Desapariciones

No sucumbió la eternidad: la palabra contra la ausencia

Por Magaly Olivera

4 jun 2021

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“La caída de los seres queridos engendra miedo y vacío. Cada nueva ausencia es un nuevo reto, cada nuevo vacío es una nueva pregunta, y cada pregunta una nueva invitación para reflexionar sobre el miedo y el vacío. La ausencia es uno de los grandes temas de la vida”.

El escritor mexicano Arnoldo Kraus ha trabajado de manera recurrente sobre lo que la ausencia de un ser querido provoca en los hogares. Su experiencia parte de los años que lleva practicando como doctor, pero hay algo que escapa a su reflexión por su tipo de acercamiento al tema. Y es que cuando la ausencia es provocada por la desaparición forzada del ser querido, ese miedo se convierte en fuerza y esas preguntas en motores para encontrar la verdad.

Esto sucede en la vida de Alicia, cuya madre fue desaparecida por el Estado mexicano durante la Guerra Sucia en México, en 1978. Por supuesto que las dudas sobre por qué sucedió esto conviven con su rutina desde que era niña, pero con el paso de los años, dejaron de ser un sufrimiento para volverse una invitación para cuestionar la historia oficial que se fomenta en México y que sirve para ocultar algunos hechos. En la manera en que ella comparte lo que fue crecer sin su madre podemos ver que la ausencia la convirtió en una mujer crítica, dispuesta a compartir con todos (empezando por sus alumnos) la importancia de analizar la historia del país con una mirada profunda, que pueda contemplar los factores que han convertido a la violencia en un problema sistemático que involucra a muchas instancias gubernamentales y a grupos de personas de distintos estratos sociales.

De manera paralela, en la historia de Liliana —cuyo esposo fue desaparecido por el crimen organizado en 2010— las dudas se han transformado en una necesidad de explicar lo sucedido mediante anécdotas, manteniendo vivo el recuerdo de su ser querido con fotografías, historias y un impresionante nivel de honestidad. Después de todo, bien sabemos que nombrar es hacer vivir. Para ella, hablar con su hijo acerca de su padre, que no pudo conocer porque fue desaparecido mientras ella estaba embarazada, es una manera de resistir a la ausencia, de devolver la vida que arrebataron de su familia.

La narrativa de ambas mujeres es presentada en el documental No sucumbió la eternidad (2017), de la periodista Daniela Rea. Una película que retrata el valor de la palabra, las dudas y sus respuestas, frente a una desaparición forzada en México. Luego de enfrentar la ausencia de sus familiares, Liliana y Alicia se han convertido en valientes defensoras del valor de la verdad. Sus testimonios nos invitan a reflexionar sobre nuestra labor al hablar del tema de la desaparición forzada. ¿Por qué nos faltan tantos? ¿Quiénes dictan las órdenes, quiénes las llevan a cabo y por qué? ¿Dónde están nuestros desaparecidos?

Desde hace tiempo, el trabajo como periodista de Daniela Rea, que en No sucumbió la eternidad se estrena como directora, tiende a interesarse por este descubrimiento de los verdaderos motivos y formas detrás de la desaparición y el asesinato de los ciudadanos. Su labor trasciende la inocencia con que a veces nos aproximamos al tema del narcotráfico, por ejemplo, y brinda una visión compleja de las formas de operar del Estado, junto con sus cómplices criminales, que devienen en efectos fatales para la sociedad mexicana.

Preguntarse sobre los mecanismos y las causas del crimen en México ha hecho de sus investigaciones una oportunidad para conocer una versión menos “oficial” de los problemas nacionales, para presentarnos una narrativa real. En No sucumbió la eternidad se desmiente, por ejemplo, la concepción errónea de que quienes son desaparecidos estaban involucrados de una u otra manera en el narco o que “andaban en malos pasos”. Además, ayuda a erradicar el tabú que existe al nombrar a nuestros desaparecidos. Al estilo del movimiento en contra de la brutalidad policiaca y la consigna del “Say Her Name”, en México también debemos obligarnos a nombrar a nuestros desaparecidos, a mirar sus fotografías, a volverlos parte de nuestro presente. El ejemplo de Liliana y Alicia es el de dos mujeres que perdieron todo el miedo y que, ante la ausencia, no dejaron de nombrar.

 

Magaly Olivera es editora y crítica cinematográfica. Ha editado en festivales como Ambulante, DocsMX, Cinema Queer México y FECIBA, y publicado en diversos medios que incluyen Icónica, Correspondencias, Cinegarage, Tierra Adentro, Punto de Partida y El Economista, entre otros. También colabora en publicaciones del Festival Internacional de Cine de Los Cabos, FICUNAM y la Cineteca Nacional.

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