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Artes

Rostros y lugares

Por Jim Kolmar

28 sep 2018

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Pocas voces en el cine pregonan compasión y humanidad de manera tan empática como Agnès Varda. Sus películas, jubilosas por naturaleza y liberadas de filosofías falsas, exploran la condición de estar vivos; sin miedo, no obstante, de hacer preguntas difíciles. En su cine vemos desplegarse un espíritu de espontaneidad fundamental y un entusiasmo por los hallazgos cotidianos.

Rostros y lugares (Visages, villages) celebra dicho espíritu, y en esta ocasión Varda trae a un compañero de viaje: el enigmático fotografitero JR. En esta colaboración ideal, el porte excéntrico de Varda sumado a la extravagancia hipster —con un toque travieso— del joven artista resuenan en energía creativa. Armados con el plan de “hacer imágenes juntos pero de manera diferente”, Varda y JR se embarcan en una travesía por Francia, en la cual se encuentran con colegas para crear murales grandiosos, compartir ideas, historias y memorias.

Es una alegría presenciar esta amistad poco usual desarrollándose conforme vagan por el país en su enorme estudio fotográfico sobre ruedas. Como suele ser en la obra de Varda, la melancolía nunca queda rezagada. Si bien prevalece el vigor incansable de 89 años de vida, Rostros y lugares encierra un tono inequívoco de despedida. Permeada de recuerdos, esta película destella ecos implícitos y explícitos de la obra de Varda: los deslumbrantes girasoles de Le Bonheur, las observaciones errantes a través de la ventana del coche en Les glaneurs et la glaneuse y claro, sus amadas playas.

Impidiendo siempre que el dogma narrativo reprima su enfoque curioso, Varda muestra esos momentos como sketches, digresiones, recuerdos. Hasta JeanLuc Godard se hace presente. Al final, Rostros y lugares se deleita en su simplicidad conmovedora, una celebración del arte, de la comunidad y de la amistad. Equilibrada astutamente por la presencia vibrante de JR, esta es también la película más colaborativa de Varda. Es esta dinámica la que revela una mediación profundamente compasiva del anhelo atemporal por buscar una conexión humana.

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