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Artes

Geografías por personajes

Por Emmanuel Vizcaya

28 nov 2018

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Es el cine quien tiene el poder de convertir a las ciudades en personajes y trascender su cualidad de lugares y escenarios. Igual la literatura, pero esto se debe naturalmente a que el cine es literatura audiovisual. Las ciudades son explícitos contenedores de historias cuando no son la historia misma. Una ciudad es una plataforma así como el cine lo es para el proceso de construir y narrar. Historia y ciudad comparten procesos y colindan en más de un aspecto posible, no por nada es tan común escuchar que también las historias se edifican.

“Rush hour”, de Luciana Kaplan

América, inmenso continente, contiene en efecto muchas de las ciudades más extrañas, inauditas y emblemáticas del planeta, y entonces es lógico que el cine voltee a mirarlas. Estas ciudades seducen, estimulan desde el paisaje hasta la textura del pavimento; desde el evento social del siglo hasta el misterio tras la esquina a oscuras; seducen con sus rituales mágicos, con sus revueltas revolucionarias, con sus rascacielos venidos del futuro y con sus pandillas callejeras. No es ninguna coincidencia que el realismo mágico haya surgido en una ciudad americana, y más concretamente, latinoamericana.

Gloria Camareno Gómez reúne en Ciudades americanas en el cine (Akal, 2017) una multiplicidad de miradas citadinas que han abordado diversos críticos y cineastas en toda la historia del séptimo arte. Este libro hace énfasis en la importancia del concepto y cuerpo de “ciudad” para la narrativa cinematográfica, no sólo como paisaje y escenario sino principalmente como personaje, ejecutora, detonadora y desencadenadora de eventos y situaciones. Las ciudades vistas siempre dentro de su contexto histórico y estético, desdobladas ante la cámara, revelando sus secretos como una caja de Pandora, como movimiento y código paisajístico que prescinde de las palabras. Ellas son el lugar propicio para que las cosas sucedan, impulsadas por sus propias dificultades contemporáneas, como espacios construidos, artificiales en el estricto sentido de la palabra, postnaturales.

“El sonar de las olas”, de Vanessa Ishel Ortega Castillo

Justo como se menciona al inicio de Ciudades americanas en el cine, la ciudad en el registro cinematográfico “no es un lugar, es una existencia”, refiriendo entonces al tema de la espacialidad no en un plano físico o geográfico sino conceptual: abstracto y concreto al mismo tiempo. Es curioso el momento en que una ciudad (parte de ella) debe edificarse en un set de filmación, pues por lo general se utiliza un lugar muy específico de aquella ciudad que es capaz de representarla en su totalidad y sin atisbos de duda; por ejemplo, si se quiere filmar en Nueva York, pero es complicado moverse hasta allá, un fondo con la Estatua de la Libertad o con el Empire State son suficientes elementos para darle a la historia contada toda la carga neoyorquina de la que el espectador será partícipe. Cada ciudad tiene así un punto cumbre (o más) de su geografía y el cine puede valerse de ello.

De igual modo, cada ciudad del mundo ofrece sus propias y muy específicas posibilidades para ser abordada. En el caso del alud de paisajes de este lado del globo, es relativamente sencillo identificar el peso de lo social, la crítica política y la marginalidad en los escenarios centroamericanos; o el futurismo, las geometrías casi perfectas y voraces de Montreal o Chicago; la marabunta cultural a veces unificadora y a veces violenta de Los Ángeles; o el fragor selvático con su realismo mágico navegando los canales sudamericanos; o como bien sabemos, el inexplicable caos funcional, entre aletargado y neurótico, de la Ciudad de México. Ciudades cargadas de un intenso poder fílmico, también como La Habana, no sólo por sus escenarios sino por los pesos sociales que recaen en ellas.

“Surviving progress”, de Mathieu Roy y Harold Crooks

Ciudades americanas en el cine es un mapa exhaustivo en su investigación, pero completamente digerible y transitable para el lector curioso y cinéfilo, amante de la exploración, del paseo y del disfrute metropolitano. Con autores como José Gorostiza, María Dolores Pérez Murillo y Antonio Aguilera Vita entre otros, aquí convergen miradas que buscan compartir un poco de sus hallazgos urbanos transmitidos no sólo desde la pantalla sino de la vida misma.

Emmanuel Vizcaya (Ciudad de México, 1989). Escritor. Ha publicado la trilogía poética NEO/GN/SYS (2014), el libro de cuento breve Aerovitrales (2015) y la breve antología personal Sphera Prisma (2016). Fue fundador y editor de poesía de la revista digital [Radiador] Magazine. Con frecuencia imparte talleres de escritura creativa y produce ROTTTOR, un proyecto de experimentación sonora y música electrónica. Mantiene la cuenta de Twitter @EmmanuelVizcaya y la de Instagram e_vizcaya

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