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Conflictos sociales

Vivir como memoria extinguida

Reseña de Soles negros

Por Odalis García

4 sep 2019

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Es difícil librarse de las memorias. A lo largo de nuestras vidas, buscamos formas de recordar el pasado y lo que hemos perdido. Sin embargo, la memoria está perdiendo la carrera contra el tiempo. La cuenta oficial de desaparecidos en México es de más de 37,000 personas, aunque no hay una forma precisa de saber cuántos hombres, mujeres y niños están perdidos.

El impresionante documental de Julien Elie, Soles negros (Dark Suns), abre con una cita de Sergio González Rodríguez, un periodista que cubrió los feminicidios en Ciudad Juárez: “La arquitectura de poder abyecto atrae a sus víctimas, las envía de antemano, las hunde en sus grietas, las hace desaparecer o las destruye sin dejar rastro”. Su declaración se refiere a la exterminación de la memoria causada por la colusión entre los sistemas institucionales y el crimen organizado.

El tiempo es el peor enemigo para nosotros que tenemos un familiar desaparecido, porque se nos va la vida”.

Mario Vergara, del estado de Guerrero ha dedicado más de cinco años a buscar a su hermano. Su historia es tan sólo uno de los capítulos del documental.

Dividida en seis capítulos diferentes, el documental nos acerca a quienes han sido afectados por la guerra contra el narcotráfico, y a políticos y militares corruptos. También a los que se han quedado atrás; madres, hermanos, activistas, defensores de los derechos humanos que han sacrificado todo en busca de la verdad. La audiencia es testigo de la inmensa pérdida y dolor que las familias de los desaparecidos han tenido que vivir; sin embargo, nos enseñan lo que significa mantener la memoria viva aunque se pierda toda esperanza.

El ojo de Elie se enfoca en espacios abiertos, tiendas, edificios deteriorados y calles concurridas como si estuviera buscando algo, tal vez a quienes han desaparecido, o mirando los espacios donde alguna vez estuvieron. Su uso del blanco y negro ayuda a retener un sentido de la memoria contenida, y le da a la película un sentimiento atemporal. En todas las ciudades visitadas en la historia se pueden sentir los restos de las víctimas de los feminicidios: la cámara se centra en carteles, folletos, fotos en botellas de agua y abanicos entregados por las madres. Su presencia y espíritu acechan estas ciudades. 

 

 

 

 

 

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