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Conflictos sociales

Espacios transcendentales

Reseña de Obscuro barroco (dir. Evangelia Kranioti)

Por Dani Pérez

6 may 2019

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Si Río fuera una persona, sería trans. Porque es una fusión de colores, alegría, facetas e interpretaciones… Río de Janeiro es bella. Una hermosa trans”

Dice Luana Muniz, la estrella de Obscuro barroco. Este trascendental y vanguardista documental explora las celebraciones del carnaval, la vida nocturna LGBTQ y las protestas por los derechos de los trans en la ciudad carioca. Narrada por la majestuosa Luana, quien a lo largo de su vida fue una artista, activista y prostituta transgénero, la película es un testimonio de la belleza cruda y las luchas de las personas trans en Río de Janeiro. Es una oda artística y audaz a la oscuridad en la que los personajes del documental se crean y aprenden a brillar.

Reclamando a Río como su escenario, Luana habla de la ciudad como un ambiente de infinitas posibilidades y constante reinvención: “Río de Janeiro es una fábrica de sueños, o pesadillas. En esos sueños, algunos se pierden, otros se encuentran, pero nadie entra en el mismo Río dos veces”. Obscuro barroco, que se presta a la metáfora de Río como mujer trans, explora los paralelismos entre los elementos esenciales de la ciudad y las experiencias de los individuos trans en la película. Uno de los principales símbolos de Río que captura el documental es el caótico encanto del carnaval: los disfraces extravagantes, el impresionante teatro, la samba enérgica. El carnaval brasileño es un momento para romper temporalmente las normas sociales y escapar de las dificultades diarias; es una oportunidad para asumir una identidad diferente, para fingir, para participar en el tabú y en lo fantástico— para celebrar sin inhibiciones.

En todo su esplendor, la esencia del carnaval no es tan distinta del espíritu de las travestis, que se visten de forma bella, bailan y festejan como un acto de autoexpresión, solidaridad y desafío frente a las luchas que tienen que experimentar el resto del tiempo. Las fiestas LGBTQ capturadas en Obscuro barroco son, como el carnaval, espacios en los que se suspenden las expectativas de la sociedad, lo que permite que las travestis sean ellas mismas, sin miedo, libres de las amenazas que existen más allá de ese espacio. Fiestas así son un momento efímero de libertad sin restricciones. “El carnaval pasa”, reflexiona Luana. “Sólo las trans se quedan, travestidas en la esquina, es los escenarios, en los salones de belleza”.

Obscuro barroco sumerge al espectador en la cruda, compleja y bella surrealidad de Luana Muniz y otras trans cariocas. Sin miedo a entrar a lo oscuro, el documental le jala la mano al espectador y le dirige a un rincón oculto de la fábrica de sueños y pesadillas que es Río de Janeiro, del cual quizás saldrá transformado también.

 

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