Conflictos sociales

La danza de los lunares blancos

Por Paulina Martínez

3 dic 2018

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Empolvados de lunares blancos en el cuerpo, “como nacidos de la tierra”, los fariseos despegan los pies del piso para girar y regresar a la arena. Danzan para que no gane “el que vive abajo”.

Fariseos, cortometraje dirigido por Ángel Estrada Soto, dibuja el barranco de la injusticia en el que Ramiro, un corredor rarámuri, fue arrojado. “La justicia es una cosa difícil para nosotros” son las palabras de su esposa que, entre fotografías y playeras de todas las carreras en las que Ramiro participó, pronuncia con horror en el pecho por haber sido despojada del padre de su hija.

Cuando apenas salía el sol en Ciudad Juárez, tres policías irrumpieron en el hogar de Ramiro para llevárselo sin razones que los justificaran. Horas después hallaron su cadáver abandonado con señales de violencia.

Ramiro era residente de la comunidad rarámuri en el norte de México. El caso fue analizado en el Centro de Derechos Humanos para concluir que la arbitrariedad con la que las autoridades lo privaron de la libertad, y le arrebataron la vida, fue por motivos de discriminación.

Gracias a la lucha que emprendió su esposa, los asesinos de Ramiro fueron sentenciados a prisión, pero la justicia no siempre es meter a la cárcel al culpable. La justicia es, también, reconocer los delitos con perspectiva de derechos humanos y con un enfoque más nítido hacia los grupos históricamente vulnerables.

Entre el calor del fuego, los fariseos arrojan la representación del diablo para que no gane. La comunidad rarámuri danza con los pies descalzos en la tierra, para vencer al que vive abajo. Atraviesan muchos obstáculos para ser vistos desde la misma altura y garantizar sus derechos. La ausencia de Ramiro es un recordatorio de la injusticia que viven estos pueblos, pero también es una oportunidad para exigir la igualdad de derechos ante el reconocimiento de estas injusticias que persisten en México y en el mundo.

 

Paulina Martínez es una viajera de vidas que nació en la Ciudad de México y a sus veinticinco años ya es la exnovia del patriarcado. Estudió la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha participado en los proyectos Micromachismos Violencia de género política del Centro de Estudios para el Adelanto de la Mujer y la Equidad de Género (CEAMEG) y es editora en Villamil Informa.

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