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Violencia

Sostener la mirada

Por Sabina Orozco

2 may 2020

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Siria. La búsqueda en Google arroja cerca de 239,000,000 de resultados. La mayoría son artículos de diarios internacionales o de la UNESCO. Las entradas repiten “conflicto”, “refugiados”, “amenaza”, “bombardeo”. ¿Cómo hacer que esos términos revelen su verdadero peso? El documental dirigido por Waad al-Kateab y Edward Watts desdobla y materializa esas palabras. Para Sama registra seis meses del 2016 en que Alepo fue sitiada por las fuerzas de Bashar al-Ásad. En ese entonces, la directora del filme y su esposo se encontraban en un hospital independiente destinado a atender a los opositores del régimen y a sus familias. Los gritos y las detonaciones subrayan que el idioma del miedo es universal. Sin embargo, la cinta también reproduce las risas de una pequeña boda, el llanto de un bebé que logra sobrevivir, el canto entre amigos una noche de incertidumbre. Los ruidos vitales responden al estruendo de la amenaza.

Cuando oigo los aviones rusos en el cielo el sonido me llega muy adentro. Sí, temo morir. Pero lo que más me asusta es perderte. Sama: hice este filme para ti. Necesito que comprendas por qué tu padre y yo tomamos las decisiones que tomamos, por qué luchamos”,

Oímos la voz de la directora al tiempo que su hija duerme en la cama. Para Sama es una carta de amor enunciada desde la violencia. Trasciende fechas de entrega y códigos postales, es un llamado a vivir bajo principios humanos.

Hay pocas situaciones tan intrigantes como verse a uno mismo en una fotografía de hace años. Es posible recordar la fecha, el lugar, la edad; incluso, la persona que nos enfocaba. Si seguimos observando, la búsqueda de datos espaciotemporales será sustituida por otra indagación. Nos preguntaremos por lo que creíamos y temíamos, por las cosas y personas que amábamos. Mirar a los ojos a alguien más puede resultar incómodo; sostener nuestra propia mirada es un acto de ingenuidad o de audacia. En el caso de Waad al-Kateab ocurre lo segundo. “Esa soy yo hace diez años”, habla al inicio de Para Sama. Observamos la fotografía de una joven con una incipiente sonrisa, aretes largos y blusa floreada. Decir “Esa soy yo” escapa del tono afirmativo, sirve de punto de referencia para las próximas escenas en las que la directora se confronta a su propia imagen, cámara en mano. En el primer tercio de la película, Waad al-Kateab se filma frente al espejo de un auto, de habitaciones, del baño o de un elevador. El mismo gesto lo realiza camino a una manifestación en contra Bashar al-Ásad, después de presenciar la muerte de un hombre, al instalarse en la casa donde vive por primera vez con su esposo, luego de descubrir que está embarazada, minutos previos a un ataque del régimen u horas antes de dar a luz. Filmarse en esas circunstancias corresponde a fijar la naturaleza mutable de la identidad. Lo único que no cambia es su empeño en sostener la mirada (o el lente) hacia los demás, hacia sí misma y hacia la guerra.

Uno de los contrastes más interesantes del documental refiere a la jerarquización de visiones. La película se narra desde el punto de vista de Waad al-Kateab, perteneciente a la comunidad rebelde. Esta se encuentra condenada a habitar el mundo “de abajo” en oposición a las alturas ocupadas por las fuerzas del régimen. Abajo se vive un ambiente de incertidumbre en cuanto a las ofensivas aéreas, los niños toman clase en los sótanos y en esos mismos espacios se resguarda la gente del hospital durante los bombardeos.

Quienes atacan se mueven en el aire, observan desde arriba gozando una visión cercana a la omnipresencia. En cambio, las tomas que Waad al-Kateab realiza usando un dron no tienen un afán vigilante sino la cualidad de resumir, mes con mes, la devastación del territorio sitiado. Verse desde lo alto constituye una suerte de autorretrato, de radiografía colectiva. En los últimos minutos, el plano cenital que se presenta carece de un matiz bélico. Por el contrario, ofrece un dejo de esperanza en medio de las ruinas. En árabe, “Sama” significa “cielo” y también es el nombre de la hija de la directora. Para Sama revela el deseo de alzar la mirada sin peligro, de que la muerte pare de anunciarse desde las alturas.

Sabina Orozco (Oaxaca, 1993). Estudió Letras Hispánicas en la UAM. Ha publicado textos críticos y de ficción en medios como Este PaísTierra AdentroMilenio y Punto de Partida. Fue becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa.

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