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Conflictos sociales

El reino de la sirena: el mar como lienzo

Por Gustavo E. Ramírez

4 dic 2018

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Podríamos decir que algunas de las mejores películas del cine documental mexicano reciente están íntimamente relacionadas con el océano. El océano como un escenario geográfico y cultural alrededor del cual una comunidad (o varias) establece lazos sociales y económicos, por supuesto; pero también como un espacio mitológico que articula fuerzas que, si bien pueden parecer intangibles, dan sentido a la existencia de un pueblo. De la entrañable Alamar (2009), dirigida hace ya casi diez años por Pedro González-Rubio, a la mucho más reciente Los ojos del mar (2017) del director José Álvarez, las exploraciones de los documentalistas mexicanos han situado al océano, más que como un elemento contextual, como un protagonista omnipresente y misterioso sobre el cual navegar las historias.

El reino de la sirena, tercer largometraje del joven director Luis Rincón, continúa con la fascinación exploratoria por el mar y sus misterios que ha servido como lienzo a diferentes realizadores nacionales, pero a sus registros, al igual que en otras obras mexicanas de no-ficción sobre el océano cargados de una tonalidad poética, añade un par de elementos reconocibles: un cierto interés sociológico, y la necesidad de retratar a un pueblo desde diferentes aristas para obtener un retrato de alguna forma más panorámico.

Realizada en una pequeña comunidad nicaragüense de pescadores miskitos –un pueblo afrodescendiente-indígena cuya población se extiende desde el sur del vecino Honduras–, la película se conduce a través de las historias de algunos buzos recolectores de langosta que tras emerger de las profundidades del mar –¡hasta de 130 metros!– han quedado paralíticos o han muerto. Intrigados, los viejos de la comunidad han elaborado sus propias teorías sobre el posible origen del mal que aqueja a sus hombres, y guiándose por antiguas leyendas han señalado a las sirenas, seductores seres maléficos del océano, como responsables de la calamidad; pero lo que en El reino de la sirena inicia en clave de un bien logrado estudio audiovisual sobre el misticismo miskito, muy pronto deriva en un retrato más complejo sobre una región empobrecida y explotada, donde fenómenos como la migración y últimamente el narcotráfico –monedas corrientes en los golpeados países centroamericanos del siglo XXI– moldean formas de vida cuyo futuro resulta impredecible.

Como en El árbol olvidado, la ópera prima que en 2009 le valió una nominación al Ariel a Mejor Largormetraje Documental, y donde se adentraba en el mismo escenario desolador donde en 1950 Buñuel dio vida a Los olvidados, Luis Rincón continúa una exploración de los márgenes que, pese a los peligros de hacerlo, no cosifica a sus protagonistas; sino que profundiza en sus historias y los ubica en la complejidad de un mundo que, como siempre, necesita de miradas sensibles.

 

Gustavo E. Ramírez estudió Antropología y actualmente es coordinador editorial en la Cineteca Nacional. Especializado en cine documental, también colabora en medios como @IconicaCine (Revista Icónica).

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