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Photo credit John Ewing

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Clásicos

Toda una vida observando

Entrevista con Frederick Wiseman

Por Lucía Gajá

10 may 2018

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¿Recuerda cuándo decidió convertirse en cineasta?

No me gustaba lo que hacía (estudiar Derecho). Fue una decisión muy difícil de tomar porque supuso un cambio abrupto en mi vida. Pero ya había pensado en ello mucho tiempo y decidí hacer algo que me interesara.

 

¿Cómo puede conectar su cine con su infancia?

Siempre me sentaba en las tardes a ver muchas películas de Buster Keaton, Charlie Chaplin, y Stan Laurel y Oliver Hardy. También veía en los noticieros lo que pasaba en Europa en los años 30. Tuve la oportunidad de conocer los filmes de grandes maestros, que probablemente me formaron.

 

Lo que me encanta de sus películas es que le dan al público la oportunidad de ir a estos sencillos, pero especiales lugares, y de observar cómo se desarrolla en ellos la cotidianeidad. ¿Qué opina sobre esto?

Podrá sonar arrogante, pero en realidad no pienso en la audiencia cuando estoy haciendo una película. No sé cómo pensar en el público. Hago las películas bajo mis propios estándares porque no hay manera de que pueda pensar en un público. Cómo iba a saber cuando hice Titicut Follies hace cincuenta años que se proyectaría ahora en la Ciudad de México. Ya tengo suficientes problemas creando ideas en mi cabeza como para pensar en un público potencial. No me involucro en eso porque no sé cómo hacerlo. Espero que la gente vaya a ver las películas y que se interesen en los aspectos de la vida estadounidense que presentan. El público no debería hacer nada más que ir a ver las películas, disfrutarlas y, si quieren, reflexionar acerca de ellas.

 

Titicut Follies (1967)

 

¿Cómo elige los lugares donde hace sus documentales?

Busco un tema que me interese y luego pienso en un lugar donde pueda desarrollar ese tema. Usualmente no contacto a más de un lugar. Por ejemplo, cuando tuve la idea de hacer una película sobre una biblioteca, solamente me puse en contacto con la Biblioteca Pública de Nueva York. No contacté a ninguna otra.

 

¿Cuánto tiempo se queda en los lugares en los que va a trabajar para hacer su investigación y observación antes de filmar?

Dos medios días, porque para mí la investigación se da en la filmación misma. No me gusta estar en un sitio, observando, y no estar listo para filmar. Nada de lo que sucede está guionizado y nada se puede repetir. Excepto en una ocasión, nunca he llegado con más de un día de antelación al lugar.

 

¿Cuánto dura el rodaje?

Varía. Lo mínimo han sido cuatro semanas y lo máximo, doce semanas.

 

¿Cómo se acerca a la gente con la que quiere trabajar?

Simplemente merodeando. Es muy raro que la gente se rehúse a que la filmen, y también es raro que actúen ante la cámara. No creo que filmarlos altere su comportamiento.

 

Crazy Horse (2011)

 

¿Cómo es el trabajo con su fotógrafo?

Yo me encargo del sonido y a él lo dirijo con el micrófono. Nos hacemos señales entre nosotros y siempre nos estamos volteando a ver. Él ni siquiera ve el lugar antes de comenzar a filmar. Es muy raro que yo ponga iluminación. Creo que la única vez que tuvimos iluminación fue cuando hice una película sobre un monasterio la iglesia era tan oscura que tuvimos que agregar luces. También hay una escena en National Gallery que tuvimos que iluminar, pero, fuera de eso, todo es con luz natural. El 99.99 % de las secuencias en mis películas son con luz natural.

 

¿Quiénes forman parte de su equipo?

Somos el camarógrafo, un asistente y yo. El equipo está formado por tres personas.

 

¿Recuerda algún documental que haya sido complicado para usted?

La experiencia del rodaje es bastante fácil. Es mucho trabajo, pero una vez que me dan permiso, usualmente no hay obstáculos. La mayoría de las personas acceden a que las filme y no actúan ante la cámara.

 

¿Tiene un documental preferido de entre todos los que ha hecho?

No, por extraño que parezca, todos me han gustado.

 

Model (1980)

 

¿Cómo considera que el cine puede contribuir al cambio?

No tengo respuesta a eso, porque no estoy seguro. Considero que lo que podemos hacer es dar a la gente información que, de otra manera, no podría tener, y provocar que se hagan preguntas que quizá no habían pensado antes. La película les puede dar un poco más de conocimiento, y con eso ellos hacer lo que quieran. Si luego habrá un cambio en la política de sus comunidades o a nivel nacional, no lo sé.

En una sociedad democrática como la que vivimos, donde hay tantas fuentes de información, es difícil decir que hay una conexión directa entre una película y un cambio específico en la sociedad.

 

En términos de sus emociones, ¿qué significa para usted ser cineasta?

Me gusta. Lo he hecho durante cincuenta años, así que debe gustarme. Es la manera más interesante que conozco de pasar mi tiempo, y es interesante porque me hace desarrollarme en todas mis capacidades (física, emocional, intelectual). Así logro estar plenamente comprometido en hacer la película.  

 

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