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Familia

Ella no es consciente

Reseña de América (dirs. Erick Stoll, Chase Whiteside)

Por Dani Perez

30 ene 2019

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En su impactante y conmovedor primer largometraje documental, Erick Stoll y Chase Whiteside echan un tierno vistazo a las vidas de América (una señora de 93 años) y a los tres nietos que la cuidan. Con gran habilidad para retratar sutilmente su mundo íntimo y su universo emocional, América invita a los espectadores a la casa de la familia Álvarez Serrano, revelando cándidamente el amor incondicional entre los nietos y su abuela, así como las tensiones que surgen cuando estos ponen sus vidas en espera para cuidar a la enferma pero animada América.

Desde Puerto Vallarta, América comienza siguiendo a Diego Álvarez Serrano, un artista que trabaja a tiempo parcial como imitador de Elvis Presley. Al inicio, Diego, cuya personalidad excéntrica y juvenil se revela inmediatamente, confiesa su deseo de ser como el agua:

Quisiera ser una masa de agua que se extiende sobre el todo por la gravedad. Por eso me fui de Colima. Allí me sentía a la deriva”.

Poco tiempo tras esta reflexión, Diego es llamado a regresar a Colima, su ciudad natal, para cuidar a su abuela América después de que arrestan a su padre Luis por maltrato y negligencia al cuidarla. En Colima, Diego y su hermano Rodrigo asumen la responsabilidad de encargarse de América mientras luchan contra un sistema judicial casi innavegable para liberar a su padre de la cárcel, creyendo que su crimen fue simplemente un malentendido. Desde entonces, ambos (junto con Bruno, el tercer hermano) tratan de aclimatarse a un nuevo normal, en el que sus vidas se centran en torno a la enfermedad— y el bienestar— de América.

Ya no a la deriva, Diego y sus hermanos se encuentran anclados, teniendo que atender todas las necesidades de América— preparar su desayuno, llevarla al baño, darle una ducha. Rodrigo, el mayor de los hermanos, expresa su frustración de forma más explícita que los demás:

Yo le doy la mejor calidad de vida porque es una persona que vive aquí en mi casa y lo merece. No le niego absolutamente nada, aunque a veces no entiendo cómo funcionar con ella, porque no es consciente. Nada más opera bajo los instintos más básicos”.

El documental entra sutilmente en tensión con esta negación de la conciencia de la señora, compartiendo con los espectadores su tristeza, gozo, agradecimiento e ingenioso sentido del humor. Una escena, por ejemplo, muestra a América cantando una canción en la radio, reproduciendo perfectamente cada palabra y nota, aparentemente transportada a una época diferente. En medio de su demencia y otras dolencias, América retrata amorosamente el corazón de oro, la conciencia aguda y la tierna naturaleza de la abuela. Aunque breves y sutiles, estos momentos capturados con gran sensibilidad actúan como un poderoso comentario contra la invalidación y el abandono de los ancianos.

América es una oda al amor y sacrificio constante de los cuidadores. Lo hace sin juzgar ni avergonzar a quienes prefieren la independencia, porque el documental también revela las muchas cargas que asumen los miembros de la familia cuando tienen que desempeñar el papel de cuidadores. Con su lente honesto y empático, América defiende la conciencia, la belleza y la calidez humana de los ancianos, un colectivo que queda en los márgenes de la sociedad y es frecuentemente ignorado.

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