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Niñez

La tecnología frente a la identidad y la imaginación

Diálogo entre Natalia Durand y Horacio Warpola en torno a Usuarios y Toda luz, en todas partes

Por Natalia Durand, Horacio Warpola

6 dic 2021

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*Este texto se publicó originalmente en La Revista Ambulante 2021, de libre descarga aquí.

Horacio Warpola: Tanto Toda luz, en todas partes como Usuarios se dirigen a la cuestión especulativa por nuestra identidad, de la mano de procesos tecnológicos, físicos, emocionales y aparentemente evolutivos, que resultan en una mera transición generacional con nuevas herramientas. 

Por ejemplo, en Toda luz, en todas partes se evidencia el proceso mediante el cual la fotografía y la luz pasan de servir para captar imágenes a convertirse en herramientas para controlar la identidad y volverse un arma, como son las bodycam de los policías en Estados Unidos. Con la película pensé en el protocyborg, en cómo las tecnologías más avanzadas se emplean en formas de control y manejo de identidades, sometiéndonos, y esta es solo la punta del iceberg. Incluso en Usuarios queda este mensaje: nosotros crecemos con los dispositivos y ellos crecen con nosotros. 

Natalia Durand: Sobre lo que mencionas en torno a Toda luz, en todas partes, cabe mencionar que el recorrido histórico también muestra que, desde un inicio, la tecnología como forma de vigilancia suele marginar aquello que es distinto, que no atiende a los regímenes de lo aceptable. Me invita a pensar en si la tecnología nos va a superar como humanidad, porque parece que es algo escindido, que tiene su vida propia. Sin embargo, al pensar en el recorrido histórico, también me pregunto por los fundamentos, ¿qué formas de intercambios, de relaciones con el mundo, sostienen esa forma de tecnología? ¿Qué afectos y comprensiones sobre lo humano? ¿A ti te llevó a esos lugares? 

HW: Totalmente. Y en Toda luz, en todas partes, cuando se discuten las herramientas de vigilancia para la comunidad, vemos que la gente reacciona de forma muy despierta. Esto tiene mucho que ver con lo que dices, Natalia, sobre qué tan dispuestos estamos emocionalmente a que nos graben todo el tiempo, a que exista registro de todos nuestros datos biométricos… aunque parece ser un futuro inevitable. 

ND: Es una discusión compleja. Antes de llegar a lo inevitable, preguntaría, ¿cómo opera ese deseo que anhela ser vigilado todo el tiempo? Porque en el documental también hay quienes sí quieren que esto suceda, que no ven los discursos de poder, sino que genuinamente quieren ser vistos todo el tiempo y no solo eso, sino controlados, porque la vigilancia es control. Inevitable no sé, pero al menos en la película se siente un tono de esperanza al presentar una especie de contrapeso con los estudiantes de cine, quienes, pese a los avances de la tecnología que llegan a ser peligrosos, siguen existiendo, como recordando que se mantienen presentes otras formas de ver. 

HW: Eso sí, en Toda luz, en todas partes existe una especie de metadocumental, incluyendo ese final que mencionas. Más que solo hablar de control, también se reflexiona sobre las cámaras y la belleza que existe en esta máquina. Aunque las cámaras se usen como forma de control, también hacen cine, toman fotos, ven el espacio, y eso es muy bello. De igual forma, en el futuro probablemente las cámaras no solo captarán la realidad, sino que también seguirán más al servicio de la vigilancia y no solo en las calles, sino que la gente las querrá dentro de su casa, pagadas por ellos mismos. 

ND: Eso es similar al enfoque de Usuarios, en donde una madre se pregunta por el futuro de sus hijos en un mundo asociado con la máquina, generando una preocupación por la sensibilidad que se está terminando, que está limitando la capacidad de los cuerpos. Ahí se activa una conversación sobre la moral y la tecnología como un problema ante el cual nuestro cuerpo ya no sabe qué hacer. ¿Tú qué piensas?

HW: También lo noté. Usuarios es un documental visualmente muy bello, contemplativo, que nos lleva a esa reflexión que mencionas sobre nuestros cuerpos y quiénes somos, sobre cómo nos desarrollamos en torno a todos estos dispositivos y aparatos. Sin embargo, aunque nos estamos alejando de nuestros cuerpos, y es un hecho que las maternidades y paternidades van a cambiar, así como nuestra forma de crecer y pensar, ahora con una estrecha relación con la tecnología, creo que los dispositivos terminarán por integrarse a nosotros, por ser parte de nuestros cuerpos. Por ejemplo, cuando se termina la batería de nuestro celular, solemos decir “se me acabó la pila”, como si habláramos de nosotros mismos. No creo que esto sea fatalista, sino que estaremos más estrechos con nuestro físico que nunca, porque si vamos a involucrarnos con la tecnología, será mediante la consciencia de nuestro cuerpo. No creo que afecte nuestra forma de amar ni de relacionarnos. Lo que sí es que debemos hacer un equilibrio entre la tecnología y las cuestiones ambientales, porque el avance de estas herramientas no va a parar y tenemos que entender que la solución no es irse y desconectar todo, sino estar conscientes de cómo podemos reconciliarnos con el mundo, mientras que seguimos viendo nuestras pantallas. 

ND: Ahí sí nos encontramos ante lo inevitable: una nueva forma de aprehensión. Que realmente no es tan nueva. Por ejemplo, en Toda luz, en todas partes se nota que en la historia han pasado muchos años con la tecnología funcionando de igual manera, pero habría que distanciarnos de lo inevitable como un destino inexorable donde se va a terminar lo humano, lugar al que solemos recurrir; pero no, hay que pensarlo fuera de una dimensión moral y verlo más como una transición, como tú dices. Ver el movimiento con un sentido más vital, con una plurivalencia en cada acontecimiento y no reducir la tecnología exclusivamente a un final, sino reconocer que en el movimiento caben muchas cosas. Me parece relevante mencionarlo porque muchas veces, ver la tecnología en un solo sentido es darle el poder a la gente de forma vertical, cuando en realidad si todo se está moviendo, también nosotros y nuestros deseos, y así tenemos la capacidad de saber cómo habitar la tecnología. Sobre todo, mediante la imaginación. La imaginación es muy política en ese sentido pues nos permite ver cómo utilizar la tecnología de maneras propositivas y no caer en determinismos morales. 

HW: La imaginación siempre lo salva todo. Desde que existen los seres humanos, y los seres que existan en el futuro, la imaginación ha sido fundamental para pensar en las nuevas generaciones. Existe esperanza en la manera en que los más jóvenes se van a relacionar con los dispositivos, con las redes, ya que nacen con una vida digital integrada, donde ya los fotografiaron 100 veces en las primeras dos horas de nacidos. Tal vez ahí podrá difuminarse la preocupación que se ve en Usuarios durante el siguiente siglo, si tenemos suerte. 

Finalmente, los dos estándares de los dos documentales son preguntarnos qué vamos a hacer para defendernos, para cuidarnos de las posibilidades de la vigilancia, del control de identidad y de cómo las futuras generaciones estarán utilizando estas tecnologías, de cómo van a participar en estos cambios mediante leyes, amparos y cuidados en comunidad, ya que no le importamos ni a las industrias ni al sistema capitalista rampante. Por eso, siendo yo un entusiasta de la tecnología, también estoy consciente de que no podemos dejarla avanzar como si nada, porque se vienen épocas de pocas libertades en espacios públicos y privados, y nos corresponde estar atentos a las necesidades colectivas, a rechazar lo que no queremos y a relacionarnos con nuestros dispositivos de manera en que seamos libres. La libertad en el uso de la tecnología es fundamental. Todavía podemos cambiar de compañía de teléfono, cambiar de software de internet para descargar ciertas cosas, cerrar nuestras redes sociales y cambiar nuestras cuentas. 

ND: Recordemos que la tecnología, además, no solo recae en nosotros, sino que está en un espacio común, un espacio de disputa, sometido a una crítica constante. Por eso también hay que cuidar la sensibilidad y ejercerla en el sentido más político de la palabra. Debemos repensar nuestros cuerpos como un espacio que no está dado de antemano, sino que debemos regresar a las identidades y pensar en lo singular y el espacio abierto, en la relación con los dispositivos para no desarticular la relación afectiva. Por eso estos documentales importan, porque tienen el potencial de abrir otros canales y de hacer pensar, ver y sentir de otras maneras. Los espacios de creación guardan esta capacidad de ampliar los temas cuando parece que ya todo está perdido, de señalar otros caminos cuando pensamos que no hay salida, y esto siempre será importante.

 

Natalia Durand estudió Comunicación y Filosofía en la UNAM. Fue ganadora del 9º Concurso “Fósforo” de Crítica Cinematográfica. Ha colaborado en medios como Tierra Adentro y Correspondencias; y en festivales de cine como FICUNAM, Ambulante y Black Canvas. Actualmente da clases en Arte 7. Busca encuentros entre micropolítica, cine y literatura.

Horacio Warpola es autor de varios libros de poesía. Colabora y trabaja en proyectos de literatura electrónica, arte digital y arte contemporáneo, mantiene en Twitter el bot literario @Poesía_es_bot y tiene un programa semanal en Radio Nopal. Ha sido becario del PECDA y el FONCA.

 

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