tres personas: Candor trabaja para la Fundación Nacional del Indio (Funai) en Brasil y es encargado de la protección de la selva en Mato Grosso, el hogar de Pakyî y Tamandua, dos de los tres últimos miembros conocidos de la Piripkura.

Esta coincidencia los unirá inevitablemente en una suerte de hermandad que sobrepasa el lenguaje: aborígenes de la selva amazónica, estos dos personajes son fantasmas que conocen a la perfección la naturaleza y sobreviven desde hace más de veinte años en un ambiente hostil y derruido por la ambición de las granjas y aserraderos que consumen a diestra y siniestra los recursos naturales del lugar.

Sin saberlo, su libertad es la odisea de Candor y su equipo, quienes deben asegurar que los dos nativos aún vivan para garantizar la protección ecológica que detiene la inminente destrucción y explotación en Mato Grosso.

Con delicadeza, Terra, Jorge y Oliva hacen un retrato de la depredación, un seguimiento día a día del trabajo de Candor y de la tristeza de un pueblo que respeta la Madre Tierra, y hace un llamado de atención para mirar con urgencia la precaria situación de los pueblos indígenas amazónicos.

Con un estilo de documental tradicional que coloca a los directores como observadores, una fotografía que pasa de la cámara en mano a los grandes planos con un imponente paisaje de fondo, la producción brasileña deja atrás la ambición y la exacerbación de un tema como este para llevar al espectador a un paseo íntimo y respetuoso. Discreto en su militancia pero contundente en su denuncia, Piripkura aborda la incertidumbre de la Funai, la inocencia y la esperanza en la mirada de Pakyî y Tamandua, así como el respeto a las personas que están comprometidas con el reconocimiento de la otredad.

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