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Por Ambulante

14 feb 2020

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Chèche Lavi le da a la tragedia y tibulación un rostro humano al cuestionar cómo es que un país como Estados Unidos, que afirma que toda la gente se merece el futuro por el que han luchado, le puede robar a los inmigrantes esa opotrunidad una y otra vez. ¿Qué es Estados Unidos si no contradicción?

El documental sigue a Robens y a James, dos amigos haitianos que, después de escuchar que Estados Unidos le daría asilo en su frontera a cualquier haitiano tras el terremoto de 2010, se abrieron camino hacia México. Son parte de los miles que ahora esperan admisión en Estados Unidos. Para muchos, nuestro vecino del norte representa fuerzas contrarias simultáneamente, y funge tanto como una luz de esperanza como como una bestia despiadada. En cualquier caso, el impacto de Estados Unidos tiene grandes alcances: Ellison bombardea a la audiencia con escenas que muestran la cultura pop estadounidense presente en todo México. Un protestante trae una playera del Capitán América, amigos hablan de un juego de los Lakers, las sábanas de un hombre están cubiertas de ilustraciones de Batman: el impacto cultural de Estados Unidos es palpable.

El impacto político se siente de igual manera. Chèche Lavi es en gran medida una historia de inacción, del gobierno y la población en general, cuando llega el momento de ayudar a los que no tienen nada. Ellison trabaja en diferentes tomas de un muro que es construido entre México y Estados Unidos: una representación visual de la apatía de Estados Unidos hacia la deseperación de los inmigrantes, y de los esfuerzos empleados para crear una división aún mayor. Muchos de los haitianos que huyeron a México fueron instados a hacerlo como último recurso, y tuvieron que vender lo poco que tenían solo para llegar a ciudades fronterizas como Tijuana. Tras haber hecho esto, no fueron recibidos con salvación sino con exasperación. El gobierno prácticamente les dijo que sacrificaron todo para retorcerse en su miseria, hasta nuevo aviso. No hay nada que hacer, y nada que se vaya a hacer por ellos.

Las imágenes del muro fronterizo sirven un propósito alterno: el muro materializa los miedos de aprisonamiento, de estar encerrado en tus dificultades por un gobierno al que no le podría importar menos. Sentirse atrapado, tanto física como emocionalmente, es uno de los temas centrales de la película. Tras recibir asilo de Estados Unidos, James es retenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Estados Unidos por más de siete meses (mucho más de las dos semanas que esperaba). Sus manos y pies estuvieron encadenados por ocho o nueve o diez horas a la vez —aprisionado no por un crimen, sino por su mera existencia—. Cerca del inicio de la película, un protestante critica a los Estados Unidos por la manera en la que ha tratado a los migrantes haitianos, seguro de que ni un perro en Estados Unidos vive en la forma en la que ellos se han visto forzados a hacerlo. En resumen, los inmigrantes son tratados como animales: encerrados, maltratados, y despojados de su humanidad a conveniencia.

Con Chèche Lavi, Sam Ellison señala con el dedo a una audiencia que podría presenciar el dolor de individuos en todo el mundo y hacerse de la vista gorda sistemáticamente. Ellison critica a un gobierno que responde a los gritos de ayuda no con beneficios, sino con barreras. Al relatar su tiempo en Estados Unidos, James se pregunta en voz alta por qué

[Estados Unidos] dice ser una súperpotencia, que está aquí para brindar paz y justicia, y elige cometer injusticias contra inmigrantes a los que se les permitió la entrada a su país”.

¿Qué es Estados Unidos si no contradicción?

 

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