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Animación

Contra el abecedario

Reseña de La niña que hablaba gato

Por Sabina Orozco

27 mar 2020

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La niña que hablaba gato cuenta la historia de una pequeña habitante de un mundo gris. Por la noche un gato de ojos amarillos la conduce a las profundidades de un mundo donde prima el color, el juego y el baile. Este corto animado despliega una serie de cuestionamientos sobre la comunicación, los afectos y las transgresiones mediante el lenguaje.

La madre de la protagonista la obliga diariamente a comer sopa de letras y escuchar un vinil con el rótulo de “ABC. Eat your Alphabet with Sofia Severna”. “‘A’ is for apple. ‘B’ is for blue”, reproduce la grabación mientras la niña apenas mete la cuchara al plato hondo, rozando consonantes descoloridas. La escena plantea con ternura preguntas cuyas respuestas en muchos casos son aterradoras: ¿cuántas veces nos han obligado a consumir un vocabulario ajeno a nuestras necesidades? ¿Qué códigos se nos han impuesto desde núcleos tan íntimos como la casa? Hoy día, la manera de relacionarnos se subordina a dinámicas que, en gran medida,  intentan homogeneizar la comunicación. Pensemos tan solo en el hecho de una lengua “universal” como el inglés.

Es interesante que los personajes de La niña que hablaba gato lean y estén hechos de periódico. Somos lo que consumimos, nos configuramos a partir de los sucesos ocurridos en la época en curso. De cualquier forma, existen elementos de ruptura; agentes contra los métodos de comunicación habituales. Acompañada de un gato, la protagonista desciende a un espacio abismal, ajeno a la lobreguez. A diferencia de la gente que transita la superficie, los seres de aquel sitio bajo tierra exhiben recortes de palabras en sus cuerpos salpicados de naranja, verde y azul. La lógica carnavalesca rige aquel lugar.

Las artistas Szu Yu Chen y Justin Saint-Lo erigen el tono narrativo de la película de la mano del tono visual; la primera se encarga del diseño de las animaciones en blanco y negro; la segunda, del diseño a color. En poco más de cinco minutos nos internamos en una historia construida bajo la minuciosa dirección de la realizadora polaca Dotty Kultys.

Dentro de un idioma existen muchas otras lenguas nacidas de los afectos. Habría que pensar en esas palabras dotadas de un significado especial y secreto, descifrable solo entre madre e hija, amigos o gente enamorada. El corto de Kultys nos recuerda que los lenguajes “universales” carecen de esa magia, e incita a crear poéticas y conversaciones humanas en oposición a la literalidad. Probablemente, en ese afán, hallaremos un destello igual a los ojos amarillos de un gato a medianoche.

La niña que hablaba gato puede verse en Vimeo.

Sabina Orozco (Oaxaca, 1993). Estudió Letras Hispánicas en la UAM. Ha publicado textos críticos y de ficción en medios como Este País, Tierra Adentro, Milenio y Punto de Partida. Fue becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa.

 

 

 

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