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Conflictos sociales

El arte de ser otro

Reseña de Srbenka

Por Odalis Garcia Gorra

5 feb 2019

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A principio de los años 90 hubo muchos disturbios en la región de los Balcanes, en Europa. Una serie de conflictos y guerras separadas, llamadas guerras yugoslavas, causaron la muerte de 140,000 personas. Fue descrito como uno de los conflictos europeos más mortíferos desde la Segunda Guerra Mundial, crímenes de guerra, genocidios, crímenes contra la humanidad y violaciones marcaron este momento atroz en la historia.

En medio de todo esto, Croacia, buscando su independencia, estuvo involucrada en un conflicto militar con Serbia. Los croatas se refieren a esta guerra como la “Guerra de la patria” o la “Gran agresión de serbios”. Esta fue la excusa utilizada por criminales para acosar a los serbios que vivían en Croacia. Entre las víctimas estaba Aleksandra Zec, de 12 años, quien fue brutalmente asesinada junto a sus padres en 1992 porque eran de ascendencia serbia. Hasta el momento, nadie ha sido condenado por el crimen.

En Srbenka, documental de Nebojša Slijepčević, vemos a Oliver Frlijć adentrarse en su proceso artístico mientras prepara su próxima obra sobre el asesinato de Aleksandra; para Frlijć la obra es el lazo con el que se enreda la conciencia de su público. La película nos lleva al mundo donde el teatro no sólo se hace sino nace, así como el costo emocional y psicológico que conlleva para quienes lo interpretan.

El arte de Frlijć en el escenario nunca se aleja de lo político, y Slijepčević nos permite no sólo ver la forma en que el director da instrucciones escénicas, sino los propósitos que tiene para cada movimiento que le pide a sus actores. Pero no sólo es la percepción del director de la obra lo que ve el espectador del documental, sino que también estamos al tanto de la conexión que la Guerra de la patria tuvo para todos y cada uno de los actores. Para algunos la guerra fue una experiencia muy personal, es algo que ellos vieron suceder en su propio país a medida que crecían, dando como resultado reacciones viscerales y emocionales.

Escuchamos sus testimonios de discriminación étnica, y al mismo tiempo vemos escenas detalladas del escenario oscuro y vacío; el polvo cae en su lugar mientras sus voces llenan el espacio recordando un dolor que pensaban que habían dejado atrás. Para algunos es el reconocimiento de su propia ascendencia serbia y cómo han sido tratados por eso, o cómo se rehúsan a reconocer su origen étnico por temor a las represalias de los nacionalistas.

Aunque el documental habla exclusivamente sobre el conflicto Croacia-Serbia, la forma en que nos enfrentamos al conflicto y salimos de él es universal. El trauma no sólo se hereda sino que perdura, hay partes de uno mismo y del colectivo que nunca se recuperan del todo. No es una excusa para la ignorancia, algo que el documental y la obra tratan de transmitir, es el primer paso para reconocer que pueden existir diferentes verdades en el mundo.

Equilibrar cómo se habla de la guerra, la nacionalidad, el racismo e incluso la política fronteriza puede ser difícil pero Srbenka, al darnos una historia que no sólo se centra en el caso de Zec o la guerra croata, nos permite entablar conversaciones que son más grandes que cualquiera de nosotros.

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