Por Génesis de Los Santos

17 abr 2019

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8 de cada 100,000 habitantes de la región de Jalisco se suicidan. A partir de octubre de 2018, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que Jalisco está en el séptimo lugar de las tasas de suicidios en México. Los grupos de edad de entre 15 y 24 y 25 y 34 años (incluidos hombres y mujeres) tienen la mayor proporción de tasas de suicidio. Caballerango humaniza esos números. La película sigue la historia del joven Nando; descubrimos su amor por los caballos y su forma de ser por medio de los testimonios de quienes ha dejado atrás.

El realizador Juan Pablo González nos traslada al pueblo ranchero de Milpillas. A través de las rutinas diarias de la comunidad, González muestra la historia del suicidio de Nando, contada a través de sus familiares y miembros de la comunidad, que recuerdan la última vez que vieron o hablaron con Nando. Las emociones se sienten en la pantalla, mientras todos intentan continuar su vida cotidiana sin él. Evocan la forma en que se reía y su espíritu amable.

La imagen de apertura de la película, un caballo blanco al amanecer, muestra que la frase “seres queridos” en esta historia no se limita a las personas; los animales también juegan un papel clave en la narración. En una escena, el padre de Nando, José, dice: “Hasta su caballo estaba llorando”. La mezcla de nostalgia, rabia y alegría hacen de este documental un homenaje asombroso para un hombre joven que se fue demasiado pronto.

Al final, la cámara se acerca a dos caballos que vagan por el zacatal. Vemos un poste oxidado, probablemente el que usó Nando. ¿Qué pasa con los recuerdos de los que se van? ¿Cómo son recordados por las personas que los aman? ¿Permanece vivo su espíritu? ¿Qué es lo que lleva a alguien al borde, lo que les hace decidir que incluso su propia vida no vale la pena? Son preguntas que quizá nunca tengan respuestas claras.

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