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Conflictos sociales

La larga noche de los pueblos

Por Lizbeth Alcibar

30 abr 2019

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La población indígena de Guatemala siempre se ha visto relegada ante la élite blanca que controla al gobierno de aquel país. Sin embargo, después de haber experimentado en carne propia el genocidio, las violaciones a mujeres y niñas, las desapariciones forzadas y la explotación de sus tierras, decidieron levantar la voz y exigir justicia.

Tras trece años de pedir ser escuchados, en 2013 el Sistema de Justicia de Guatemala accedió a realizar un juicio en contra del exdictador Efraín Ríos Montt, quien se encargó de dar órdenes específicas para el asesinato de cientos de miles de indígenas. Ese momento significó una pequeña victoria para el pueblo Ixil, pues los testimonios de cientos de víctimas se expondrían por fin.

Mujeres y hombres llenaron la Corte de Guatemala, escuchando atentos las desgarradoras palabras de aquellos que vieron morir a sus padres, hermanos o hijos, de las mujeres que fueron violadas sin parar por más de cuatro o cinco soldados al mismo tiempo, quienes sintieron sus cuerpos desgarrarse y que viven con las secuelas de lo ocurrido.

No es fácil ver a un asesino a los ojos y decirle: tú mataste a mi familia.”

Zury Ríos Montt, hija del General Montt y militante del partido VIVA, desestima los testimonios y los considera una trampa contra su padre, quien, en sus palabras, siempre buscó lo mejor para el país. Mientras los comentarios a favor y en contra surgen, la juez falla a favor de los indígenas pero el gusto dura poco, pues las fuentes de poder guatemaltecas logran anular la sentencia.

Irma Alicia Velásquez, periodista, antropóloga y miembro de la comunidad Ixil, sabe que el presidente Otto Pérez está coludido con los genocidios. Que es él quien está moviendo los hilos para mantenerlos en silencio y que, probablemente, nunca los deje ser libres en sus propias tierras.

La problemática de los pueblos mayas se hizo mucho más crítica cuando la montaña a donde fueron relegados resultó ser una mina de oro, literalmente. Fue entonces que el gobierno vio en esa extensión de tierra la oportunidad de generar ganancias que irían directo a sus bolsillos. Su único inconveniente eran los indígenas, quienes no dejaban de cruzarse en su camino.

La tierra es nuestra madre. Tú no puedes explotar ni abusar de tu madre.”

Ante la amenaza inminente y la total falta de justicia, los mayas ixiles se transformaron en una resistencia armada, donde incluso las niñas más pequeñas cambiaron los juegos por rifles o ametralladoras. Jóvenes que murieron para liberar a su pueblo y buscar un cambio en el país. Deseaban detener el genocidio espiritual, cultural y de memoria histórica que estaban sufriendo.

¿Qué pasará entonces con la comunidad Ixil? ¿De qué manera obtendrá la justicia que merece cuando todo está en su contra?

Pamela Yates, documentalista y activista por los derechos humanos, presenta 500 años, una mirada a los indígenas ixiles, quienes, por su raza y color de piel, son considerados inferiores. Ellos son los protagonistas de este agónico documental donde se busca levantar la voz para que el mundo se entere de los crímenes de lesa humanidad que se cometen contra ellos.

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