Conflictos sociales

Entrevista con Nikolaus Geyrhalter, director de “El muro fronterizo”

Por Karin Schiefer

10 abr 2019

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Traducción de Alejandra Tapia

La primera toma de la estación en Brennero abarca una línea horizontal: los vagones de un tren de carga extendidos a lo largo de ambos lados de la frontera, que, por lo tanto, son una línea conectora. También hay una línea vertical, una línea divisora implícita representada por dos señales correspondientes a Austria e Italia. ¿El muro fronterizo es acaso un ensayo sobre el concepto de las fronteras y sobre la vida cerca de ellas, con o sin muros?

Lo que me incitó a grabar este documental fue el plan de levantar un muro en el paso de Brennero con el fin de detener las hordas de refugiados que buscaban entrar al país. Me pareció simplemente inimaginable que aquí, en medio de Europa, donde las fronteras se han derribado poco a poco como parte del camino hacia la paz después de un gran conflicto, se construyeran muros una vez más. Pensé que era necesario intervenir con esta película. Al inicio creía que de verdad construirían el muro, y mi punto era observar y registrar las etapas en la construcción de esa barrera. Finalmente, el muro que con tanta ceremonia se había anunciado nunca se construyó.

En principio, eso era algo bueno, y por supuesto que cambió la naturaleza del documental que había planeado. La idea de que un muro fronterizo se irguiera en Brennero desató miles de emociones en mucha gente, fue una oportunidad para formular sus miedos, protestas y enojo. El muro que no fue construido se volvió una controversia multilateral y dio pie para reflexionar sobre una frontera abierta, cerrada o controlada.

 

En calidad de director, ¿sentiste que debías aportar algo sobre el tema que fuera un golpe de realidad en comparación con los reportajes y noticias sesgadas?

La clase política aborda el asunto de los refugiados por medio del miedo: primero lo implantan y después se aprovechan de él. Para el momento en que se hizo público el plan de construir un muro aquí, ya habían cerrado la ruta de los Balcanes, y quedaba bastante claro que los refugiados sirios -porque esto se trataba de ellos más que nada- no se aventurarían una vez más en el mar para llegar desde Italia al resto de Europa. Sin embargo, había mucho escándalo sobre las medidas para reforzar la frontera en Brennero. Al conocer la cifra tan grande que se invertiría, uno no puede evitar preguntarse si ese dinero no se podría utilizar en algo más significativo en otro lugar de Europa.

En un contexto global, los muros no son la solución de ningún problema. Después de cierto punto, los reportes de los medios se volvieron muy sesgados. Por mucho tiempo, este país tuvo la cultura de recibir refugiados, y la sociedad civil aceptaba el peso que esto conllevaba. Después, repentinamente, la actitud de casi todos los medios cambió, como si se hubiera decidido que ya no cabían más, y se establecieron cuotas de refugiados sin pensar en las consecuencias o en la legalidad de la decisión.

Claro que quería examinar más de cerca qué significaba que un lugar tuviera de pronto centros de registro, grandes cantidades de policías y muros. Quería observar y documentar la situación de forma analítica para crear un registro político contemporáneo. Me gusta ir a los lugares que la gente no suele examinar de cerca.

Repetidas veces permitiste que los medios que cubrían la situación de los refugiados hicieran su aparición en la película, ya sea por vía televisiva o radiofónica. ¿Cómo pretendías yuxtaponer estas dos perspectivas?

Desde el principio era obvio que la imagen retratada por los medios tenía muy poco en común con la que se vivía en realidad. Por eso pensé que sería interesante dejar que los reportes de los medios aparecieran en estas escenas: tener al ministro hablando en televisión en la cafetería de la estación y el boletín informativo que pasaba mientras los protagonistas están en la sala de estar. Reproducir esta versión filtrada de la realidad en el momento sacó a la luz el absurdo de muchas maneras. Después de todo, los reportes de los medios hacían parecer que había hordas enormes reunidas en la frontera y que, así, representaban una amenaza inmediata para Tirol y para Austria en general. Era importante mostrar que los encabezados de los medios, en este gran intento por generar miedo, simplemente no aplicaban al lugar que se supone estaban describiendo. También quería demostrar que hay un pequeño pueblo en el que todo sigue casi igual, un lugar que no representa la imagen histérica que construyeron los medios.

 

El documental se enfoca principalmente en individuos y conversaciones con ellos. ¿Era una prioridad encontrar personas cuyas vidas estuvieran bajo la voluntad de una frontera, personas que siempre tuvieron que lidiar con elementos de división y conexión?

Mi prioridad era la pregunta, ¿cómo viven las personas con una frontera que cambia constantemente? A través de la historia, esta frontera ha pasado por muchas etapas, y me parece que estos ciudadanos no se dejan impresionar por eso. Así, el escándalo que se montó respecto a la construcción del muro no les importó mucho.

Creo que es interesante la vida en las fronteras porque siempre hay un aspecto artificial en ellas. Si la frontera no estuviera ahí, todo sería diferente pero igual al mismo tiempo. Cuando viajas del norte al sur de Tirol, no sientes un cambio muy grande. Puede ser que el café sepa mejor en el sur. Pero básicamente, las divisiones me parecen construcciones que se han vuelto anacrónicas. Me siento europeo por completo, y hay algo irrelevante sobre las fronteras. No importa donde se encuentren, van a derribarse tarde o temprano; el mundo va a crecer en conjunto cada vez más gracias a las comunicaciones modernas, sin importar que uno sienta que es algo bueno o malo. Va a suceder y tendremos que vivir con ello.

Se ha vuelto imposible negar que haya lugares en este mundo donde las condiciones de vida de las personas son radicalmente peores. No podemos actuar como si el otro extremo del mundo no existiera, pues nosotros compramos sus productos porque son más baratos y sus conflictos actuales se derivan de nuestras acciones en la historia. Cada día, más personas se van a dar cuenta de eso y verán a Europa y al mundo como una sola entidad.

Personalmente, no creo que las fronteras sean relevantes hoy en día. Eso no quiere decir que el futuro va a ser fácil y sin problemas, pero tenemos que encarar los retos. Tomando todo en consideración, hay algo fascinante en las fronteras, no son naturales, pero al mismo tiempo están fijadas en nuestra cabeza y son capaces de cambiar regiones enteras y mentalidades.

Es fascinante que hayas conocido personas que tienen un punto de vista muy humano y crítico sobre la situación de los refugiados, personas que responden con una compasión frente a las medidas legales y a los intentos por implantar miedo. ¿Eso te sorprendió?

Sentí mucho alivio. Es muy conmovedor conocer gente que tiene su propia opinión y no deja que le digan qué pensar. Puede sonar como un cliché de Tirol, pero en verdad me dio la impresión de que los tiroleses hacen lo que creen correcto. Y nunca me pareció que la policía local cuestionara las órdenes que recibía basándose en sus principios, sino que todo se discutía a fondo y se aplicaba de manera proporcional. Cuando platicábamos, la gente me decía una y otra vez que eso tenía mucho que ver con ser un pequeño mundo autónomo completamente rodeado de montañas. Un tirolés típico, si es que se puede generalizar, tiene su propia opinión y la sostiene sin importar que otra persona esté o no de acuerdo. También me topé con eso muy a menudo.

 

En el documental no aparecen refugiados recién llegados, ¿esa fue una decisión consciente o la oportunidad simplemente no se dio?

Por un lado, hay pocos refugiados en Brennero hoy en día, pero también decidimos desde el principio que no aparecerían. Esta no es una película sobre ellos, es una película sobre cómo los austriacos abordan el tema de los refugiados: “Tenemos miedo. Creemos que es necesario protegernos. Construimos muros”. Es un medio que permite observar más de cerca a las personas que se esconden tras el muro, no a aquellas que quieren cruzarlo.

 

Las conversaciones se yuxtaponen regularmente con largas tomas de hermosos paisajes rurales que revelan el concepto de la frontera como un fenómeno aleatorio, y con imágenes de varios medios de transporte que predominan en Brennero y simbolizan las conexiones que ahí operan. ¿Cuál es el papel del paisaje?

Las zonas rurales en la frontera son igualmente bellas en ambos lados. El paisaje permanece, indiferente a la existencia de las fronteras. A un árbol no le importa echar raíces en Italia o en otro lado. En ese sentido, el paisaje tiene un aspecto intercambiable, y está bien así.

Por otro lado, el paisaje actúa también como contexto para la historia. Es la tierra quien provee de un hogar para las personas con las que hablamos, la misma tierra que quienes no entrevistamos quieren alcanzar porque esperan encontrar una vida más segura. La frontera en sí, la carretera que se abre un camino permanente atravesando el paisaje, representa los puntos fijos que quería tomar como referencia durante la película. El escenario de fondo, por decirlo así.

La edición me pareció abrupta y rica en contrastes, ¿fue hecha con la intención de transmitir formalmente la experiencia de cruzar la frontera? ¿La decisión de utilizar cortes marcados fue deliberada?

Creo que editamos la película con delicadeza, pero hay momentos, especialmente con los extractos de los medios o los políticos que aparecían en televisión, en los que llegábamos al punto en que no queríamos escuchar nada más. Lo que se estaba diciendo ya se había dicho tantas veces que no necesitabas escucharlo de nuevo. En esas ocasiones nos dimos licencia de proceder abruptamente, aun si resultaba en interrumpir a los políticos algunas veces. Era mejor dejar que las personas siguieran hablando, esas personas que estaban en su sala viendo la televisión.

Además, Brennero es muy variado y me sorprendía muy a menudo; eso requería la edición adecuada. A unos cientos de metros de la carretera te encontrabas ya en un mini paraíso. Y si visitabas la siguiente montaña, ya no podías ni escuchar la carretera.

Queríamos retratar los múltiples aspectos de este paisaje que ejercen su influencia sobre la gente que lo habita, con todas sus variaciones. Estaba la idea de un muro, los residentes, las manifestaciones, las autoridades locales que tenían que lidiar con ellas, el ejército austriaco; todos interactuaban y, ocasionalmente, discrepaban. Son impresionantes los contrastes que uno puede encontrar, y al principio parece contradictorio que suceda en un microcosmos tan pequeño.

 

El muro fronterizo también demuestra cómo la realidad y el discurso pueden no coincidir, algo que te atañe a ti en particular, como director de documentales.

Es por eso que hacemos películas: para presentar una perspectiva del mundo que sea correctiva. Ningún documental va a cambiar el mundo, pero muchos de ellos juntos, al menos pondrán una realidad diferente en el centro del discurso.

Hay muchísimas realidades, incluidas algunas que uno no tendría en cuenta de otra manera, ya sea porque no las queremos ver o porque simplemente no tenemos acceso a ellas. Para eso son los documentales: para que esas realidades se puedan experimentar a través del cine.

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